Los hacedores de puentes

Esta es la historia de Carlos Andrés Barrera y Maria Consuelo Sandoval, dos colombianos que desde hace trece años construyen puentes en los lugares más apartados del país. Ellos fueron protagonistas de un nuevo capítulo de Misión Impacto.

26 de octubre de 2014
Foto: Misión Impacto

Todo comenzó con una avalancha. Corría el año de 1994 y luego de un temblor, el río Paez se desbordó en su recorrido por el departamento del Cauca y con una fuerza inusitada, destruyó cientos de casas que habitaban comunidades indígenas de la zona.

En esa época Carlos Andrés Barrera era socorrista de la Cruz Roja y tuvo que viajar hasta el Cañón del río Paez para coordinar las operaciones de rescate en la zona de la tragedia. 

Allá conoció a Tony Ruttimann, un ciudadano suizo que dedica su vida a hacer puentes en los lugares en donde se presentan tragedias naturales. Motivado por las noticias sobre la avalancha, Ruttimann viajó desde Ecuador a Colombia con su equipo y su logística. 

Acá se reunió con las comunidades y comenzó a construir puentes peatonales en la zona de la avalancha. Los puentes eran modulares: se llevaban por partes al lugar de la construcción y se armaban poco a poco con la ayuda de la comunidad. 

El sistema era tan eficiente que en un corto periodo de tiempo, el suizo alcanzó a construir 10 puentes sobre el río Paez. 

Cuando Ruttimann decidió que era el momento de partir a otro lugar del mundo, Carlos y Maria Consuelo Sandoval, su esposa, le pidieron que les enseñara su metodología, para replicar su trabajo.

Aunque esceptico, pues otras personas ya le habían pedido replicar la metodología en otros países y nunca habían logrado hacerlo, el suizo aceptó la propuesta y comenzó a cruzarse correos con la pareja colombiana, que estaba decidida a meterse en el tema.

Así comenzó el trabajo de Carlos y Maria Consuelo, quienes empezaron a construir puentes en los lugares más apartados del país.

Vea el capítulo de anoche de Misión Impacto. 

Puentes de la esperanza

“Este era un hobbie. Los fines de semana era que arrancabamos a hacer puentes, pero entre semana estabamos los dos trabajando en una oficina en Bogotá, como cualquier persona”, cuenta Carlos. 

Los primeros puentes los hicieron con las uñas. Usaban materiales que les sobraban a las comunidades y a las empresas de la zona, tenían el apoyo económico de Ruttimann y sacaban recursos de sus propios bolsillos. Así hicieron siete puentes en Cauca, Boyacá y Cundinamarca. 

Pero ese fue sólo el comienzo. Cuando empezaron a pedirle ayuda a las empresas privadas, estas les pedían una personería jurídica para donarles tubos y cables de acero. “Nos vimos forzados a constituir una fundación. No queríamos serlo, pero nos tocó. Así nacio ‘Puentes de la Esperanza’ en 2001”, cuenta Maria Consuelo.

Con personería jurídica abordo, los puentes empezaron a multiplicarse. Pero también los problemas. A mediados de la primera década de los años 2000, el conflicto armado en Colombia se recrudeció. Los actores armados empezaron a preguntarse de dónde sacaban los recursos para hacer los puentes, y el ritmo se ralentizo. 

La situación empeoro en el año 2006, cuando Carlos tuvo un accidente de paracaidismo deportivo y quedó al borde de la cuadraplegia  en la cama de un hospital. 

“Allí me pregunte por lo qué estaba haciendo en mí vida, y pensaba en lo que haría si tenía la oportunidad de pararme de ese lugar”, recuerda. 

No sólo sobrevivió, sino que salió caminando del hospital. Decididos a seguir adelante con la construcción de puentes,  ambos renunciaron a sus trabajos y entraron de lleno a trabajar con la fundación. 

Lo que el invierno se llevó 

En el año 2010, Colombia vivió una de las peores temporadas invernales de su historia. El nivel de las lluvias creció y muchas regiones del país se inundaron. 

Carlos y Maria Consuelo tocaron las puertas del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres y se ofrecieron para construir los puentes en las comunidades afectadas por el invierno. A la entidad le sonó la idea y, timidamente, comenzó a apoyarlos materiales, y ellos aportaban diseños, cálculos y coordinación de todos los montajes con mano de obra comunitaria.

“Al principio no le daban la credibilidad a la fundación, sino a Carlos como persona natural. Y cuando vieron que la cosa funcionó y debía multiplicarse, hicieron un convenio con ‘Puentes de la Esperanza’ para construir los puentes en las zonas en donde se presentaran tragedias naturales”, recuerda Maria Consuelo.

Desde entonces, cada que hay una tragedia natural en Colombia en la cual se caen puentes, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo dispone materiales y apoyo logistico
a ‘Puentes de la Esperanza’, para que lleguen al lugar y reconstruyan el puente con la comunidad.

Pero a la par de ese trabajo, ellos recorren el país para construir puentes en lugares en los que las comunidades rurales los necesitan, aunque nunca los hayan tenido. En esos casos, deben recurrir a las entidades privadas para conseguir materiales y disponer la logística que las comunidades requieren en la construcción de sus propios puentes.

“Hay un universo de puentes esperando y ahí es donde nosotros estamos tratando de ayudar y de reunir esfuerzos. No ha sido fácil”, cuenta Carlos. 

Haciendo un puente

El proceso para hacer un puente ya está tan establecido, que hay momentos en los que la fundación hace varios de manera simultanea. En algun momento, incluso, han construido ocho simultaneamente.

Todo comienza con una petición de la comunidad. A través de la página web (http://puentesdelaesperanza.org/) o de los teléfonos, la gente se comunica con ellos y les pide que les ayuden a construir un puente. 

La comunidad tiene que llenar un sencillo formato en el que especifican una serie de datos del entorno y población beneficiaria del puente.

Luego contactan a la comunidad, se reunen con ellos y los involucran en el proceso. Incluso, la gente del lugar queda con unas tareas específicas: tienen que abrir los huecos para la cimentación y conseguir la piedra para el concreto.  Ellos han aprendido que deben respetar  las contumbres, el ritmo y el estilo de cada población. 

“La comunidad es la que pone el ritmo. Cuando tienen esa tarea lista, nos llaman y nosotros vamos para hacer la cimentación”, cuenta Maria Consuelo. Mientras tanto, ellos buscan los recursos y pre-configuran el puente. Si  la solicitud es producto de una tragedia natural, lo financia el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres. Cuando no, deben gestionar los recursos con donaciones del sector privado y su red de colaboradores.

Cuando consiguen lo necesario, vuelven a la zona con estructuras prefabricadas a medida y los materiales para construir el puente de forma modular. Uno de los mayores retos en algunos lugares es el transporte de los materiales.

Un mes después de la cimentación, hacen una minga para montar el puente en conjunto con la comunidad. Todos colaboran.  Algunos pintan, otros montan el piso, algunos el decorado, y así poco a poco lo van armando por partes. 

De esa manera, llevan 69 puentes en 13 años de trabajo. 

Este domingo, Misión Impacto, el programa de RCN TV que muestra historias de personas que con pocos recursos y mucho ingenio solucionan los problemas de la comunidad, tuvo un capítulo en donde la actriz y modelo Paola Rey, viajó con Carlos y María Consuelo a Mogotes (Santander), para armar un puente en el Cañón del Chicamocha. 

Como ese, hay muchos. Incluso, ahora que salieron en televisión, la pareja busca que la gente colabore con donaciones, para armar entre Ubaque y Fomeque (Cundinamarca), un puente peatonal de 60 metros en tiempo record (ver todo sobre el reto).

Cualquiera puede ayudar, pues como dice Carlos, “somos dos colombianos conmovidos de ver como la situación de aislamiento que se presenta en el campo y con los campesinos del país, y queremos aportar para remediarlo”