Centros de reconciliación: un modelo para replicar

Espacios en donde expertos capacitan a la comunidad en herramientas de diálogo, escucha y perdón. Una apuesta que crece en Colombia de la mano de la Fundación para la Reconciliación.
  

18 noviembre de 2014
Foto: El Padre Leonel Narváez, presidente de la Fundación para la Reconciliación, habla en uno de los encuentros de Reconciliación Colombia.

Mientras la opinión pública está pendiente de la suerte del proceso de paz con las Farc, que se mantiene en vilo a la espera de que la guerrilla libere a un grupo de secuestrados –entre los que está el General Rubén Dario Alzate–, en el país se mueven desde hace años varios proyectos que le apuntan a superar los odios y lograr la reconciliación.

Es el caso de los centros de reconciliación que implementa la Fundación para la Reconciliación, liderada por el Padre Leonel Narváez (columnista de Reconciliación Colombia), un proyecto que está nominado al Premio Nacional de Paz, que se entrega este martes en Bogotá.

Espacios en los que un grupo de facilitadores capacita a personas de comunidades con altos índices de violencia en herramientas de perdón y reconciliación.

La idea surgió hace varios años y responde, según palabras del Padre Narváez, a la venganza, una de las causas más comunes de violencia. “La venganza (y las riñas, casi siempre por la misma razón) según datos de Medicina Legal en 2014, ocasionan el 93 por ciento de los homicidios sin contar las muchas otras consecuencias de innumerables violencias que no terminan en muerte”, dice.

Por eso, los centros le apuntan a que la ‘cultura política del perdón’ prevalezca sobre la venganza. 

El funcionamiento es muy sencillo. Los centros  se instalan en casas alquiladas en las zonas de intervención. Y uno o dos facilitadores, que han sido previamente entrenados, les dictan los talleres de perdón y reconciliación a jóvenes, adultos y niños de la comunidad, que luego deben entrenar a sus vecinos y familiares.

Las personas quedan capacitadas en valores y herramientas de escucha, diálogo, construcción social y reconciliación.
Debido a los lugares en los que se implementan, en los talleres generalmente participan víctimas y victimarios, lo que también convierte estos espacios en lugares para practicar el perdón. Además, la idea de la fundación es que en el centro se involucren todas las fuerzas vivas de la comunidad, como las instituciones públicas,  empresas privadas y colegios.

“Actualmente tenemos centros de reconciliación en Florencia (Caquetá), apoyados por la Agencia Nacional de Reinserción; en Bugalagrande (Valle), con el apoyo de la Alcaldía y Nestlé; y en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar de Bogotá. Aunque  se proyectan otros más con el apoyo de la Alcaldía de la ciudad”, cuenta el Padre.

Para implementar un centro de reconciliación, la inversión promedio es de 90 millones anuales, y según cifras de la Fundación para la Reconciliación, cada uno impacta cada año alrededor de 6.000 personas.

“El impacto más relevante es que los habitantes de los Barrios han asimilado las prácticas de perdón y reconciliación como ejercicio político y democrático. Ello ha ayudado no solo a la intervención de problemáticas barriales sino sobre todo, a prevenir futuras violencias”, dice el Padre Leonel.

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Estas son las cinco líneas de acción que se implementan en los centros
 
1. Cultura Política de Perdón y Reconciliación: incentiva la práctica de la restauración de principios, la solución pacífica de conflictos, la promoción del cuidado y la exigibilidad de derechos.

2. Centro de Escucha: favorece espacios de encuentro, de escucha individual y colectiva.

3. Conversar para Emprender: promueve el emprendimiento laboral y productivo, integrándolo a prácticas reflexivas de su realidad.

4. Núcleos de Reconciliación: fortalece las capacidades locales y la solidificación de liderazgos promotores de reconciliación.

5. Iniciativas Locales de Paz: empodera a las víctimas en lo público, se le reconoce su dolor  y se les proyecta hacia el ejercicio activo de la paz abandonando el ser víctimas y convertirse más bien en victoriosos.
 

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