Los personajes de la reconciliación en el 2014

Por el impulso que dieron a una sociedad más incluyente, a superar la discriminación o la violencia o a dejar atrás los odios del pasado, cada uno de ellos contribuyó desde diferentes ámbitos a una Colombia o un mundo más cerca de alcanzar la paz.
 

Alan Jara
Gobernador del Meta
 
Jara estuvo secuestrado por las Farc por más de siete años. No pudo despedirse de su madre, que murió un año después de su secuestro, ni ver crecer a su hijo, pero después de recuperar su libertad decidió perdonar. Desde entonces, se ha dedicado a construir espacios de reconciliación.
 
“Los que hemos sufrido el conflicto, sabemos que debemos construir escenarios de paz y de reconciliación para que no hayan más víctimas, porque sabemos lo que es sufrir el conflicto y eso no se le desea a nadie”, dijo en alguna ocasión.
 
Jara ha impulsado la idea de que la reconciliación debe construirse desde los territorios, porque es allá donde más se ha sufrido el conflicto.
 
“El debate tiene que darse en las regiones, porque es allí donde se ha vivido el conflicto. Que la inversión sea directamente proporcional al impacto de la guerra porque en la periferia es donde ha habido menor presencia del Estado”, dijo en uno de los encuentros de Reconciliación Colombia.

Su generosidad y su constancia en la lucha por la paz lo llevó a recibir el Premio Liderazgo por la Paz, que se otorgó por primera ocasión este año.
 
Constanza Turbay
Víctima 
 
Es la única sobreviviente de un clan político tradicional de Caquetá. 
 
El 29 de diciembre de 2000, las Farc asesinaron a su hermano Diego Turbay Cote y a su madre, en una carretera del departamento. Su hermano Rodrigo permaneció varios años secuestrado y murió en cautiverio.
 
Como integrante de la primera delegación de víctimas que viajó a La Habana, Constanza se encontró cara a cara con sus victimarios. Minutos después de escuchar su testimonio, ‘Iván Márquez’, jefe del equipo negociador de las Farc, se le acercó y le pidió perdón. “Fue un perdón sincero, no mecánico”, dijo después Constanza.
 
“Después de un dolor irreparable como el mío, muy lamentablemente para mí no es mucho lo que las FARC me puedan dar a cambio, pero esa solicitud auténtica de perdón de ‘Iván Márquez’ trascendió en mi alma, en la historia de los míos y en la historia de Colombia”, escribió Constanza en una carta abierta publicada unas semanas después.
 
Su ejemplo le mostró al país que pese a lo difícil que es perdonar, es posible seguir adelante.

 
Jineth Bedoya
Periodista
 
El 25 de mayo de 2000, cuando hacía reportería para un artículo en el que trabajaba como periodista de El Espectador, Jineth, que en ese entonces tenía 26 años, fue secuestrada por tres paramilitares a las puertas de la cárcel Modelo de Bogotá y posteriormente violada y torturada.
 
“Cuando a una mujer la agreden de esa forma, la humillación es lo más doloroso. Hay cosas que se te quedan grabadas en la cabeza y que te martillan todos los días. Ellos me hicieron cosas terribles como mujer, de las que nunca he hablado, ni siquiera en la Fiscalía, porque forman parte de ese pudor de mujer: lo que hicieron en mi cuerpo, en mis senos, en mis brazos…”, dijo en una reciente entrevista para la revista Fucsia.
 
Frente a la humillación que sufrió, Jineth tuvo el valor de no ocultarse, sino por el contrario hacer que su caso se convirtiera en un ejemplo para que otras mujeres no tuvieran que soportar en silencio actos de violencia como el que ella sufrió.
 
Como resultado de su esfuerzo, este año fue decretado el 25 de mayo como el Día Nacional por la Dignidad de Víctimas de Violencia Sexual. Jineth, quien hizo parte de uno de los cinco grupos de víctimas que viajaron a La Habana, ha llevado su voz a diferentes espacios en el mundo para promover su causa.
 
“La violencia contra las mujeres se volvió parte del paisaje y hasta ahora estamos en esa etapa de despertar, de tomar acciones para reeducar al propio Estado para que se encargue de reeducar a nuestra sociedad. No podemos permitir que al año tengamos 18.000 mujeres violentadas en el país”, dijo en su entrevista con Fucsia.
 
Maurice Armitage
Empresario
 
El Presidente de la Siderúrgica de Occidente fue secuestrado dos veces, la primera por las Farc y la segunda por un grupo de delincuencia común que pretendía venderlo a la guerrilla.
 
Hubiera podido irse del país, pero prefirió quedarse, y en vez de aislarse y tomar medidas para fortalecer su seguridad, decidió trabajar por las personas de las comunidades más pobres de Cali, su ciudad.
 
“Hay que usar el sistema capitalista para ganar plata, pero tenemos que gastarla pensando en el sistema socialista. Los que tenemos más dinero, tenemos mayor responsabilidad con el país y con los que no han tenido tantas oportunidades”, dijo en el segundo encuentro de Reconciliación Colombia.
 
Armitage, además, pagó los 15 millones de pesos que cobró el abogado que defendió a su mayordomo, acusado de dar información a quienes lo secuestraron. “Todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad”, le dijo Armitage.
 
El empresario llevó su testimonio a La Habana como integrante de la quinta delegación de víctimas y ha aprovechado diferentes espacios para promover la idea de que la reconciliación no es solo responsabilidad del Estado, sino de toda la sociedad y en especial de aquellos que tienen más.

 
 
Fabrizio Hochschild
Coordinador Residente y Humanitario de las Naciones Unidas en Colombia 
 
Hochschild ha cumplido un papel discreto y hasta cierto punto poco agradecido para impulsar el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc.
 
La ONU, junto con la Universidad Nacional y la Conferencia Episcopal, fueron las encargadas de elaborar el listado de las sesenta víctimas que viajaron a La Habana a entrevistarse con los negociadores del Gobierno y las Farc, así como de organizar los tres foros regionales de Víctimas y uno Nacional en el que víctimas de todo el país pudieron exponer sus propuestas y preocupaciones para la mesa.
 
Dentro de esta labor, Hochschild debió hacer frente a polémicas decisiones como la de incluir en las delegaciones no solo víctimas de las Farc sino de todos los actores armados, o invitar a La Habana a Piedad Córdoba y a un guerrillero de las Farc.
 
Pero más allá de las polémicas, la participación de las víctimas en La Habana, y la selección incluyente y equitativa que se hizo, resultaron ser un factor esencial para comprometer a las partes en el proceso y para que este se acerque a un punto de no retorno.
 
Hochschild, consciente de que la paz en Colombia no depende solo del Gobierno y las Farc, ha tenido además un papel activo en todas las campañas que busca motivar a la sociedad colombiana a la reconciliación.

“Creo que estamos más cerca que nunca de llegar a un acuerdo de paz en Colombia. Por eso hay que crear el ambiente que asegure que cualquier acuerdo florezca en la práctica”, dijo Hochschild en una entrevista con Reconciliación Colombia.

 
Humberto de la Calle
Jefe del equipo negociador del Gobierno
 
Lograr que el proceso de paz avance, que llegue a acuerdos concretos y no caiga en dilaciones que hagan perder la credibilidad en él, ha sido en buena parte mérito del jefe del equipo negociador del Gobierno.
 
De la Calle, quien además de ex Vicepresidente, ex magistrado, ex Ministro de Gobierno, ha tenido experiencia en procesos de negociación con la guerrilla, ha sostenido una posición abierta, pero firme frente a las Farc.
 
Ha defendido con paciencia y actitud pedagógica los acuerdos de La Habana frente a quienes se oponen al proceso, pero también ha llamado la atención de la guerrilla cuando sus actitudes significan una traba para la negociación.
 
 
De la Calle ha representado muy bien la prudencia, a veces cercana al escepticismo, con que el Gobierno ha abordado la discusión con las Farc.
 
“El propósito no es validar el terrorismo de las FARC, es auscultar si esa oportunidad que ahora visualizamos en medio de tantas dificultades se puede concretar y creemos que hay una especie de mandato moral implícito en tratar de examinar si eso es posible”, explicó en una ocasión. Y agregó: “En mi opinión, la que me he formado sentado en esa mesa, es que realmente hay una oportunidad verdadera”.

 
Doris Salcedo
Artista
 
Una de las exponentes más importantes del arte colombiano ha construido toda su obra como una reflexión en torno a la violencia que vive el país.
 
Por esta labor, la ciudad de Hiroshima le otorgó este año su Premio de Arte para reconocer el aporte que ha hecho a la dignificación de las víctimas en Colombia.
 
“Salcedo ha creado trabajos preocupados por las víctimas de la violencia, trascendiendo el luto de la muerte e incorporando la esperanza de poder renacer”, manifestó el jurado en su fallo.
 
Obras como Noviembre 6 y 7, una instalación en la que descolgó 280 sillas de madera de la azotea del Palacio de Justicia y Shibbolet, una grieta en el piso de la galería Tate Modern con la que mostraba la experiencia de los migrantes, han intentado mostrar la marca que deja la violencia en las víctimas.

“He centrado toda mi obra en la violencia política. En lo que significa que los que detentan poder puedan destruir las vidas de otros seres humanos”, manifestó en una ocasión.

 
Martha Nubia Bello (CNHM)
Investigadora del Centro Nacional de Memoria Histórica
 
Es la coordinadora del informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, que ha mostrado al país una nueva versión de su historia reciente, contada no desde la perspectiva de los poderosos sino desde las víctimas.
 
El informe ha ido más allá del papel. Sus enseñanzas han sido recogidas en producciones audiovisuales, obras de arte, piezas teatrales y cátedras universitarias, entre otros, y ha servido como catalizador para provocar un interés de los colombianos por su memoria.
 
Su rigor como investigadora y su respeto por los testimonios recogidos la llevaron a ser elegida por la Revista Semana y la Fundación Liderazgo y Democracia, como una de los mejores 30 líderes del país en 2014.
 
“La memoria histórica se ha encargado de esclarecer hechos violentos. Es una memoria que da cuenta del horror, de la tragedia, del sufrimiento, del dolor. Y hay un gran reto en cómo le transmitimos a los colombianos ese horro, de tal manera no que lo paralice, sino que lo invite a transformar ese horror en paz, en convivencia”, dijo en un video presentado en la entrega del premio.
 
El reconocimiento simboliza la importancia de la memoria para el país en este momento de su historia.
 “Este reconocimiento visibiliza la importancia de reconstruir memoria y le da un lugar de liderazgo al tema de las víctimas. Además, logra que la sociedad reconozca que la memoria es importante e indispensable para construir un país en paz”, dijo Martha.
 
El Papa Francisco

Desde que asumió el pontificado en marzo de 2013, Jorge Mario Bergoglio ha tenido una postura mucho más política que la de su antecesor, Benedicto XVI, un papa más académico y menos carismático.

El rol que ha cumplido Francisco en su papado ha hecho recordar por momentos a Juan Pablo II: así como el papa polaco cumplió un papel fundamental en la serie de eventos que llevaron a la caída del muro de Berlín, el pontífice argentino fue protagonista del acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, calificado como el comienzo del fin de la guerra fría en el continente americano.

Tanto Barack Obama como Raúl Castro destacaron el apoyo del pontífice para facilitar el diálogo entre los dos países y el Vaticano reconoció que en los últimos meses Francisco escribió a ambos mandatarios invitándolos a resolver cuestiones humanitarias de común interés.

El Papa no solo ha promovido una nueva actitud de la iglesia frente al divorcio y los homosexuales, sino que ha buscado acercamiento con otras religiones, para mostrar que por encima de las diferencias entre ellas, todas tienen lo más importante en común: la defensa de la vida y la dignidad humana.

Y frente a Colombia, aunque aún no ha tenido una intervención directa, jerarcas de la iglesia en Colombia han revelado que sigue muy de cerca lo que ocurre con el proceso de paz.


 
Malala Yousafzai
Premio Nobel de Paz
 
Con 17 años, la ganadora más joven del galardón, desde su creación en 1905, demostró que la edad no es impedimento para promover una causa justa.
 
Desde que era niña ha sido perseguida y amenazada, ha sabido lo que es tener restringidos sus derechos y ha estado cerca de la muerte.


Nació en Pakistán, en la región del valle del río Swat, que fue tomada por los talibanes, quienes por varios períodos prohibieron la asistencia de las niñas a la escuela.


Cuando solo tenía 11 años, Malala comenzó a escribir un blog para la BBC, con el seudónimo de Gul Makai, en el que relataba todo el sufrimiento y el terror que le provocaba el régimen Talibán.

En octubre de 2012, un hombre abordó su bus escolar y le disparó tres veces, dejándole heridas en el cráneo y el cuello. Una bala la golpeó en un costado de su frente y se desvió por su rostro hacia su hombro. Malala se salvó de morir. Los médicos tuvieron que implantarle una placa de titanio en su cráneo y un dispositivo auditivo y por un tiempo, Malala perdió la movilidad de su rostro. Aún hoy, aunque pocas, le quedan algunas secuelas de ese atentado.

Pese a todos los peligros ha decidido seguir adelante.
 
“No puedo abandonar. Cuando veo a la gente de Siria, que están desamparados, algunos viviendo en Egipto, otros en el Líbano; cuando veo a toda la gente de Paquistán que está sufriendo el terrorismo, entonces no puedo dejar de pensar, “Malala, ¿por qué esperas a que otro se haga cargo? ¿Por qué no lo haces tú, por qué no hablas tú a favor de sus derechos y de los tuyos?”, dijo en una entrevista a El País.