Una mujer ejemplar

Sandra Gutiérrez, una mujer que sufrió todos los rigores del conflicto armado y aún así decidió a darles una oportunidad a los desmovilizados, fue reconocida por “su labor silenciosa” en el Meta.

14 de noviembre de 2014

El premio, conocido como ‘Mujer Cofrem’, es entregado anualmente por la Caja de Compensación Familiar ‘Cofrem’ y el Club Rotario de Villavicencio a mujeres que “de forma silenciosa, con una gran vocación y sin ningún interés particular, atendiendo a comunidades y familias que sufren las consecuencias de la pobreza, y la violencia en el departamento del Meta”.

Sandra, quien también está nominada a Titanes Caracol, un concurso de Noticias Caracol que pretende premiar a colombianos que sean ejemplares en varios campos, tiene una historia que parece sacada de la ficción (ver nota).

Ella es víctima de la violencia, pues perdió a varios familiares por causa del conflicto y  los paramilitares la secuestraron el 28 de abril del 2002, días después de que el proceso de paz entre el Gobierno de Andrés Pastrana y las Farc terminara sin éxito.

Como las negociaciones se habían efectuado en un terreno despejado de 42.000 kilómetros que incluía terrenos de varios municipios de ese departamento, como La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa, cuando el proceso se acabó, en la zona empezó una guerra sin cuartel en la que muchos líderes sociales quedaron en el ojo del huracán.

Sandra fue liberada meses después, pero desde ese momento su vida dio un giro de 180 grados. “El evento me sirvió para que me construyera y aprendí el valor de la vida y a perdonar a los demás, a perdonar lo imperdonable aunque me haya dolido tanto”, cuenta.

Eso lo aplicó al pie de la letra, pues años después, siendo presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda de Mesetas, ubicada en la zona rural de Villavicencio (Meta), le abrió las puertas a 30 desmovilizados de las autodefensas para que realizaran 80 horas de labores comunitarias y de servicio social.

“En este país o empezamos a confiar o seguiremos de mal en peor”, dice Sandra, quien decidió darles la oportunidad a los muchachos, a pesar de que eran del mismo grupo que tanto la había hecho sufrir.

El ‘experimento’ salió mejor de lo que esperaba. Aunque al principio hubo desconfianza, con el tiempo y las conversaciones, el hielo entre los desmovilizados y la comunidad comenzó a romperse. Incluso, en conjunto terminaron haciendo sancochos, rifas, reinados y bazares para conseguir los recursos y comprar los materiales para arreglar vías peatonales, tapar huecos y arborizar.
Los desmovilizados terminaron construyendo una planta para el tratamiento del agua que sirve al acueducto comunitario que desde hace 40 años pertenece a la JAC.

La cercanía que se fue forjando llevó a que Sandra conociera de fondo algunos de los problemas que enfrentan las personas que deciden dejar las armas. Uno de los que más le impactó fue la dificultad para conseguir trabajo.

Fue cuando decidió dar un paso más allá y contratar en su empresa familiar –que se dedica a construir casas prefabricadas y mobiliario urbano– a algunos de los excombatientes que terminaron de cumplir las 80 horas de servicio social.

Esa apuesta también fue un éxito. Varios de los desmovilizados que ella empleó en su pequeña empresa, hoy son tan cercanos a ella como unos hijos. Incluso, dos de ellos ya tienen casa propia y han empezado una nueva vida.

Esa historia ha llevado a que Sandra sea una mujer reconocida en Colombia. No sólo fue una de las protagonistas de los encuentros regionales de Reconciliación Colombia durante el primer semestre del año, sino que también ha sido reconocida por la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) e incluso estuvo visitando al Papa Francisco en Roma.

Con el reconocimiento como ‘Mujer Cofrem 2014’, Sandra queda postulada para el premio Mujer Cafám 2014, uno de los más importantes a nivel nacional.