Esto fue lo que más impactó a Catalina Escobar y a Mónica Fonseca

Reconciliación Colombia habló con las dos mujeres del cuarto capítulo de Misión Impacto que pone en evidencia cómo el embarazo de niñas de menos de 15 años de edad perpetúa los ciclos de pobreza de ellas y de sus entornos.

19 de octubre de 2014
Foto: Reconciliación Colombia

Hay un tema del que poco se habla cuando se hace referencia a la transformación del país: la relación entre embarazos de adolescentes y la perpetuación de los ciclos de pobreza. Por eso, Catalina Escobar, quien dirige la fundación Juan Felipe Gómez Escobar -fundación Juanfe-, es enfática en señalar que la sociedad colombiana debe atender y enfrentar los embarazos precoces y el abuso de las niñas.

Lo basa en cifras contundentes: entre el 20 y 45 por ciento de las niñas embarazadas no culminan sus estudios; una de cada cinco adolescentes colombianas es madre; por lo que el 20 por ciento de las mujeres que dan a luz en Colombia son adolescentes; cuando una niña ha estudiado por más de 7 años, ella se casará 4 años después y tendrá 2.2 hijos menos; un año adicional de educación secundaria aumentará las posibilidades de los ingresos futuros de las niñas entre un 15 y un 25 por ciento.

"Si realmente queremos una paz verdadera, tenemos que comenzar por lo verdaderamente importante: que no haya más embarazos de adolescentes y que no haya más niñas abusadas. Solo así habrá desarrollo social sostenible", dice Escobar, quien conoce a Mónica Fonseca, presentadora y modelo, desde ya hace varios años y tuvieron un feliz reencuentro en el capítulo de Misión Impacto, cuyo formato lleva a una 'celebridad' a enfrentar una dura realidad que es transformada por un emprendedor social.

Reconciliación Colombia, que apoya el formato creado por la Organización Sin Límites y llevado a pantalla por RCN TV, buscó a las dos protagonistas para que hablaran de su experiencia.

Vea el capítulo de anoche de Misión Impacto

La Fundación ha logrado transformar la realidad de cientos de niñas que viven en condición de pobreza en los barrios periféricos de Cartagena, donde ejercita su trabajo la Fundación, con recursos del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y del gobierno Belga.

"Además de fortalecer mi ser, pude terminar el bachillerato, pues lo había abandonado en décimo, tras quedar embarazada. Ahora estudio los lunes, miércoles y jueves en la Fundación para ser esteticista", dice Narymys Giraldo Lidueñas, una de las decenas de niñas del barrio Escallovilla, que logró salir de la pobreza y marginalidad, siendo madre soltera.

Narymys se recuerda como una niña tímida e insegura que tras recibir apoyo sicológico y cursos de manualidades, administración e informática, hoy, luego de tres años y medio de estar vinculada como beneficiaria de la Fundación, es una joven de 18 años más abierta y orgullosa de sí misma. "El mío y el de mis compañeras ha sido un cambio drástico. Ya nos arreglamos para vernos lindas. Pues nos sentíamos feas; sentíamos que no valíamos. Ahora hemos desarrollado la habilidad de diálogos asertivos y eso hace que ganemos el respeto de nuestros compañeros y los demás", comenta Narymys.

Este es el diálogo de Reconciliación Colombia con Catalina y con Mónica en simultánea:

Catalina, ¿dónde geográficamente se situaron en Misión Impacto?

Fuimos a La Puntilla, una calle que refleja la tremenda soledad y el abandono en el que se encuentra la gran mayoría de los niños colombianos cuando son pobres.

Mónica, ¿qué viste tú?

Qué no vi. Vi pobreza; vi una Ciénaga absolutamente contaminada y, por lo tanto, unos niños que saltan a esa Ciénaga y nadan ahí, que comen cerca de esa Ciénaga; vi pocos papás responsables de sus hijos; niñas de 8 y de 9 años que ya han sido abusadas. Fue muy fuerte. Ese lapso que estuvimos en este primer barrio fue muy duro. 

Catalina, ¿y ahí está presente la Fundación?

Esta presente donde nadie más está presente, donde no hay Estado, donde no entra la Policía y cuando lo hace es para ver si hay un muerto. Ahí trabajamos nosotros: donde lo imposible, puede ser posible. Ahí esta presente la Juanfe. Precisamente, en los grandes vacíos de la sociedad. 

Catalina, ¿cuántas niñas pueden ser en esa situación en el que Ustedes las vieron?

El 68 por ciento de la sociedad de Cartagena está por debajo de la línea de la pobreza y, de estos, el 29 por ciento en la pobreza total. Los números son muy obvios: en Cartagena 5.000 niñas quedan embarazadas al año por primera vez. Esto sin contar con las que quedan embarazadas por segunda vez. Esto es una pandemia y tenemos que hacer algo frente a esto. El 50 por ciento de la población colombiana es mujer. 

Mónica, ¿cómo fue ese contraste entre ambas Cartagenas?

Yo había disfrutado de la otra cara de Cartagena, pero también disfruto de la Cartagena que pocos conocen. Disfruto de su gente alegre, pero sufro muchísimo con lo que les pasa. No es que ahorita lo descubrí. Desde hace muchos años lo conozco. La gran diferencia acá es que tú no entras hasta esos lugares, si no es de la mano de la Fundación. Y la Policía solo entra en ciertas circunstancias. Detrás de esto hay una situación de dolor de muchísimas niñas, pero también en esas calles encuentras niñas que son parte de la Fundación, graduadas con ayuda de la Fundación, que viven alrededor de esas otras chiquitas que se enfrentan a estos conflictos y que están siendo ejemplo, y, si quisiéramos utilizar un vocablo tecnológico, están viralizando los efectos de la Fundación. Porque en medio del dolor hay una lucitas de la Juanfe y eso es muy bonito....

Catalina, en esta situación, ¿puede haber alguna cosa que no deja de causarte sorpresa?

Sabes una cosa con la que nunca me voy a dejar de sorprender en mi trabajo es cuando vemos lo que para mucha gente, a miles de kilómetros de la Cartagena que conocemos, valen las basuras, incluidos los excrementos humanos. Esos son los cimientos donde viven, donde levantan sus casas. Lo que es la basura de la humanidad, para ellos es oro en polvo. Lo que la Juanfe hace es trabajar con esta realidad y durante dos y tres años vuelve a las personitas de este lugar niñas empoderadas, que ya no son víctimas, sino seres activos en una sociedad en progreso. Son niñas que no se vuelven a dejar abusar, que generan ingresos permanentes y recurrentes. Es más, ellas mismas sacan a sus mamás de la situación de pobreza extrema. Ellas se vuelven unas transformadoras sociales impresionantes. 

Catalina, ¿cómo fue que te ganaste el corazón de ese lugar?

Lo más importante de esto es la humildad. Porque si tú llegas con ínfulas de que te las sabes todas, es el primer gran totazo. Cuando tú aprendes a que ellos viven felices con tan poco. Ellos aprecian cada pedazo de comida nutritiva que se meten a la boca. Tú comienzas a valorar que lo que tú tienes es un milagro. Es eso. Yo vivo en eso. Vivo de abrazos permanentes. La gente necesita mucho del afecto. Cuando tú das afecto, recibes eso también.

Mónica, ¿ y a ti que fue lo que más te sorprendió?

Me sorprende cómo de una situación de miseria, donde también sonríen en medio de los problemas y de los conflictos, logran salir adelante agarradas de la ventana que tú le abras, así sea pequeñísima, así sea chiquitica, pero le das una oportunidad a estas niñas valientes y guerreras y son capaces de salir adelante.

Mónica, ¿cómo fue tu encuentro con ellas?, ¿qué te decían ellas?

Son muy amorosas. Ellas son niñas. Lo que más me gusta de ellas es que a pesar de los abusos en todo sentido, siguen siendo niñas. Entonces, es muy bonito sentir que tú hablas con mujeres a las que las atropelló la vida, y en su proceso con la Fundación, vuelven a recobrar ese sentido de ser niñas. 

Catalina, ¿qué porcentaje de niñas que atiende la Fundación logra salir adelante?

76 por ciento. Para nosotros decir que rompemos los índices de pobreza nos sostenemos en dos índices: el primero, educación sexual y reproductiva. No me pueden volver a quedar embarazadas. Hay un estudio que dice que si una niña es pobre y queda embarazada su posibilidad de ser socialmente productiva en un futuro es muy limitada. Les digo que las posibilidades que queden embarazadas por segunda vez es CERO. A esto le hacemos énfasis total. Hay unos casos de segundos embarazos en la Fundación, pero son muy, muy pocos. Porque les digo si hay segundos embarazos, no vuelven.

Y segundo: una niña que tiene ingresos permanentes, recurrentes, genera independencia. Cuando una mujer es independiente, no hay nada más poderoso. Es una mujer que exige respeto. Es una mujer que le puede decir a su marido: si usted llega ebrio, y la que produce en la casa soy yo, se puede ir.

Es decir, transformamos. Y el 76 por ciento de las niñas de la Fundación estudian y trabajan.

Mónica, ¿cómo unes lo que viviste en Cartagena y la construcción de país?

Catalina tiene un modelo. Es así de claro: hay un modelo autóctono de este país que corrige el problema. Y está montado sobre una evidencia. Si inviertes en las niñas, el país se desarrolla más rápidamente. Es tan sencillo como eso. Se necesita de un gobierno que aplique esta metodología de Catalina.

Catalina, ¿cuál es la evidencia sobre la que está construida el modelo?

Yo soy administradora y economista, luego tengo que ser muy seria en datos y constataciones. Cuando tú vas a Congresos internacionales solo se hablan de dos cosas: el medio ambiente, la sostenibilidad del planeta, y, dos, mujeres y niñas. La evidencia dice que si yo quiero ir rápido en desarrollo debo invertir en todo, pero específicamente más en educación y en niñas. Hay otra evidencia que dice que el 90 por ciento de los ingresos de una mujer, ella lo invierte en su familia y en su comunidad. La evidencia dice que si una niña se queda un grado más en educación secundaria esto le implica un 25 por ciento más en sus ingresos futuros. Este modelo rompe porque pone el foco en lo verdaderamente importante.

Catalina, ¿te le medirías al reto?

Si a mí me dicen que haga un presupuesto para acabar este problema, en diez años se lo acabo. Yo pongo a la Juanfe en las ciudades más grandes y yo le acabo el problema, pues el embarazo es el factor que más perpetua la pobreza en Colombia. Si yo llego a frenar esto no solo vamos a frenar el gastos público, pues es así en atención, partos, cesáreas, y niños levantados en las basuras. Por un dólar invertido en mi modelo, cuánto nos ahorramos! Y no solo el ahorro. Serán niñas generando ingresos. Eso indudablemente aumenta el producto interno bruto local y regional. 

Mónica, ¿algo más para decir?

Que es ganancia por lado y lado.