El adiós de una gestora de reconciliación

Martha Henao, líder comunitaria y gestora de paz del Magdalena Centro, falleció esta mañana por causa de un cáncer que fue apagando poco a poco su vida. Reconciliación Colombia la recuerda con un perfil de su labor por la reconciliación.

31 de octubre de 2014

En sus últimos días, incluso cuando el cáncer ya estaba haciendo estragos en su cuerpo, Martha Henao seguía dispuesta, como en los últimos años de su vida, a trabajar por la reconciliación del país, muy consciente de que las armas solo dejan destrucción.

Cuando Reconciliación Colombia le propuso hace un mes que asistiera al colegio bogotano del Gimnasio Los Andes a contar su historia ante un grupo de estudiantes que querían escucharla, ella aceptó, y ni siquiera los reparos de algunos de los miembros de este equipo por el esfuerzo que tendría que hacer en esa jornada, por su estado de salud, la convencieron de declinar la invitación.

“¡No me lo puedo perder!... Esto es lo que me da fortaleza”, nos dijo ese día. Y lo repitió ante un grupo de jóvenes que escucharon su historia de vida. Allí les contó cómo se convirtió en víctima de la guerra, cómo por error entró a hacer parte de un grupo armado ilegal, habló de su desmovilización, y explicó su labor como gestora de reconciliación entre víctimas y victimarios.  

Esa charla, tal vez, fue una de sus últimas labores como gestora de paz (ver nota sobre el evento).

Y es que a ella nunca le gustó que le dijeran ‘desmovilizada’. “Yo no soy sólo una desmovilizada de las autodefensas, yo soy una gestora de paz”, repetía constantemente.

Y sí que lo era. Porque, como ella misma decía, aprovechó el proceso de reintegración e hizo las cosas como las tenía que hacer. E incluso fue más allá.

Había ingresado a las autodefensas de Puerto Boyacá (Boyacá) en 2004, luego de haber sido extorsionada y perseguida por los paramilitares que actuaban en La Dorada (Antioquia) –en esa época había varios grupos de autodefensas independientes lideradas por distintos patrones, que luego se unirían en las Autodefensas Unidas de Colombia–.

Allí duró dos años y aunque nunca cogió un arma, pues era la encargada de manejar los eventos sociales de las autodefensas, fue testigo de toda la violencia que se dio en la zona por parte del grupo al que pertenecía.

Por eso, cuando se dio la desmovilización colectiva en 2006, Martha fue una de las primeras en aprovechar esa nueva oportunidad que le brindaba la vida.

Estudió sicología en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) y al morir estaba haciendo una especialización en educación, cultura y política.

Cuando vio que los otros desmovilizados no estaban aprovechando las oportunidades que les ofrecía el Estado, creó una fundación para impulsarlos a estudiar y a validar su bachillerato.

“Los hombres de 60 y 65 años empezaron a estudiar, y eso los llevó a hacer las tareas con sus nietos y sobrinos. Y eso es lo que más los jaló para esta vida: la familia”, solía contar Martha cuando hablaba de sus proyectos.

El más importante, tal vez, fue cuando reunió a las víctimas y desmovilizados de la zona del Magdalena Centro (en donde vivió gran parte de su vida), y logró que trabajaran juntos, haciendo camándulas y artesanías en lo que hoy se llama ‘Artesanías amor por Colombia’.

Además, organizó todos los 9 de abril –el día en el que se conmemora a las víctimas del conflicto armado– eventos de reconciliación y perdón en La Catedral de La Dorada (Caldas). Allí, junto con la iglesia Católica, tenían una ceremonia religiosa en la que los desmovilizados entregaban a las víctimas unas cartas en donde se mostraban arrepentidos, contaban la verdad y pedían perdón.  “Las víctimas se acercaban y me decían, ‘Doña Martha, esto era lo que yo necesitaba y dígales que los perdono’”, contaba.

También logró que los desmovilizados de las autodefensas y los miembros de la guerrilla que estaban en las cárceles trabajaran juntos. “A todos nos corre la misma sangre. Somos colombianos. Ellos se empezaron a dar cuenta de que aunque afuera peleaban, en las cárceles eran hermanos”.

Por eso se volvió líder en la comunidad del Magdalena Centro (Puerto Triunfo, La Dorada y Puerto Boyacá). Y allí estaba planeando una actividad este domingo 2 de noviembre. Ese día, en la Catedral de La Dorada será presentado un telón en el que, por iniciativa de Martha, víctimas y desmovilizados escribieron mensajes de perdón, y que fue bendecido en Roma por el Papa Francisco.

Aunque Martha no podrá estar presente físicamente en el evento que llevaba planeando varios meses, la comunidad realizará una ceremonia en su memoria en la Catedral de La Dorada (Caldas), y las víctimas podrán recibir el telón para lo que ella quería que fuera el centro de memoria del Magdalena Centro.

“Es un telón que tiene las lágrimas, el sudor, el amor y todo el perdón”, había dicho en el encuentro que Reconciliación Colombia organizó  en Bucaramanga el pasado 23 de abril.

Sin embargo, la muerte se le adelantó. Martha falleció durante la mañana de este 31 de octubre por el cáncer que venía afectando su vida desde hace algunos años.

Como un ejemplo de que su trabajo por la reconciliación continuó hasta su muerte, horas antes de partir de este mundo, Martha alcanzó a hablar con Jeny Castañeda, una víctima de las autodefensas que vive en Puerto Triunfo (Antioquia) y que se había convertido en su aliada en el trabajo por las víctimas. A ella le entregó la responsabilidad de continuar con el evento de este domingo y de mantener su trabajo en la zona.

Un trabajo que unió a víctimas y a desmovilizados y que deberá continuar en el tiempo, honrando su memoria.

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“La reconciliación es posible y tiene que partir de nosotros, desde nuestros corazones. Cuando los desarmamos”, Martha Henao en el encuentro de Reconciliación Colombia.