“Tenemos que dejar de ver la paz por televisión”

Guillermo Murcia, quien sufrió la explosión de una mina antipersonal, hizo parte del cuarto grupo de víctimas que viajó a La Habana. Reconciliación Colombia habló con él sobre una propuesta que al parecer caló en los negociadores del Gobierno y las Farc.

10 de noviembre de 2014
Por José Vicente Guzmán Mendoza, enviado especial a Arauca
Foto: Guillermo Murcia (primero a la derecha) hizo parte de la cuarta delegación de víctimas que viajó a La Habana.

 
En 2005, cuando pasaba por el patio de su casa, Guillermo Murcia sufrió un accidente por culpa de una mina. En ese momento su vida cambió y tuvo que vivir sentado en una silla de ruedas, con tornillos y tubos pegados a su cuerpo, mientras recuperaba la movilidad.

Aunque durante los primeros años sólo pensaba en la venganza como una salida a su dolor, aprendió a canalizarlo y hoy habla de perdón y reconciliación. Incluso, es el coordinador de la Campaña Colombiana contra las Minas en Arauca y le enseña a la gente a prevenir accidentes con estos artefactos.

Por su experiencia, las Naciones Unidas, la Iglesia Católica y la Universidad Nacional lo escogieron como una de las 12 personas que viajaron a La Habana en el cuarto grupo de víctimas del conflicto, que se entrevistaron el pasado 2 de noviembre con los negociadores del Gobierno y las Farc.

Allí tuvo la oportunidad de hablar cara a cara con sus victimarios, de perdonarlos y de proponerles que dejaran el reclutamiento de menores y que, en conjunto con el Gobierno, desminaran algunas zonas del país como gesto de buena voluntad.

Al parecer su propuesta caló. Reconciliación Colombia habló con él y esto fue lo que nos dijo.
 
¿Cómo vio a la guerrilla y al Gobierno en la mesa de La Habana?

Yo vi disposición de ambas partes para escuchar. Los vi muy atentos a cada historia y a cada uno de los mensajes que llevamos las víctimas. Algo que a mí me llamó la atención fue ver a los delegados de la guerrilla agachar la cabeza y sentir lo que decíamos. Yo creo que ellos están enseñados a ver la guerra desde un punto de vista guerrerista, pero no desde el punto de vista de las víctimas, y saber que parte de eso es por su culpa debe ser bastante complejo.

¿Los vio dispuestos a terminar el conflicto?

Yo los vi muy dados a la negociación. En algún momento, uno de ellos dijo “llevamos 60 años en guerra y ni el Gobierno está cerca de acabar con las guerrillas, ni la guerrilla está cerca de ganar el poder. Y podemos seguir por 40 años igual. Así que de aquí no nos podemos parar sin un acuerdo de paz”.

Usted fue víctima de una mina plantada por las Farc, y representó en Cuba a miles de colombianos que han sufrido por lo mismo, ¿llevó alguna propuesta sobre ese tema a la mesa?

Llevé una propuesta elaborada desde la Campaña Colombiana contra las Minas, en donde trabajo, que busca que ambas partes lleguen a un acuerdo de desminado humanitario en algunas zonas que hoy no están en disputa de nadie, pero que tienen miles de estos artefactos que hoy afectan a la población.

¿Y qué le dijeron?

Tanto a la delegación del Gobierno como la delegación de las Farc les pareció muy importante esa propuesta de un acuerdo especial para desminar los territorios. Incluso, en algún momento, los delegados de las Farc dijeron que hay que hablar al interior de su organización de no seguir sembrando minas.

¿Pero hubo algún pronunciamiento en concreto?

Cuando se estaba cerrando el espacio de conversación con las víctimas, Iván Marquez, jefe negociador de las Farc, y Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno, hicieron cada uno una intervención, en la que hablaron del tema y dijeron que iban a conversar para llegar a ese acuerdo especial de desminado antes de firmar la terminación del conflicto.

Sería algo muy importante…

Claro. Yo les dije allá que se pueden callar los fusiles, se pueden callar las ametralladoras, se pueden callar las pistolas. Pero las minas que están instaladas desde hace 20 o 50 años, y las que están poniendo en este momento, van a estar ahí durante 200 o 300 años  y van a seguir causando muerte y destrucción.

Usted fue la primera víctima del departamento de Arauca que va a La Habana. ¿Qué opina de la situación del departamento?

Como lo dije allá en La Habana, yo creo que en Arauca no se puede hablar de posconflicto. Hay muchas organizaciones que ya lo empezaron a hacer, pero yo no creo que podamos hablar del tema, ni de perdón, ni de reconciliación, por ejemplo, con la mujer a la que ayer le acabaron de asesinar a su hijo. 

¿Y qué se puede hacer entonces?

La idea es que ese aire de paz que se siente en La Habana lo traigamos acá a los territorios. Que llegue a departamentos tan lejanos como el Chocó, o a departamentos que aún viven el conflicto como Arauca. Mientras que no dejemos de ver la paz únicamente por televisión, y la empecemos a sentir acá, la gente no va a creer en eso.

Además no hay que olvidar que acá también hay Bacrim y es muy fuerte el Eln. Un llamado de atención que le hicimos al Gobierno fue que hay que apresurar las negociaciones con ese grupo, porque no podemos esperar otros años de muerte y asesinato para negociar con ellos.

¿Usted perdonó al que le hizo daño?

Una de las cosas que me hacía faltaba para cerrar mi ciclo es poder decirle a la persona que puso la mina que me afectó que yo lo perdono y que no tengo ningún rencor con él. Desafortunadamente no ha sido posible encontrarlo, pero allá frente a las Farc me nació hacerlo. Ya terminando mi intervención les dije que aunque no me hubieran pedido perdón, yo los perdonaba. Luego les dije a los delegados del Gobierno que también los perdonaba porque ellos eran culpables por omisión y por no protegernos.

¿Y cómo se sintió?

Pues yo salí de ahí y no sabe el descanso tan impresionante que sentí, como si me hubiera quitado un peso de encima. Claro que no sé si fue por el miedo que tenía antes de empezar a hablar (risas).

Es decir que en términos generales, valió la pena su viaje a La Habana…

Valió la pena y hay que seguirle apostándole al proceso. La paz no se logra de un día para otro y con la firma de un acuerdo, sino que hay que trabajarla desde acá con cada una de las personas, incluso las que han vivido este flagelo de las minas.

Mire, hace unos días en una comunidad, una niña de cinco años me dijo “venga profe, allí a cinco metros del colegio hay una mina antipersonal”… esa niña tendría que estar hablando de los juguetes y de las muñecas, o de cualquier otra cosa menos de esta guerra. No es justo que a estos niños les toque vivir esto.