“La firma de la paz no va a cambiar mágicamente al país”

Kenneth Bush, director ejecutivo de la Unidad de Postconflicto, Recuperación y Desarrollo (PRDU) de la Universidad de York estuvo en Colombia conociendo experiencias regionales de paz.  Reconciliación Colombia habló con él.

16 de diciembre de 2014

¿Cuáles son los principales retos para una sociedad como la colombiana que quiere hacer la transición del conflicto al posconflicto?

Varios. Uno social, que tiene que ver con reconstruir la confianza que se ha perdido en todos los niveles. Otro económico, que implica transformar una economía que ha vivido de la guerra. Y eso no sólo es capacitar, crear algunos empleos o cambiar los cultivos de coca por cultivos lícitos, sino transformar toda la estructura económica para recibir a una gran cantidad de personas que estuvieron alzadas en armas y ahora quieren oportunidades.

¿Qué otros?

Hay otro que es político. En todo país en conflicto hay zonas en donde las instituciones estatales no son bienvenidas y en donde el Estado no ha hecho bien su trabajo. Al terminar el conflicto es necesario reformar las estructuras estatales y llevar el Estado a esas zonas. Un reto importante porque la firma de un acuerdo de paz  no va a cambiar mágicamente el país o la estructura del Estado.

Pero en un país tan centralista como este, ¿cómo hacer esas transformaciones en el nivel territorial y local?

Es una pregunta clave, porque el conflicto ocurre en lugares muy específicos. Pero yo soy optimista, pues estuve recorriendo algunos de esos lugares en Colombia y me encontré con personas que trabajan en gobiernos locales y tienen capacidades impresionantes. Ahora hay que lograr que los gobiernos locales y regionales trabajen alineados con el Gobierno Nacional. La clave es unir esas piezas como en un rompecabezas.

Usted ha hablado de retos sociales, económicos y políticos, ¿falta alguno?

También hay una dimensión de seguridad que toca tener en cuenta. Empezando por los asuntos mecánicos y técnicos que implican la desmovilización de excombatientes. Por ejemplo, ¿cómo verificar que las armas ya no se están usando?

Pero también está lo que yo llamo ‘la desmilitarización de la mente’.  Cuando una sociedad vive en guerra por tanto tiempo, cualquier problema se resuelve con violencia y uno de los mayores retos es reconstruir los mecanismos familiares, comunitarios y sociales para solucionar pacíficamente los conflictos.

Usted ha estado viajando por Colombia en las últimas semanas, ¿qué le llamó la atención de nuestro caso?

Colombia está llena de personas con capacidades increíbles. Y no hablo de los expertos o de los académicos, habló de las personas que me encontré en terreno: los campesinos, los cultivadores de café, los que trabajan con organizaciones sociales… todos están llenos de entusiasmo a pesar de las circunstancias.  Lo que vi aquí en ese sentido es mucho mejor de lo que hay en otras zonas de conflicto.

Y entonces, ¿cuál es nuestro mayor reto?

Recuperar la confianza que han perdido por tantos años de conflicto. Esa pérdida se ve muy clara en las zonas en donde hubo cultivos ilícitos, pues la coca separó a los campesinos y cada uno cogió por su lado. Pero eso mismo pasó en diferentes sectores y niveles con los 44 millones de colombianos. Ese fue el nivel de desconfianza que me encontré.

Pero recuperar la confianza es algo muy intangible…

Sí, porque empieza desde un plano personal, luego pasa a uno grupal y finalmente llega al nivel de la sociedad. Pero la tarea ‘tangible’ es recuperar la confianza entre la sociedad civil y el Estado, entre la sociedad civil y los empresarios, y entre los empresarios y el Estado.

De todo lo que usted ha investigado en otros países, ¿qué puede aprender Colombia?

El primer lugar al que Colombia debe mirar para sacar lecciones es Colombia. Deben reconocer la diversidad de experiencias que hay en el país.

Nosotros en la universidad investigamos varios casos de construcción de paz en zonas de conflicto, y cuando llegamos a terreno nos damos cuenta que la realidad es muy distinta a lo que leímos. Con las lecciones internacionales pasa lo mismo, ustedes pueden escuchar a expertos de Irlanda o Sudáfrica que van a tener relatos maravillosos de cómo se diseñaron los mecanismos, pero si se van a vivir a esos países, se van a dar cuenta de cómo funcionaron las cosas en realidad.

¿Y qué ejemplos concretos debemos mirar?

La respuesta es: miren todos los casos. Lean sobre cada uno y háganlo críticamente. Vean qué puede funcionar aquí y que no, y como lo pueden adaptar a su país. Por ejemplo, el plan de paz en Irlanda del Norte costó tres veces y medio el Plan Marshall con el que se pagó la reconstrucción de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, y lo pagaron los países del continente. En Colombia, eso no va a pasar, pues ese monto no lo va a pagar nadie para un país de Sudamérica.

¿Qué deben hacer las instituciones externas que llegan a una zona para trabajar en temas de construcción de paz para no generar más conflicto del que pretenden solucionar?

Pues toda institución que llegué a trabajar en una zona de conflicto debe tener mecanismos de evaluación y de monitoreo. Lo que proponemos es que además de medir la rentabilidad o la cantidad de beneficiados, también midan los potenciales conflictos que pueden crear sus proyectos en las comunidades.