Niños víctimas pueden recuperarse sicológicamente

Un estudio aplicado a menores que sufrieron en medio del conflicto palestino israelí  muestra que el 90 por ciento salieron adelante sin ayuda profesional. La clave es alejarlos de la zona de conflicto.

11 de octubre de 2014 

Todos los días queda claro que los niños son quienes más sufren por los conflictos armados en el mundo. Así lo demuestran las imágenes de menores reclutados, heridos y desplazados en países como Colombia, Palestina o Irak.

La guerra los aleja de sus hogares, les quita la inocencia y, como en un círculo vicioso, los deja sin oportunidades para salir adelante.

Sólo en Colombia, según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica, más de tres millones de niños fueron afectados por el conflicto entre 1985 y 2012. Muchos han sido desplazados, algunos han perdido sus piernas por culpa de minas antipersonal, y otros, incluso, han sido desaparecidos de manera forzada. 

Pero a pesar de la dura realidad que los menores enfrentan diariamente, un estudio de Nira Kaplansky les da una luz de esperanza.

Según la investigadora israelí experta en traumas infantiles, que estuvo presentando sus investigaciones el mes pasado en la Universidad de la Sabana, los niños víctimas podrían recuperarse sicológicamente sin necesidad de recibir ayuda profesional si se les brinda el apoyo adecuado desde sus hogares y entornos.

Según su trabajo de campo, realizado en medio del conflicto entre Israel y Palestina, el 90 por ciento de los niños se recuperaron y sólo el 10 por ciento quedaron con síntomas que requirieron una intervención profesional.

Todo parte de la premisa de que los niños están en la capacidad de reprimir más rápido que los adultos la presencia de traumas o miedos. Por eso, la clave para su recuperación está en que la situación de conflicto que los afecta se haya resuelto. Si no es así, la afectación tiende a complicarse.

“Si el conflicto persiste, es recomendable que los menores se alejen de la zona de peligro hasta la finalización de las hostilidades. Esto no siempre es posible, pero es lo ideal por su salud mental”, afirma Kaplansky.

Consecuencias nefastas

Los efectos del conflicto armado y la violencia en los niños, según Kaplansky, pueden ser miedo a la soledad, susto por ruidos repentinos, incontinencia urinaria, llanto sin control, insomnio, falta de apetito y retroceso en el proceso de aprendizaje.

Esta situación puede empeorar si los padres también quedan con traumas sicológicos o se muestran impotentes frente a las amenazas.

“Ellos sienten que sus padres son “todopoderosos” durante su infancia, es una necesidad emocional, más aun en tiempos de amenaza externa. Si descubren antes de tiempo que sus acudientes no pueden proveerles seguridad física y si son testigos de su repentina vulnerabilidad, su confianza se quiebra”, explica la investigadora 

Para ella, las solucionen pasan por medidas del Estado y programas para intervenir en las aulas.         

Los profesores pueden implementar diálogos reflexivos sobre lo que les pasó a los niños usando técnicas para procesar sus vivencias. Un ejercicio en el que deben integrar a los padres de familia.

Para el Estado, por su parte, Kaplansky propone estrategias para apoyar económicamente a la familia del menor, brindar servicios de salud, y capacitar a los profesores para enfrentar las secuelas que produce el estrés.