Historias de jóvenes que trabajan por la reconciliación

Los jóvenes se tomaron en serio su responsabilidad en la construcción de un nuevo país. Eso al menos demuestran estas 13 historias de los finalistas de un premio entregado por la Fundación El Nogal. 

12 de noviembre de 2014

Es un lugar común decir que en los niños y jóvenes de Colombia está el futuro del país. Pero la frase, por más que sea repetida en espacios académicos y en discrusos políticos, no es totalmente cierta. 

Lo que la realidad demuestra, es que muchos de esos jóvenes ya están construyendo el presente y trabajan, incluso más que las personas mayores, para tener una mejor sociedad. 

Una prueba de esto son las 130 postulaciones recibidas en el Premio ‘Los jóvenes y la reconciliación’, organizado por la Fundación El Nogal, que desde mayo hizo un llamado para que los colombianos entre los 14 y los 28 años presentaran sus experiencias e ideas de construcción de paz. 

Luego de dos filtros de verificación de información y del trabajo de un jurado compuesto por representantes del Gobierno Nacional, instituciones locales, la sociedad civil, la academia, la empresa privada y la coperación internacional, seis de esas iniciativas fueron escogidas como ganadoras en distintas categorías. 

Este martes 11 de noviembre, en el marco del IV Congreso de Responsabilidad Social, llevado a cabo en las instalaciones del Club El Nogal, los organizadores dieron a conocer los proyectos ganadores, que recibirán un reconocimiento económico y una asistencia técnica.

Pero más allá de los premios y los reconocimientos, una mirada general a los 13 finalistas permite ver una variedad de iniciativas que se valen del arte, la cultura, el deporte, el medio ambiente, y hasta los estatutos de los colegios para promover un entorno pacífico, lograr cambios en la sociedad o sacar a muchas personas de las garras de la violencia. 

Como dice Juan Pablo Reyes, director de Colombia Joven y miembro del jurado que definió a los ganadores del premio, esta gran cantidad de iniciativas adelantadas por los más pequeños es una prueba de que las nuevas generaciones no están esperando el posconflicto para trabajar por un nuevo país. 

“Ahora hay que acercar a estos jóvenes al empresariado, a la clase política y a la cooperación internacional, para potencializar sus ideas y sacarlas adelante”, le dijo Reyes a Reconciliación Colombia.

Y ese debería ser un proposito de muchas instituciones del país, incluyendo al Gobierno Nacional. Aprovechar estas ideas, potencializarlas y, ¿por qué no?, replicarlas para mandarles un mensaje a todos los colombianos. 

¿Si estas personas con tan pocos años de vida pueden adelantar proyectos y tener ideas como estas, por qué nuestra sociedad no puede soñar con un país en paz y reconciliado? Es algo que todos nos debemos preguntar. 

Reconciliación Colombia destaca las 13 historias de los jóvenes finalistas del premio de la Fundación El Nogal:

Los ganadores

El poder del fútbol
(Ganadores en la categoría de experiencias significativas de reconciliación en el rango de edad entre los 14 y los 17 años)

En la vereda San Jacinto Medio del municipio de San Pedro de Uraba (Antioquia), cuatro  jóvenes se valen de un balón de fútbol para promover valores como el respeto, el diálogo y la inclusión entre sus vecinos y compañeros de colegio.  Se trata de Wendy Cerdeño (14 años), Danilo Adrian (15 años), Neider Arrieta (17 años) y Carlos Flores (17 años), quienes desde hace tres años lideran el proyecto ‘Cuatro vidas y un balón transformando el país’. 

Todo nació cuando los cuatro se dieron cuenta de que en su comunidad todos los problemas se resolvían peleando. Una situación que se trasladaba a los partidos de fútbol. “Incluso, en un juego, llegaron a agredir a un arbitro”, cuenta Danilo. Entonces, los cuatro jóvenes, con la ayuda de una profesora, crearon en 2013 una nueva dinámica, en la que invitan a jugar con algunas reglas diferentes: en el partido participan las mujeres, no se utilizan sobenombres ni malas palabras y se prohíben las peleas. Al final, los jugadores se reunen para hablar sobre el partido y diálogar sobre lo aprendido durante el juego. 

Musica para la paz
(Ganadores en la categoría de experiencias significativas de reconciliación en el rango de edad entre los 18 y los 23 años)

Martín Montiel tiene sólo 20 años, pero desde hace cinco meses se dedica, junto con otros compañeros, a visitar ocho de los corregimientos que pertenecen a su pueblo, Puerto Libertador, ubicado en el sur de Córdoba para enseñar música a  niños y adolescentes. Para eso, deben recorrer distancias de hasta una hora y 20 minutos cargando acordeones, pianos, guacharacas y otros instrumentos, y soportando la presencia de grupos armados ilegales que patrullan por la zona. 

Él es el representante legal de la Corporación Visión Juvenil y el líder de un grupo de jóvenes que se dedican a líderar proyectos con nuevas generaciones en el sur de uno de los departamentos más golpeados por el conflicto armado. El proyecto de las escuelas de música, consiste en brindar 50 horas de taller a 240 jóvenes de la zona rural de Puerto Libertador para ocupar su tiempo libre, alejarlos de la violencia y mostrarles que la convivencia y la paz es posible a través de la música. 

Un centro para compartir 
(Ganadores en la categoría de experiencias significativas de reconciliación en el rango de edad entre los 24 y los 28 años)

El barrio Santa Rosa, ubicado en el sur de Bogotá, ha vivido una situación dificil por causa de unas casas construidas en 1992 que comenzaron a agrietarse y están en riesgo de caerse. Luego de demandas y fallos a favor de algunos de los habitantes, varios de ellos abandonaron las viviendas, que fueron tomadas por desplazados que habían llegado a Bogotá y no encontraban un lugar en donde vivir. Desde entonces, en el barrio conviven desmovilizados, desplazados y población en situación vulnerable que muchas veces no tiene un lugar para pasar el tiempo libre.

Pero Cindy Pinzón, una jóven bogotana que por seis meses vivió en el barrio, lidera el Centro Comparte, un lugar en el que 450 personas han accedido a servicios culturales, espirituales y de emprendimiento que prestan varias instituciones. Allí reciben clases de graffiti, talleres de fotografía y cineforos; ven cursos de sistemas o contabilidad, y con ayuda del SENA pueden estructurar sus propios emprendimientos; y reciben ayuda spiritual por parte de los sacerdotes de la Iglesia del barrio. “Nosotros brindamos una oportunidad para que toda la familia pueda encontrar una oferta institucional”.

El muro de la expresión
(Ganadores en la categoría de idea para la reconciliación en el rango de edad entre los 14 y los 17 años)

En el Colegio Virginia Gutierrez de Piñeres, ubicado en Suba –una de las localidades más grandes de Bogotá–, existen dos muros que los alumnos utilizan desde hace ocho años para pintarlo cada 15 días de manera diferente, teniendo en cuenta los valores, derechos, deberes y la reconciliación. Se trata de los muros de la expresión, un proyecto liderado por Yuxi Tatiana Ramos, estudiante de décimo grado, y un grupo de compañeros, quienes a partir de la temática temporal del muro, organizan charlas y conversatorios con los estudiantes. 

La experiencia ganada con ese proyecto, les ha servido a los estudiantes para proponer crear un muro similar, pero que se implemente en la localidad, que actualmente tiene problemas por la presencia de pandillas, la violencia juvenil y el consumo de drogas. “Queremos que estos líderes de pandillas, usen el muro para expresarse, y empezar a demostrar que tienen cualidades y que pueden generar un cambio en la sociedad”, cuenta Yuxi. 

Un taller para cambiar el machismo
(Ganadores en la categoría de idea para la reconciliación en el rango de edad entre los 18 y los 23 años)

Cuando Melany Artunduaga y José Darío Diaz comenzaron a recibir consultas como estudiantes de derecho en la Universidad Republicana, se dieron cuenta de que muchos de los casos que les llegaban eran de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar. Ese fue el primer acercamiento a un tema que les ha cambiado la vida. 

Cuando ella empezó una investigación sobre equidad de género y él en el tema de ‘nuevas masculinidades’, pudieron concluir que en el problema de la violencia de género hacia falta ver la solución desde otra perspectiva. “Tradicionalmente sólo se ha visto desde el lado de las mujeres víctimas, pero hace falta mirarlo desde el otro lado: los hombres, que son el instrumento de una cultura patriarcal y de una sociedad machista”, cuenta José Darío. 

De allí les surgió la idea de estructurar unos talleres para tratar a los hombres que ejercen cualquier tipo de violencia contra las mujeres. Lo que buscan es que ellos reflexionen sobre el porqué de su comportamiento e intenten cambiar, con ayuda médica, sicológica y jurídica, sus comportamientos. Ahora, esperan poder implementar esta propuesta en conjunto con las comisarias de familia.

¿Cómo ve el cine colombiano nuestro conflicto?
(Ganador en la categoría de idea para la reconciliación en el rango de edad entre los 24 y los 28 años)

La pasión de Victor Casas es el cine y su vocación es el periodismo enfocado en el conflicto armado y especialmente en las víctimas. Por eso, en la idea que presentó al premio de la Fundación El Nogal, combina ambas cosas. Él quiere crear una hemeroteca virtual que reúna información de todas las películas colombianas que han tocado el tema del conflicto armado y análizar los imaginarios que el cine local ha creado sobre este tema.

“Actualmente existe un vacio, y a mí me interesa que cineastas, historiadores y otros expertos analicen cómo hemos venido narrando el conflicto a través del cine”, cuenta Victor, un jóven antioqueño de 27 años que actualmente escribe para El Tiempo. Su idea de analizar cómo contamos nuestra propia tragedia no se queda ahí, pues actualmente adelanta una investigación con la Universidad de Antioquia para estudiar cómo cubren los periodistas de la region el conflicto y la memoria histórica. 

Otros finalistas

Las heroínas de Medellín

Durante cinco años, Marta Macías hizo parte de una de las pandillas que cometían actos delictivos en una de las comunas de Medellín. Pero hace trece años, y gracias a un proceso del Colectivo Casa Mía, tuvo la oportunidad de transformar su vida, recuperar a su familia y estudiar sicología. Ahora hace parte de la misma organización que la rescató y lídera el proyecto ‘Heroínas del Amor’, en el que ayuda a las mujeres que hacen parte de estos “parches” a transformar su vida. 

En ocho años, beneficiaron a 300 mujeres, y lograron transformar también a sus parejas, que muchas veces eran muchachos que pertenecían a las pandillas.  En este momento, están adelantando la segunda fase del proyecto, en la cual no sólo trabajan con las mujeres, sino también con su nucleo familiar. Para Marta, esta es una forma de retribuirle a la sociedad la oportunidad que ella tuvo de dejar atrás su pasado. 

A tomarse la calle

Durante los fines de semana, algunas tardes y los días de vacaciones, algunas calles de la Comuna 13 de Cali, conocida como el distrito de Aguablanca, se convierten en salones de clase alternos para que los niños entre los 3 y los 14 años puedan disfrutar de talleres de literatura, fotografía, danza, pintura y hip hop.  Todo gracias a ocho profesores jóvenes que viven en la zona y decidieron montar el proyecto ‘La calle es nuestra’, que busca quitarle espacios a la violencia y entregárselos a la comunidad. 

“La tarea de nosotros es no permitir que los chicos caigan en alguna pandilla o grupo armado de la zona, y que se alejen del vicio y de la droga”, cuenta Miguel Angel Durango, un jóven de 27 años que durante la semana dicta clases de español en un colegio de la ciudad.  Los talleres se concertan con los papás de los niños y con los vecinos del barrio, quienes muchas veces terminan participando en los cursos y contándoles sus historias a los pequeños. 
 
Por una frontera sin explotación infantil

Aunque muchos no lo saben, los jóvenes menores de edad son los más utilizados para transportar mercancía de contrabando entre Colombia y Venezuela en la frontera que une a ambos países por el departamento de Norte de Santander. Por falta de oportunidades, ellos terminan ingresando a los grupos ilegales y esa es la puerta de entrada para la drogadicción.

Esa fue la problemática que vio Katherine Casanova, una periodista de 22 años que quiere implementar un proyecto para que los niños de esta zona del país tengan alternativas diferentes de vida que los alejen del contrabando, la droga y los grupos irregulares. Ella ya lleva tres años trabajando con 20 jóvenes de Cúcuta en encuentros juveniles en los que hablan de derechos humanos y paz, y ya ha adelantado con ellos algunas capacitaciones. Incluso ha ido a zonas como el Catatumbo y Pamplona, y quiere establecer enlaces con Venezuela, para trabajar con los niños dle otro lado de la frontera. 

Personeros unidos

En Valledupar, los personeros estudiantiles que por ley tiene que elegir cada colegio para que representen a los estudiantes en el Consejo Estudiantil están más unidos que nunca. Y en conjunto trabajan para promocionar la convivencia pacífica, la construcción de paz y la solidaridad entre los jóvenes. Todo gracias a la Red de Personeros y Personeras Estudiantiles de Valledupar, una organización que nació en 2009 y que agrupa a los 68 colegios de la ciudad. 

La red, de la que hacen parte también expersoneros que hoy apoyan a los que están ejerciendo esa función, ha construido una cultura política entre los estudiantes de la capital del Cesar, y los ha impulsado a opinar de la política local y nacional, y a apoyar causas sociales en la ciudad. Kelly Loraine Quiroz, una de las secretarias de la red, cuenta que los personeros han logrado llegar a hacer proyectos con los jóvenes de las cárceles y con los colegios de las zonas rurales. “En un departamento en el que 1 de cada 3 habitantes es víctima, nuestro trabajo permite cambiar la convivencia desde el colegio, una forma de impactar a la sociedad”, cuenta. 
 
Lombricultivos para el tiempo libre

Los habitantes de Viota (Cundinamarca), cuentan que en su pueblo nació el comunismo. Esa historia, que se repite de generación en generación, es en parte la causa para que el municipio haya sido escenario del conflicto armado que azota al país y de luchas entre guerrillas y grupos paramiltares. Aunque el nivel de confrontación bajo ostensiblemente, aún quedan algunas secuelas, como la ‘olla’ para comprar droga que está entre el Colegio Francisco José de Caldas y uno de los parques del municipio. 

Pero Allison Salcedo y Diego Peña, dos estudiantes de ese mismo colegio, se idearon la forma de que los jóvenes empleen su tiempo libre en una labor productiva que ayuda al medio ambiente y a la agricultura del municipio, que es eminentemente rural. Se trata de un lombricultivo –cultivo de lombrices rojas–, que busca producir abono orgánico, y que actualmente ocupa a 50 voluntarios de los cursos superiores del colegio. 

Trueques de reconciliación

Diego Davila (26 años), Santiago Amaya (23 años) y Gabriel Lozano (23 años) son estudiantes de la Universidad Javeriana que llevan un año trabajando con comunidades de  seis corregimientos de la zona norte de Cartagena.  Allá se dieron cuenta que dos comunidades vecinas tienen problemas de convivencia por culpa de la tenencia de la tierra, pues la comunidad de Arroyo Piedra culpa a la población de Pua Dos de haber invadido terrenos que les pertenecían. 

Ellos tienen sobre la mesa una propuesta para realizar un mercado de trueques entre ambas comunidades, que ayude a limar asperezas y a lograr una reconciliación efectiva. La idea es aprovechar que en Arroyo Piedra se dan productos de pancoger como ñame y platano, y que en Pua Dos se da la pesca y productos como el coco, para que ambas comunidades se complementen e intercambien conocimientos y productos. “Eso busca lograr que se reconozcan como iguales, cambien el lenguaje y finalmente se respeten”, cuenta Gabriel. 

Capoeira para el tiempo libre

Cerca de 70 jóvenes bogotanos del barrio El Tunal y de las localidades de Martires y Antonio Nariño asisten cada semana a clases de capoeira, un arte marcial africano que se popularizó en Brasil y que ahora se practica en todo el mundo. Allí, tienen la oportunidad de concoerce a ellos mismos, aprender a valorar su cuerpo y trabajar en conjunto con otros, mientras que ocupan su tiempo libre en algo beneficioso y se alejan de los vicios y la violencia. 

El proyecto es idea de Daniel Leonardo Ardila, un jóven de 20 años que en su niñez aprendió esa disciplina, que le ayudo a convertirse en líder y profesor. Él quiere que los 70 jóvenes a los que hoy enseña –en conjunto con tres de sus amigos– puedan tener la misma oportunidad que él tuvo. “El capoeira es una aventura del ser para encontrar la solidaridad”, dice.