“El eje del posconflicto son los territorios”

En la entrega del ‘Tributo Semana – Royal Salute’ quedó clara la importancia de los territorios “vivos” para construir la paz. Los ganadores y los nominados así lo demuestran.

20 de noviembre de 2014
Foto: Semana.


Vallenpaz, la corporación del Valle del Cauca que trabaja por mejorar la calidad de vida de los campesinos de su región y por acercar la zona urbana a la rural, fue reconocida este miércoles con el ‘Tributo Semana – Royal Salute’, que premia cada año a tres personas y una fundación por su trayectoria de vida y sus obras (ver entrevista con Vallenpaz).

Ese reconocimiento es muy diciente. Desde el año 2000, la corporación vallecaucana ha venido trabajando con 12.000 familias campesinas, tecnificando sus procesos, convirtiéndolos en empresarios agrícolas y acercándolas a las ciudades, con productos que se venden en los supermercados de Cali con una marca propia. De esa forma ha transformado zonas rurales del departamento.

Eso, ha convertido a la corporación en “el secreto mejor guardado de Colombia”, cuya clave según Luis Alberto Villegas, director ejecutivo de la fundación, es “reconocer que la inteligencia es el activo mejor distribuido de la humanidad y tener la capacidad de potenciarla en una persona que no ha tenido siquiera la posibilidad de ir a la escuela”.

Pero Vallenpaz no es el único ejemplo que dejó el reconocimiento acerca de la importancia de las regiones en la construcción de un nuevo país. Junto con la corporación vallecaucana, estuvieron nominadas otras siete fundaciones, muchas de las cuales tienen procesos de reconciliación dentro de los territorios. Procesos que a la hora de un eventual posconflicto serían claves.

Alejandro Santos, director de la Revista Semana y uno de los jurados del premio, lo resumió en su discurso: “El territorio es el que más debe interpretar el Postconflicto. No como un concepto paisajista y geográfico, sino el territorio vivo: el de la gente, las comunidades, su historia, y su riqueza cultural y ambiental. Ese territorio lo demuestran los ganadores y nominados de la noche”.

Ese trabajo por la paz en cada territorio se puede ver en fundaciones nominados como el Colectivo de Comunicaciones Línea 21, que impulsa con los jóvenes de los Montes de María (entre Bolívar y Sucre) temas de narración y memoria; la Fundación Yanama, que impulsa el desarrollo de la comunidad Wayúu en La Guajira; o la Casa de la Mujer, que se dedica a visibilizar el maltrato y la violencia contra el género femenino.

El Padre Leonel Narváez, presidente de la Fundación para la Reconciliación, una de las entidades nominadas que también fue finalista del Premio Nacional de Paz este año, dijo que estos procesos son importantes porque “las transformaciones empiezan desde las bases. Por eso es que las inyecciones nunca se ponen en las cabezas, sino abajo, para que luego lleguen a las cabezas. Eso es lo que estamos haciendo en Colombia”

La fundación tiene centros de reconciliación en varias de las zonas más violentas del país con las que ha logrado que la comunidad entienda la cultura del perdón y empiece a mejorar la convivencia con su entorno (ver nota sobre el modelo de los centros para la reconciliación).  

Por su parte, Gladys San Miguel, directora de la Corporación Matamoros, la entidad que apoya a policías y militares heridos en combate, le dijo a Reconciliación Colombia que  estos casos demuestran que se puede trabajar con cualquier persona en distintos ambientes. “Colombia es un país con muchas sectores y con muchas necesidades. Y a través de estos premios conocemos que están haciendo otras personas para superarlas”.   

Lo cierto es que como dijo Luis Alberto Villegas, director ejecutivo de Vallenpaz, al recibir su reconocimiento: “este premio muestra que la construcción de paz en Colombia trasciende a un programa de Gobierno. Y reconoce que nuestro País se debe construir desde los territorios, y que en la provincia hay capital humano y corporativo con experiencias probadas, escalables y replicables de construcción de paz”.