Vuelve la ‘Siempreviva’, obra que cuenta el drama de los desaparecidos del Palacio de Justicia

La obra de teatro, estrenada en 1994, estará de nuevo hasta el próximo 8 de noviembre en la Casa del Teatro Nacional. Hasta ahora ha sido presentada más de mil veces y fue elegida por la Revista Semana como una de las cinco obras más importantes del teatro colombiano del siglo XX.

Octubre 29 de 2014
Foto: Teatro Nacional.


Su presentación coincide con el fallo que confirmó la condena contra el General (r) Jesús Armando Arias Cabrales a 35 años de prisión por las desapariciones registradas en la retoma del Palacio de Justicia.

En la decisión se confirma la desaparición de cinco personas, pero se cree que pudieron ser once en total. Varias de ellas, trabajadores de la cafetería del Palacio que fueron confundidos con guerrilleros por los militares que participaron en la retoma. Aún no existen pruebas suficientes para declarar oficialmente la desaparición de todas ellas.

La Siempreviva cuenta el drama de estas desapariciones (y de allí su nombre), pero la historia no está contada desde el lugar en donde ocurrieron los hechos, el Palacio de Justicia, sino desde la perspectiva de Lucía, dueña de un inquilinato y madre de Julieta, quien trabaja en la cafetería de Palacio para costearse su carrera de abogada.

Lucía y Julieta están inspiradas en víctimas reales de la toma: Cristina del Pilar Guarín, quien iba a entregar su puesto en la cafetería del Palacio el día del ataque guerrillero, y sus padres José Guarín y Elsa Cortes.

Cuando Miguel Torres, autor y director de la obra, los conoció, doña Elsa mantenía la habitación de Cristina de la misma manera en que ella la había dejado en la mañana del 6 de noviembre de 1985, cuando salió hacia su trabajo.

“Sobraban elementos para un drama. Otro autor habría situado su obra dentro del mismo Palacio. Tal vez en el despacho del presidente de la Corte quien, en medio de crecientes llamaradas y bajo la amenaza de un fusil guerrillero, clamaba desesperadamente por un cese al fuego. O en el estrecho baño del segundo piso donde docenas de empleados se apeñuscaban aterrados como en una ratonera mientras los cañonazos abrían grandes boquetes en el techo encima de sus cabezas. Pero Torres sorprendió con un escenario en apariencia mucho menos dramático: una vieja casa de inquilinato a unas cuadras de la Plaza de Bolívar”, escribió la revista Arcadia sobre la obra.

Más información en: http://teatronacional.co/site/detalleObra/72#.VFFnLfmG-So