Es más fácil cubrir la guerra, que cubrir la paz

Para los directores de la revista Semana y del diario El Tiempo los retos que se avecinan no solo están en alejarse de las peleas intestinas de los políticos, sino en tener ingenio a la hora de contar buenas historias que, además, acerquen a las regiones colombianas, las que solo han sido narradas a través de las masacres y otros hechos de sangre.
 
7 de noviembre de 2014
Foto: Ceper.

 
La pregunta lanzada al auditorio por el escritor, crítico y periodista Ómar Rincón, hoy director del Centro de Estudios en Periodismo de la Uniandes, fue directa: ¿Cuál es el rol de los medios en la guerra y el posconflicto? Mejor dicho: ¿hay un rol?
 
Se trataba de ambientar uno de los páneles del conversatorio que durante dos días congregó en esa universidad a expertos en América Latina de medios, de su papel, de sus dueños, de sus relaciones con el poder.
 
Y en este conversatorio en concreto Ómar Rincón buscaba compelir a dos de los directores de los medios más grandes y de mayor reconocimiento en Colombia, la revista Semana y el diario El Tiempo, sobre su oficio diario de cara a la construcción de una democracia efectiva. 
 
A pesar de que ambos directores representan medios de una tradición histórica y, por qué no, conservadora dentro de lo liberal que puedan ser, pues vienen, a su vez, de familias de tradición política en el país, no hubo abismos en su concepción. Más bien sus posturas fueron bastante progresistas y proclives a un cambio en la forma como el periodismo ha asumido el cubrimiento de lo que le pasa al país, sobre todo si se trata de hablar de las regiones y de sus gentes.
 
Lo dijeron porque tanto Alejandro Santos, de Semana, como Roberto Pombo, de El Tiempo, consideran que el centro ha narrado a los territorios desde la masacre paramilitar, desde la bomba, desde el ataque o asalto guerrillero. Y en eso, la prensa tiene que cambiar, dijeron.
 
Y tiene que cambiar porque las circunstancias de Colombia están cambiando. Si bien las Farc no representan vocerías civiles, el proceso de paz que se desarrolla con estas en La Habana están mostrando que hay una complejidad de país que los medios deben comenzar a abordar.
 
Como es tan complejo darle una definición concreta al posconflicto, por eso es que, por ejemplo, Roberto Pombo, comentó que un periodista que cubre guerra es mucho más lineal, más predecible, mucho menos arrojado, en el sentido de aportar contenido a la información, que uno que se vaya a dedicar a lo que ahora el país está denominando como posconflicto.
 
"Ausencia de conflicto entre dos sectores (llámense Gobierno y guerrilla), para eso sí estamos preparados. (...) Pero si hay posconflicto esto implica romper tradiciones en muchos órdenes. Y nuestra tarea como directores de medios es invitar a la ciudadanía a ver una nueva forma de vida de millones de colombianos y no el destino simplemente de 7 mil personas", dijo Pombo.
 
Esa nueva forma de comunicación, implicará, entre otras cosas, darles voz directa a las víctimas, entre las que se cuentan sectores campesinos, obreros, estudiantiles, indígenas, históricamente marginados del acceso a los medios, entre otras marginalidades. Así, dijo Pombo, los medios deberán recurrir cada vez menos a los que se erigen como sus portavoces.
 
Pues, en efecto, "las vocerías en la guerra son de los victimarios, mientras que las vocerías en el posconflicto son de las víctimas", a decir de Rincón.
 
Y así como es deseable que los medios sean altoparlantes de otras vocerías, distintas a la de los armados o a la de los políticos enquistados en sus odios, así mismo, es deseable que los medios aprendan a relacionarse con la geografía nacional, con sus realidades y con sus gentes, que no son de violencia.
 
En eso insistió Alejandro Santos. "Desde los medios debe comenzarse a retratar ese país que los medios han narrado de la violencia como Machuca, El Salado, Patascoy, Cauca. Comenzar a aproximarse mejor a las regiones y a las personas que construyen país", dijo.
 
Para Santos, en la medida en la que se les dé vocería a estos nuevos relatos, se construirán otros referentes, otros liderazgos necesario para desatorar la crisis de vocerías amarradas a políticos que se valen de Twitter para en 146 eliminar al otro como contradictor natural de las ideas.
 
Esto que Santos Rubino llamó la "cloaca del siglo XVI", es decir la forma como hoy los políticos de turno hacen uso del Twitter, Pombo le dio otro nombre: la nueva plaza pública de este milenio. 

Una y otra cosa son ciertas, pero a lo que iba el debate era a mostrar que más allá de las herramientas tecnológicas de las que hoy se dispone, trabajar sobre los contenidos y los formatos es una tarea inaplazable, así esto suene a disco rayado. Y usadas de la forma como lo están siendo hoy, la democratización que ha generado el acceso a Internet no significa necesariamente profundidad en los contenidos que se emiten.
 
Y en esto último, el periodismo tiene un papel amplio que desarrollar. "La paz le significa al periodista sofisticación para analizar el entorno y eso lo necesitamos para enfrentar el futuro", dijo Pombo. Mientras que Santos añadió que la originalidad, el ángulo editorial, la forma como se cuenta una buena historia ayudarán, sin duda, en el reto que impone esta coyuntura.
 
El conversatorio fue organizado por el Centro Carter, el Centro de Estudios en Periodismo de la Facultad de Artes y Humanidades de Los Andes y auspiciado por la CAF, la Open Society Foundations y Fescomunicación (de Fescol), con el apoyo de la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP.