Arauca quiere solucionar sus conflictos hablando

La Iglesia Menonita quieren implementar un proceso de diálogo que ayude a solucionar los conflictos sociales en Arauca, uno de los departamentos más golpeados por la violencia. Reconciliación Colombia habló con ellos.
 
7 de noviembre de 2014
Por José Vicente Guzmán Mendoza, enviado especial de Reconciliación Colombia en Arauca
 
En Arauca aún se vive un agudo conflicto armado. La fuerte presencia de grupos armados como las Farc y el Eln, y los constantes enfrentamientos con la Fuerza Pública, hacen que la población civil quede metida en medio de una confrontación sin pausa en la que casi siempre salen perdiendo.
 
A diferencia de otras regiones del país, en donde las acciones bélicas han disminuido paulatinamente, en ese departamento del oriente, que comparte frontera con Venezuela, la guerra aún es una constante y continuamente se producen hostigamientos, enfrentamientos y atentados.
 
Además, la presencia de empresas petroleras y de uno de los campos de explotación de crudo más importantes para el país, como Caño Limón Coveñas, se ha convertido en una fuente de conflictos sociales que enfrentan a esas empresas con la comunidad.
 
Sin embargo, en el horizonte se empieza a percibir una luz de esperanza. Desde hace algún tiempo, la sociedad civil ha comenzado a organizarse y ya comienza a hablar en clave de paz con ayuda de varias entidades que hacen presencia en el territorio.
 
La Iglesia Menonita, por ejemplo, adelanta desde el 2005 el programa Puentes para la Paz, en el que pone a dialogar en diferentes mesas a actores de la sociedad (como empresas, población e instituciones del Estado) en municipios como Tame, para que tiendan –literalmente- puentes de entendimiento entre ellos.
 
Adicionalmente han surgido las Comisiones Ciudadanas de Reconciliación, en las que personas se reunen en los municipios para tratar de velar por la construcción de condiciones para la paz.
 
Ese acumulado ya está dando frutos.
 
De hecho esta semana –5 y 6 de noviembre–, la Iglesia Menonita, la Gobernación, las comisiones ciudadanas y otras entidades llevaron a cabo la tercera edición de un foro anual en el que con la participación de expertos internacionales y delegados de la Oficina del Alto Comisionado, ponen a los araucanos a hablar de cómo lograr la paz y la reconciliación.
 
Y se hizó en Saravena, uno de los municipios más golpeados por la violencia. Tanto que mientras se adelantaba el ejercicio, en el que estuvieron presentes 530 personas, se presentó un hostigamiento del Eln en el que perdió la vida un policia, a pocas cuadras del evento.
 
Pero eso no detiene a los araucanos, y tampoco a quienes los apoyan. La Iglesia Menonita, con el apoyo de otras entidades, aprovechó el encuentro para lanzar una propuesta con la que busca que en unos cinco años las empresas, la comunidad y otros sectores sociales tengan un mecanismo formal en el que puedan solucionar sus diferencias y llegar a acuerdos para construir una visión regional.
 
Se trata de una propuesta para un proceso de diálogo constructivo, que ya han compartido con algunas comunidades y empresarios y en la que ya están trabajando.
 
Reconciliación Colombia hablo con Peter Stucky, el pastor de la iglesia Menonita  en Colombia, quien dirige el proceso de Puentes para la Paz y quien está al frente de la propuesta del diálogo. Esto fue lo que nos dijo:
 
 ¿Cuáles son las impresiones finales de este foro?
 
Que la gente de Arauca es muy valiente y necesita el apoyo de las personas de afuera, a nivel nacional e internacional. También es importante que en un evento así se reciban opiniones de personas de afuera que nos ayudan a pensar en otras alternativas, otras actividades, otros países y otras experiencias. Eso nos parece importante para un departamento tan polarizado y conflictuado como este.
 
¿Cómo va el proceso de la sociedad civil en Arauca para construir paz?
 
Acá tienen una larga experiencia de organización, y yo no sé si eso sea construir paz. Pero la apuesta es que las comisiones ciudadanas sean posibles interlocutores para la paz y personas que poco a poco van encontrando una identidad más clara de constructores de paz y de mediadores. Pero es un proceso bastante incipiente.
 
¿De qué se trata la propuesta de diálogo intersectorial que le quieren proponer a los araucanos?
 
La idea no es concentrarnos en los diálogos de La Habana, sino pensar qué necesita Arauca para hacer un diálogo constructivo entre sectores que tienen mucha desconfianza, como la sociedad civil –aunque no existe una homogeneidad entre la sociedad civil– la institucionalidad, el Gobierno o las empresas.
 
Muchas veces las conversaciones entre ellos son de confrontación, de oportunismo, de transacción. Y nosotros queremos buscar un diálogo hacia el bienestar de Arauca.
 
¿Cuáles son las fases que tienen para implementar ese diálogo?
 
Nosotros ya pasamos por la etapa exploratoria y organizativa, y ahora precisamente queremos empezar la etapa de preparación para el diálogo con la formación para que la gente aprenda a dialogar. Y no sólo en la sociedad civil, también enlas empresas y en el Gobierno.
 
Luego sigue la implementación en sí del diálogo. Sentarnos a hablar. No sabemos cuánto tiempo demore eso, porque hay mucho tiempo, Y la idea es que siga un proceso de sistematización y seguimiento.
 
Con razón la propuesta habla de cinco años para implementar el diálogo…
 
Pues ojalá sea un tiempo más corto, pero a veces no podemos ir al ritmo que quisieramos porque por ejemplo este año no pudimos implementar la formación de las personas para dialogar porque no teníamos los recursos para hacerlo.
 
¿Y han hablado con las empresas? ¿Están dispuestas?
 
Sí. Las empresas han mostrado interés y nosotros hemos comenzado esas conversaciones con ellos, y nos han dicho que es necesario dialogar. No todas, pero varias.
 
Ustedes ya han venido adelantando con ‘Puentes para la Paz`un ejercicio de diálogo, ¿qué lecciones les ha dejado esa experiencia?
 
Uno siempre va aprendiendo. La primera lección es que hay que ir ganando la confianza, porque cuando eso se logra y la contraparte va a respetar y va a escuchar, y no a aprovecharse, el diálogo fluye. La segunda es que hay que tener valor y aguantar, porque sí se puede.
 
Durante el foro usted habló del ejemplo que dieron para dialogar de forma constructiva Nelsón Mandela, cuando estaba preso, y el Gobierno de entonces en Sudáfrica, ¿qué es lo que deben aprender los araucanos (y los colombianos) de esa experiencia?
 
Tres cosas. La primera es que hay un punto en el que los costos de no dialogar son demasiado grandes, y toca identificarlo y empezar a dialogar y a buscar soluciones negociadas.
 
Lo segundo es que cuando Mandela entró a dialogar con sus contrarios, realmente no los veia como contrincantes, sino como posibles aliados para buscar soluciones para el país. El llegó a dialogar y no pelear.
 
La otra lección es que el diálogo debe ser entre pares. No de superior a inferior, sino de personas que se tratan a un mismo nivel. Aunque Mandela estaba preso, el gobierno sudafricano de entonces, lo llevaba a dialogar en secreto y en lugares en donde hablaban como iguales.