La otra cara de Altos de Cazuca

En uno de los barrios más violentos de Bogotá, un joven que hizo parte del microtráfico y las pandillas ahora trabaja para cumplir los sueños de los emprendedores de su comunidad. Historia de Misión Impacto.
 
18 de noviembre de 2014
Foto: Misión Impacto.

 
En los límites entre Bogotá y Soacha, en medio de lomas repletas de casas de invasión y calles sin pavimentar, queda un sitio que muchos consideran como uno de los más peligrosos de Colombia. 
 
Se trata de Altos de Cazucá, un barrio ubicado a pocos minutos en carro de la capital del país, pero que ningún bogotano se atreve a visitar. Un lugar en el que cerca de 69.350 personas viven en situación de pobreza, rodeadas de droga, violencia y microtráfico.
 
Un lugar en el que, sin embargo, también existen historias esperanzadoras y proyectos que hacen pensar que un país en paz sí es posible. No sólo porque en medio de un entorno tan adverso crece el compañerismo y el trabajo en equipo, sino porque jóvenes que antes empuñaron las armas, ahora impulsan un cambio profundo en esa sociedad.
 
Es el caso de Milton Garzón, un joven que al crecer no tuvo muchas opciones diferentes a escoger el camino de la violencia, pues su abuela era la jefe de una reconocida banda de tráfico de drogas que llenó de vicio las calles del barrio. Lo que convertía a su familia en una pandilla dedicada a matar, robar y extorsionar.

Vea el capítulo de Misión Impacto con la historia de Milton y los casos de emprendimiento en Altos de Cazucá.
 
Con el tiempo Milton, quien se había convertido en un sicario del grupo de su abuela, tuvo que enfrentar una de las épocas más duras en la historia de Altos de Cazuca.
 
Entre 1999 y 2009, el conflicto colombiano se trasladó a esta parte de la Colombia urbana. Miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), llegaron al barrio con la intención de hacer ‘limpieza social’ y controlar el negocio de las drogas.
 
Fue cuando comenzaron a matar, uno a uno, a los miembros de las pandillas y a todo aquel que estuviera en su contra. Toda la familia y los amigos de Milton fueron asesinados en esa época, como lo cuenta un documental llamado ‘El nieto de la abuela’.
 
Él, asustado, tuvo que encerrarse en su casa en lo que llamó un ‘auto secuestro’ por miedo a ser el siguiente en la lista de los grupos de limpieza social. Allí, Milton sobrevivió.
 
“Viví momentos muy duros en donde, incluso, pensé que no valía la pena que yo viviera”, cuenta. Fue cuando su relación con Leidy Agudelo, una mujer con quien tuvo un hijo, lo llevó a tomar la decisión de dejar atrás la violencia e iniciar una nueva vida.
 
Desarrollar las ideas de otros
 
En esa misma época llegó al barrio Mateo Alexander, un estadounidense que había fundado Ahmsa, una organización sin ánimo de lucro dedicada a sacarle provecho al emprendimiento social y la innovación en las comunidades más pobres de Colombia. Allí conoció a Milton y lo convenció de trabajar con él.
 
Desde entonces, Milton se convirtió en el coordinador de la organización en la zona, y comenzó a buscar entre sus amigos y conocidos personas con ideas innovadoras que se pudieran convertir en emprendimientos capaces de cambiarle la cara a los Altos de Cazucá.
 
Fue así como ‘reclutó’ a Jhon Jairo Bucurú, otro muchacho que hizo parte de las pandillas y que decidió dejarlas por su hija, y que ahora produce libretas y cuadernos con material reciclado de forma manual, con la ayuda de jóvenes de la zona a los que aleja de la violencia.
 
A Martha Vargas, una señora de la zona que hace tenis y capacita en marroquinería a madres cabeza de familia de la zona.  O a Wilson Cubillos, quien fue drogadicto y ‘metió’ pegante y bazuco, pero que ahora quiere montar una panadería – pizzería comunitaria que beneficie a los jóvenes del barrio. 
 
Con la ayuda de Ahmsa, Milton los apoya con capacitación en manejo financiero y administrativo, microcréditos y asesorías, y los ha convencido de transformar sus ideas y pequeños proyectos en grandes negocios. Un camino que ya están recorriendo.
 
Un encuentro de dos mundos
 
La idea de Milton para que esos negocios se vuelvan rentables, es atraer a las personas y los empresarios de la otra Bogotá; la boyante, moderna, tecnológica y llena de recursos que descansa debajo de las lomas de Cazucá.
 
“Es unificar dos bogotás. Traer gente (sobre todo empresarios) de la Bogotá de abajo, y llevarlos a Cazuca para financiar las buenas ideas de los emprendedores”, explica Mateo, quien sigue liderando Ahmsa.
 
Para llevar a cabo ese sueño, ambos (Mateo y Milton) decidieron traer a Cazuca el formato TEDx, un modelo que arrancó hace 30 años en Estados Unidos y que pone a hablar en pequeñas conferencias a las personas comunes y corrientes que tienen ideas para cambiar el mundo o historias de vida que demuestran que se puede transformar la sociedad.
 
Pero en este caso, decidieron hacerlo de una forma original. El público estaría conformado por empresarios colombianos y extranjeros, y los conferencistas serían los emprendedores que apoya Ahmsa. Además, en los espacios entre charlas, se podrían cerrar negocios entre los inversionistas y los emprendedores.
 
El 7 de junio, en uno de los salones comunales de la zona, Milton y Mateo hicieron realidad su idea. Cerca de 150 personas se reunieron para escuchar las historias e ideas de personas como Jhon Jairo, Martha y Wilson. Y las personas de Bogotá que siempre piensan en Cazucá como una zona de conflicto y violencia, pudieron ver la otra cara; la de las personas que a pesar de las adversidades trabajan por salir adelante.
 
La forma en la que Miltón y Mateo hicieron realidad su idea, salió en el último capítulo de Misión Impácto, el programa de RCN TV que se dedica a mostrar las historias de colombianos que con ingenio y pocos recursos le solucionan problemas a las comunidades.
 
En este caso, Miltón recibió la ayuda del comediante Diego Camargo, quien apoyo a Ahmsa en la construcción de las instalaciones para el TEDx, que se llevó a cabo a mediados del 2014.