Dos historias de dolor detrás del abrazo del Nogal

Aunque una sea víctima y el otro haya empuñado las armas, los dos protagonistas de la conmovedora foto de El Nogal han vivido historias de profundo dolor que nos dejan una lección ante la que solo nos queda guardar respeto.

12 de noviembre de 2014

La foto fue contundente: Martha Amorocho se deja abrazar y da un abrazo a Regis Ortiz, quien tomó la decisión de abandonar las Farc y, según le dijo a Reconciliación Colombia, nunca se imaginó llegar a pisar el Club El Nogal. Si algo relacionado con el conflicto recuerdan los bogotanos y el país es el atentado que sufrió el Club el 7 de febrero de 2003, que dejó 36 personas muertas y más de 200 heridas.

Pero si la foto es contundente, las historias de vida de Martha y de Regis lo son aún más: en el atentado de El Nogal Martha perdió a su hijo menor de 20 años, mientras que el de 22 quedó en un coma profundo. Regis decidió abandonar las armas tras resistir un combate en el que vio morir en sus brazos a un niño de 12 años, al que no pudo convencer de que desistiera de su ingreso al grupo guerrillero, y, quien tras haber caído herido, le suplicó salvarle la vida y sacarlo de allí. No pudo cumplirle ninguna de las dos cosas.

Así, con el corazón arrugado, iniciaron su camino por el difícil y esquivo reencuentro consigo mismos y con la razón de ser de sus vidas. Por eso es que el espontáneo abrazo que ovacionó  el público de El Nogal, que durante el lunes 10 y el martes 11 asistió a una serie de conversatorios sobre el papel del sector privado en la construcción de paz, tiene un profundo mensaje reconciliador.

La iniciativa de país Reconciliación Colombia le preguntó, por separado, a Martha y a Regis, el significado del abrazo y lo que representó para sus procesos. Aquí sus respuestas:

‘Lo único que puedo decir es que soy una mujer de fe’: Martha Amorocho

Martha, cuéntenos sobre ese momento del abrazo…

Todo tiene un antes, un durante y un después. Y en la vida mía todo tiene un para qué. Desde el atentado yo pregunto para qué Dios me dio un ser como Alejandro y para qué me lo quitó y para qué me dio a Juan Carlos y para qué me lo dejó. La conclusión es: para que yo aporte un granito de arena.

¿Por eso también dijo que sí a La Habana?

Cuando me invitaron a La Habana dije que sí casi sin pensar. Porque desde tiempo atrás vengo reflexionando sobre qué voy a dejar en mis hijos y en mis nietos. En ellos veo todos los hijos y nietos de Colombia y del mundo. Todos los días me pregunto qué estoy dejando. Simplemente estoy lista a dejar un granito.
 
¿Qué pensó cuando tuvo frente a Usted a Regis?

Cuando veo a ese muchacho, que debe tener unos 30 años, también veo a mi Juan Carlos, pues mi hijo tiene 34 años. Alejandro tendría 32. Inmediatamente veo a todos los niños que están en esos movimientos… simplemente la vida los ha llevado ahí. La historia de Regis es una historia dura. Pienso que hay que poner, para que la paz se dé. La paz no va a caer sobre el país cuando se firmen unos papelitos. Todos los colombianos hemos participado en el país que tenemos: por hacer o por dejar de hacer.

¿Qué sintió en ese momento?

Fue el encuentro de dos seres humanos que necesitan salir adelante y que están dispuestos a poner, en esta situación. Los dos desde orillas distintas estamos dispuestos a dar. La paz es del interior hacia afuera; de mí misma, conmigo misma, y de mí misma, en mi casa, en mi entorno. Lo que debemos preguntar es: qué puedo hacer; y no: qué me van a dar. Esto no consiste en que el Gobierno se ponga los pantalones y que las Farc paguen y nosotros, aquí, vivimos felices, porque eso no va a pasar así.
 
Martha, ¿cómo llegó a este estadio?

Lo único que puedo decir es que soy una mujer de fe. La Virgen me ha servido de modelo y de patrocinadora.  Siento ese apoyo, esa ayuda y esa presencia y dentro de la tragedia que nos tocó, el hecho de que Alejandro muera y de que Juan Carlos se encuentre en la situación en que se encuentra, entonces lo que puedo decir es que Dios, además de enviarme muchos ángeles -las personas que conocí, que aparecieron y reaparecieron en mi vida-, me hizo entender que yo tenía que pensar qué hacía por Juan Carlos; qué le iba a enseñar. Eso fue lo que me sacó. La rabia y echarle la culpa a alguien es fácil; lo que es difícil es cuestionarme yo.

¿El conversatorio del Nogal facilitó este proceso?

El Congreso fue muy gratificante en ese sentido. Yo creo que se necesita educación y pedagogía para la paz en la que tienen que estar incluidos los 46 millones de colombianos y no solo los seis millones de víctimas. Una educación en la que entendamos que la justicia no es ojo por ojo, diente por diente; en la que se eduque para entender que en el mundo no solo existo yo, porque ha hecho tradición que como yo tengo una buena intención, lo que valen son mis ideas; en la que comprendamos que el debate sobre reparación no es de plata, sino también actos simbólicos porque lo que nos quitaron no se puede devolver. Al menos, así es en mi caso.

¿Cuál es la situación de Juan Carlos hoy?

Es un ser humano lindo. Cuando él estaba comenzando sus terapias, el neurólogo, que me enseñó mucho, me decía: Marthica, Juan Carlos no va a ser igual. Puede quedar mejor o peor. No igual. Él volvió a ser un bebé. Y yo me preguntaba: ¿será que se vuelve un resentido?, ¿un rencoroso?, ¿un lleno de odio? Gracias a Dios ni lo uno, ni lo otro. Tiene secuelas, pero dentro de lo bonito que tiene es su tenacidad y su esfuerzo por mejorar todos los días. Le costó muchísimo trabajo terminar la Universidad, pero lo hizo, y sigue trabajando en su lectura. Es un ser humano bonito y feliz y quiere aportarle al país.
 

‘Sentí que era necesario decirle que me perdonara’: Regis Ortiz

¿Cómo se sintió en ese espacio?

Ese espacio representó mucho para mí. Pienso que se logró mucho. Me conmovió profundamente la historia de la señora Martha porque en ese atentado perdió a su hijo. Sentí que era necesario en ese momento decirle que me perdonara. Pedir perdón por ese hecho. Darle fuerzas también en una situación que sé es bastante dolorosa. Siento que es una mujer valiente porque ha logrado, a través de este tiempo, perdonar a aquellos que le causaron tanto daño.
 
Es decir, ¿le sirvió este espacio?

En ese espacio ambos tuvimos la oportunidad de conocernos y de contar nuestras historias. Espacios que, creo, son necesarios promover en Colombia. Pudo contar su historia y me permitieron  contar la mía y así pudieron quizá entender la magnitud de las situaciones por las que se pasan, que no es justificación de ninguna manera. Escuchar nos permite entender muchas situaciones, entender un panorama amplio de cómo es el conflicto, de cómo son las condiciones en las cuáles nos vemos afectados por el conflicto.

¿Qué fue lo que más le conmovió?

El cómo, con mucho dolor, ella contaba cómo perdió a su hijo ese día del atentado.

¿Nunca había escuchado una historia de una víctima de El Nogal?

Solo había visto las noticias, lo que informaba la prensa, la televisión con las imágenes. Dentro de las noticias había muchas historias, pero estaba muy lejos de poder en algún momento estar tan cerca de una persona que hubiera tenido que ver con todo este escenario de dolor. No dimensioné jamás la probabilidad de encontrarme en un espacio así. Jamás me imaginé poder entrar a este Club. No tenía la más remota idea de tener un acercamiento así.

¿No le dio miedo que lo rechazara?

La verdad no. La verdad creo que en estos momentos, más allá de cualquier cosa, uno no debe temer cuando toma la decisión de reconciliarse. Se toma la decisión, y se confía más en que al solicitar el perdón, este puede ser aceptado. Aunque obviamente existe la posibilidad de ser rechazado.
 
¿También confió en que su vida iba a cambiar al dejar las armas?

Definitivamente la decisión de dejar las armas fue más allá de esa confianza. Pues claro que uno está lleno de muchos miedos. Hace diez años el espacio de este martes no era posible. Han cambiado muchas cosas en el país. En el tema del posconflicto, la gente no está arrancando de cero, se ha venido haciendo trabajo de reconciliación y de construcción de paz. Llevamos diez años trabajando con personas que han dejado las armas y eso hace parte del posconflicto.
 
¿Qué le dijo Martha cuando Usted la abrazó?

Me dijo que había que hacer todo lo posible para que los niños y los jóvenes no tuvieran que vivir lo que ella había vivido y lo que vivieron sus hijos.

¿Lo sorprendieron los aplausos?

Dentro de mi mente no estaba el público. Simplemente era ella, era su dolor, y yo estar ahí. El público no lo tenía presente.

¿Cómo conecta su visita a Roma con el abrazo a Martha?

Creo que ambos eventos son importante, pero lo que pasó este martes fue mucho más enriquecedor para mi vida porque es mostrarle al país, a través de este abrazo, que es posible reconciliar y perdonar.