Lo que sorprendió de Colombia a una víctima del 11-S y de Jerusalén

Reunidas en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación víctimas de las 107 personas que murieron en el avión de Avianca piden, simplemente, ser reconocidas. Hicieron memoria, 25 años después.

27 de noviembre de 2014

En este aniversario, el número 25, las víctimas del avión de Avianca se reunieron en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá para pedir que no le cueste tanto al Estado reconocerlos como lo que son: víctimas. La separación legal entre las personas afectadas por el conflicto armado y las afectadas por el narcoterrorismo han generado una especie de desamparo mayor con respecto a estas últimas.

Por eso, las mismas víctimas decidieron traer como invitadas internacionales a dos mujeres que sufrieron en carne propia el atentado de las Torres Gemelas y el de un autobús en Jerusalén. La invitación la cursaron a través de la Fundación Colombia con Memoria, que hoy en día reúne a 75 familias del total de 107 pasajeros del Boeing 727-21.

Querían que estas dos mujeres le dijeran al auditorio que las escuchaba por qué ellas sí son víctimas. Se trató de Wendy Lanski y de Sarri Singer. Tras narrarle al auditorio sus historias, Reconciliación Colombia les preguntó qué ha sido lo que más les ha sorprendido de este caso que conmocionó al país en noviembre de 1989 y sus respuestas fueron muy reveladoras:

Para Wendy Lanski, hoy dedicada al apoyo de las víctimas de los eventos del 11 de septiembre de 2001, la sorpresa mayor fue que al investigar el caso del avión de Avianca la gran mayoría de las víctimas no han recibido apoyo estatal. “Me parece increíble que no hayan recibido ningún tipo de compensación”, le dijo esta estadounidense a Reconciliación Colombia, y agregó: “Si el Gobierno está dando pasos en este sentido, me parece algo maravilloso”.

Lo dijo porque Paula Gaviria, directora gubernamental de la Unidad de Víctimas, comentó que de las 60 solicitudes ante su entidad, 49 de estas ya han ingresado al registro y representan a 116 víctimas directas. En Colombia ha habido un intenso debate de si las víctimas del terrorismo entran o no en la Ley de Víctimas de junio de 2011.

En principio, no. Pero Federico Arellano, una de las víctimas directas de este atentado, logró su reconocimiento y, en consecuencia, abrió un camino por el que cientos de víctimas del terrorismo quieren también transitar. De hecho Gaviria comentó este jueves que “este hecho sí tiene relación con el conflicto interno”. Y, a paso seguido, añadió: “Queremos buscar al resto de familias para facilitar su inclusión en el registro y luego avanzar en su reparación y atención”.

Por su parte, a Sarri Singer, quien iba en autobús que fue objeto de un atentado en Jerusalén, lo que más le sorprendió es la amplitud de factores que causan víctimas en Colombia. “Me he impactado la forma como el terrorismo está aquí representado por muchísimas circunstancias, con muchas vertientes y de muchas formas”, le dijo a Reconciliación.

Y es cierto. A lo largo del día que honró la memoria de las víctimas estuvieron no solo los familiares de las personas que murieron en el fatídico vuelo HK 1803, sino campesinos desplazados por la violencia del conflicto armado, como José Domingo Collante, líder campesino del movimiento Asociación de Agricultores Víctimas del Conflicto Armado en Colombia, y María José Pizarro, hija del líder del M-19 Carlos Pizarro, asesinado el 26 de abril de 1990. Desde muchos ángulos se expuso cómo las víctimas luchan simplemente por “ser”. Por “ser ellas”.

Al solidarizarse con las personas que murieron en el atentado el 27 de noviembre de 1989, Collante dijo que a miles de campesinos se les ha negado su derecho a vivir en sus tierras. Quieren borrarlos de la faz de la tierra. Y María José Pizarro, quien vivió fuera del país y sin su identidad buena parte de su vida para no correr riesgos, comentó que es consciente de la violencia generada por la guerrilla, pero también quiere que los colombianos se den cuenta de que en Colombia se ha negado el pluralismo y la diversidad ideológica.

Al tratar de entender todo esto en solo un día de reflexión, las dos invitadas internacionales que sobrevivieron también a atentados llegaron a una conclusión: en todos y cada uno de los casos se necesita presencia estatal. “Esta, en realidad, es una forma de sanar”.

Para Wendy Lanski esta presencia es efectiva no solo a través de una indemnización económica, sino de una educación que transforme los entornos de las víctimas; el apoyo sicológico a estas, pues los traumas pueden permanecer años; y el reconocimiento de su dolor a través de cosas tan sencillas como monumentos. Y viendo estas necesidades, Sarri Singer creó la Fundación Strength, pues entre las víctimas “hay un vínculo que se manifiesta inmediatamente”.

El recorrido de la iniciativa de país Reconciliación Colombia por más de 90 municipios del país, en donde se identificaron los principales actores, iniciativas y retos de cada una de las regiones del país en materia de reconciliación, deja ver conclusiones en este aspecto. Por ejemplo, “reconocer a las víctimas es un ejercicio que involucra memoria y devolverles a las personas su condición de ciudadanos con derechos”, dijo Ximena Botero, quien coordina este proyecto que reúne a más de 40 aliados de organizaciones sociales, del empresariado, de los medios de comunicación, cooperantes internacionales y de entidades estatales que tienen responsabilidades en este tema.

Para nadie es ya un secreto que la reconciliación implica que haya un encuentro de “confianza” entre el Estado y la sociedad, y entre los mismos ciudadanos, perdido por tanto años de conflicto violento, como lo dijo Ana Teresa Bernal, alta consejera distrital para los derechos de las víctimas.

En últimas, se trata de un ejercicio en el que se mezcla trabajar el pasado, el presente y el futuro, de la forma como mejor lo describió María José Pizarro: “Trabajar la memoria como vehículo que transforma, que construye y que se proyecta hacia el futuro”.