El General que odia la guerra

Estuvo en el país Colin Powell, exsecretario de Estado de Estados Unidos, quien acudió a su origen humilde para decirle al país que la reconciliación implica educación y oportunidades. También habló sobre el reto que implica planear qué hacer con la fuerza militar una vez termine la guerra.

2 de diciembre de 2014

Uno de los hombres estadounidenses de mayor poder en los últimos tiempos estuvo de visita en Colombia para participar del foro Colombia en tiempos de paz promovido por El Espectador y Caracol TV, medios aliados de la iniciativa de país Reconciliación Colombia. Se trató del exsecretario de Estado del Gobierno de los Estados Unidos, Colin Powell, quien como tal lideró varias de las decisiones de ese país sobre la intervención militar en el Golfo Pérsico.

Por eso quizá buena parte del auditorio pensó encontrar a un hombre rudo, tropero, y defensor a ultranza del uso de la fuerza para resolver los conflictos. Pero no fue así.

En su lugar, el auditorio se encontró con un ser humano de profunda sensibilidad que acudió a su raza negra, a su extracción humilde, a su condición de hijo de inmigrantes jamaiquinos para decirle al público que la fuerza del pueblo estadounidense está en que es una sociedad que brinda oportunidades a todos, como a él, que siendo negro, viviendo en un barrio popular del sector del Bronx de Nueva York y estudiando en escuela pública llegó a ocupar una de las más altas dignidades de su gobierno.

“Fui soldado por más de 35 años y como soldado gozo de reputación. Y me valgo de esta para decirles que odio la guerra porque puedo prever las pérdidas de vida que se producen de lado y lado”, comenzó diciendo.

Por eso, dijo, que la política que ha dirigido a lo largo de su vida es aplicar la fuerza necesaria, pero para  “retomar el camino hacia la paz”. “Algunas veces la diplomacia no es suficiente. A veces se necesitan métodos mucho más contundentes”, anotó al agregar que cree que eso fue precisamente lo que hizo Colombia para llegar al punto en el que está. “Si hay que librar la guerra, hay que librarla pronto para dedicar la energía a los que más lo necesiten”, dijo.
 
Por eso Powell es de la opinión que no hay que desaprovechar el momento histórico. “Felicito a Colombia por ese empeño agresivo en el que están. Espero que este proceso se reanude y llegue a su fin”, afirmó.

Y advirtió: “Después de finalizar el proceso de paz comienza la verdadera reconciliación. Este tema es nada menos que el futuro del país”. A su juicio, será más fácil avanzar en este camino si hay Estado de Derecho e instituciones fuertes.

De forma que para este señor de la guerra hay que enfocar los esfuerzos en cosas que, de verdad, le generen bienestar a la gente. Y contó una anécdota de los falsos imaginarios que se crean cuando un país enfrenta una guerra. De visita en Egipto sus autoridades le preguntaron lo que pensaba él era la necesidad más apremiante del pueblo egipcio. A lo que él, sin dudar, respondió: acabar la tensión de Oriente Medio con los israelíes. Las autoridades de Egipto le increparon: “No es así. Lo que necesitamos es empleo para nuestras gentes”.

Al rememorar este momento, Powell se dirigió al auditorio que acudió a la biblioteca Julio Mario Santo Domingo este primero de diciembre para decirles: “Con un empleo hay respeto en casa. La dignidad entra por la puerta porque tengo que poner sobre la mesa para darles de comer a mis hijos. Es la mejor forma en que haya paz y reconciliación”.

Por eso, al evaluar lo que pasa no solo en muchos lugares del mundo, sino también en su propio país, dijo que hay que trabajar arduamente para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones que se quedan rezagadas, pues muchos, como en su caso, logran salir y volverse clase media, “pero hay otros que se van quedando más y más atrás”. Por eso no dudó en afirmar: “esto último debe ser nuestro foco”.

E incluyó a las juventudes y a los inmigrantes como parte de la riqueza y del poder transformador de las estructuras sociales que se resiste al cambio, como, por ejemplo, ocurre con el Congreso estadounidense. “Yo soy de los que me alegro con los inmigrantes porque enriquecen nuestra cultura”, le dijo al auditorio al informar que las proyecciones estiman que en 30 años el 51 por ciento de la población estadounidense será afroamericana, hispanoparlante y asiática-estadounidense. En todo caso, dijo, no hay nadie en Estados Unidos que no sea hijo de alguien que en algún momento haya sido inmigrante.

La necesaria transición militar

Como soldado, Powell se inició en el terreno militar en la frontera alemana del lado occidental y tenía como misión impedir la incursión rusa que pudiera provenir del lado oriental. Era la época de plena Cortina de Hierro. Su trasegar durante más de 30 años en la vida militar lo llevaron como asesor de seguridad a la Casa Blanca. Y aquí vino otra anécdota que quiso usar para crear una reflexión en el estamento militar:

Recuerda su encuentro con Gorbachov en el Kremlin, tras el fin de la Guerra Fría. Powell reconoció que en aquel momento le fue muy difícil asumir que esta, la guerra a la que le dedicó su vida, había llegado a su final. En aquel diálogo, su actitud agresiva con quien representaba el archienemigo estadounidense fue bien interpretada por el hombre que lideró la Perestroika. Que increpó a Powell. Gorbachov le dijo: “General, me disculpo. Usted va a tener que encontrar un nuevo enemigo”. Así era: Rusia era la principal amenaza y la Guerra Fría llevó al fin de esa rivalidad.

De esta manera, dijo el general estadounidense, los militares deben asumir que una etapa de posconflicto y de reconciliación necesariamente trae el reto intrínseco del recorte militar y de un nuevo foco para las Fuerzas Armadas. “En ese momento, millones de militares y de civiles dependían de mí. Cuando regrese a Washington les dije: ‘se acabó’”.

Se inició entonces la destrucción de 28 mil armas nucleares y la reducción de la tropa militar. Muchos fueron enviados a sus casas. Y sabe que esto es muy duro porque tiene que ver con el status y con el quehacer diario de muchas personas en armas.

La tercera y última anécdota está escrita aquí para reflexionar sobre la coyuntura actual cuando la foto del general Alzate junto con la del guerrillero ‘Alape’ (en momentos de liberación del primero), ha causado tanto revuelo e ‘indignación’.

Powell contó que ya sin Guerra Fría y como secretario de Estado fue a Rusia, donde tuvo la oportunidad de encontrarse con su homólogo de los tiempos de la Cortina de Hierro. Y cuando estuvo frente a él, le dijo: “General, finalmente nos conocemos. Yo tenía su foto en mi escritorio. Y cada vez que pedía recursos, los justificaba diciendo es que es por culpa de él”. Entonces, cuenta, el general ruso le respondió: “General, déjeme decirle que yo también tenía su foto en mi escritorio”.

Con jocosidad, Powell dijo que no supo si la respuesta del general obedeció a un hecho cierto o a su cortesía, pero muestra que tras la guerra, los enemigos que están en la cabeza deben caer.