Lecciones internacionales en justicia transicional

Expertos que han trabajado directamente en tribunales especiales para el Líbano, Timor Oriental, Bosnia Herzegovina, Camboya y Sierra Leona estuvieron en Colombia para relatar sus experiencias. El debate está encendido por la advertencia de la CPI en el tema.
 
5 de diciembre de 2014
 
Recientemente, el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés) convocó en Bogotá a expertos venidos de distintas partes del mundo para conocer de ellos su experiencia en tribunales especiales y salas extraordinarias en contextos de justicia transicional. Durante dos días (uno público y otro privado) debatieron sobre su experiencia y también fueron muy respetuosos a la hora de ‘dictar cátedra’ sobre lecciones para Colombia.

Como director adjunto de programa del ICTJ, Fernando Travesí, quien estuvo a cargo de las observaciones finales, le facilitó a Reconciliación Colombia sus notas, las que queremos presentar tal cual las levantó por considerarlas de gran relevancia para el momento actual colombiano.
 
Antes de presentarles las conclusiones generales del panel ‘La Justicia Penal en Contextos de Transición: Experiencias Internacionales a Debate y Lecciones para Colombia’, hay que mencionar la calidad de las personalidades que el ICTJ invitó, con el apoyo de la Embajada de Suecia y la Oficina del Comisionado para la Paz:
 
David Tolbert, presidente del ICTJ; Fidelma Donlon, Marko Prelec y Mechtild Lauth para el caso de la sala de crímenes de Guerra de Sarajevo, en Bosnia Herzegovina; Diane Orentlicher y Bárbara Holá para el caso de la Antigua Yugoslavia en Bosnia-Herzegovina y para Ruanda; Evelyn Anoya, Guénaël Mettraux y Refik Hodzic, para el caso del Líbano; Marieke Wierda, para el caso en Libia; Tarik Abdulhak y Youk Chhang para el caso de Camboya; y Sofía Candeias, para Timor Oriental.
 
Estas son las conclusiones cedidas a Reconciliación Colombia por Fernando Travesí, del CJT:

  • Después de escuchar ejemplos de los distintos tribunales y salas se puede extraer una primera conclusión, quizá un tanto obvia, pero no por ello menos relevante: en la Justicia Transicional no existen soluciones perfectas, ni modelos únicos, ni recetas mágicas. Cada país tiene que ser capaz de construir un modelo de acuerdo con sus necesidades.
  • Todos los casos son diferentes y responden a contextos determinados. Cada uno con sus propias características, sus diferencias y disparidades. Aunque todos los conflictos pueden llegar a ser iguales cuando miramos el dolor que generan, el sufrimiento y el impacto de la violencia, a la vez, son todos únicos y diferentes en sus causas, sus detalles, su desarrollo, las singularidades que los condicionan y los elementos que les hacen un día explotar y otro, terminar. Cada uno, no solo marcado por su propia historia nacional sino también influenciado de forma diferente por su entorno regional, internacional y los desarrollos políticos y legislativos de su tiempo.
  • Los tiempos cambian y dentro de la especificidad de cada ejemplo escuchado hay que decir que en cuanto a la justicia criminal se refiere, la mayoría de ejemplos de referencia del mundo fueron previos a la CPI -Corte Penal Internacional-. Este es un punto que debe subrayarse como especialmente relevante.
  • Si los contextos no son iguales y ninguna solución es automáticamente trasplantable y cada caso concreto exige una solución concreta, específica y diferente, hay que evitar caer en la tentación de trasplantar cualquiera de estos modelos, o cualquier otro, al caso colombiano.  También debe evitarse caer en la tentación, en el pensamiento reflejo y  automático, de que la responsabilidad penal por los crímenes cometidos durante un conflicto debe dirimirse por un Tribunal Internacional, ya que estos tienen una historia llena de retos y desafíos; éxitos, pero también fracasos.
  • Tal y como lo ha dicho el presidente del ICTJ, David Tolbert, tras su experiencia directa en muchos de los casos de los que se ocupó el panel ‘La Justicia Penal en Contextos de Transición: Experiencias Internacionales a Debate y Lecciones para Colombia’, las  soluciones internacionales deben contemplarse después de una cuidadosa mirada a las posibilidades, capacidades y experiencia del sistema nacional; y un detallado análisis de los problemas que se quieren resolver. Es posible que una solución internacional no sea la respuesta adecuada a los problemas. Las soluciones internacionales deben ser complementarias a la legislación y al sistema nacional. Solo en los casos en los que no sea posible, una solución con mayor o menor nivel de internacionalización, sería recomendable.
  • Los distintos expertos internacionales coinciden en que un país debe preguntarse qué le aporta un tribunal internacional y qué le hace recurrir a este para investigar o juzgar los crímenes cometidos en su territorio. Y, de acuerdo con estos, los motivos serían dos principalmente: uno, falta de capacidad del país; dos falta de credibilidad del sistema nacional.
  • En el caso colombiano, no parece que la falta de capacidad sea un tema relevante. Es posible que, a menudo, precisamente, la profusión y sofisticación jurídica-legislativa pueda ser parte del problema (lo digo como alguien que trabajó en este país por casi ocho años) .
  • Sin embargo, el tema de la credibilidad o confianza sí sería un tema relevante para considerar (para el caso colombiano).
  • No obstante, hay que ser cautos. La instalación de un Tribunal Internacional no tiene una relación automática, ni inmediata en el aumento de la credibilidad y confianza en el sistema de justicia de una sociedad de un país que atraviesa un complejo proceso de transición. De hecho, puede ser incluso contraproducente. La búsqueda de un sistema que pueda tener credibilidad para las partes de un conflicto y que genere confianza en el país no pasa necesariamente por un tribunal internacional, sino que hay muchas otras opciones que dan prioridad, en mayor o menor medida, a lo nacional.
  • Efectivamente, además de los Tribunales puramente internacionales (sean permanentes y con una jurisdicción específica como la CPI, que solamente actúa en los momentos en los que un Estado no puede o no tiene voluntad para investigar) o los creados ad hoc (Tribunal de la Antigua Yugoslavia, Tribunal de Ruanda) existen también otro tipo de tribunales, también ad hoc, que son híbridos, o mixtos, así como diferente grados de internacionalización de sistemas nacionales que también han buscado reforzar, o crear, confianza y credibilidad. En este sentido, la Cámara Especial de Crímenes de Guerra en Bosnia ha resonado como un ejemplo interesante y creativo en numerosas ocasiones.
  • Tras escuchar las experiencias internacionales, la obvia pregunta que queda en el ambiente es si Colombia debería crear un tribunal específico’ para juzgar y condenar los crímenes graves cometidos en el conflicto. Si la respuesta es sí, ¿debería ser un tribunal Internacional?, ¿debería ser mixto? , ¿debería enmarcarse en el sistema de justicia nacional contando con algunos elementos internacionales?, o ¿quizá con una jurisdicción específica y alternativa a la nacional?
  • Mantienen su vigencia las preguntas planteadas como guía de la discusión de los expertos por parte del ICTJ: ¿aplicaría el mismo sistema de sentencias que para la justicia ordinaria?, ¿penas similares y  los mismos sistemas de ejecución?, ¿cuáles serían los procesos, apelaciones, jurisdicción y competencia?, ¿debería tomarse nota de procesos especializados que Colombia ya ha tenido?, ¿deben juzgarse todos los crímenes?, ¿investigar a todas las personas?, ¿contemplar amnistías?, ¿cómo se haría la priorización y la selección de casos?, ¿debería haber retroactividad?
  • La pregunta final: ¿es capaz el sistema colombiano de adaptarse e introducir los cambios necesarios que, siendo compatibles con su sistema, pueda investigar y juzgar los crímenes más serios cometidos durante el conflicto?, ¿qué capacidad de adaptación tiene?, ¿sería capaz o debería recurrir a un sistema totalmente externo?
  • La elección de un tribunal o de una corte no es una cuestión simple, ni se resuelve de manera independiente. Implica todo un sistema que exige abordar las sentencias, las apelaciones, procedimientos, etc. Todo ello de acuerdo con los límites del sistema nacional, el espacio internacional y la necesaria creatividad para encontrar soluciones a problemas de gran calado
Como última conclusión es importante recalcar que la Justicia Transicional no se reduce a un proceso penal. Es un conjunto de procesos mucho más amplio y complejo en el que la justicia criminal juega un rol en combinación con muchos otros elementos. Con otros muchos procesos que el país debe adelantar y, con todos ellos, contribuir al restablecimiento del Estado de Derecho, de la relación de confianza entre los ciudadanos con el Estado, gravemente afectada por el conflicto; y reforzar la percepción de que el Estado puede garantizar, a futuro, una vida en paz para todo el país.