Los réditos de la construcción de la paz

Según International Alert “las empresas que operan en sociedades propensas al conflicto deben ir más allá del enfoque tradicional de negocios si quieren lograr los impactos positivos que, se asume, resultarán de sus actividades centrales. Documento del CIDER de la Uniandes.
 
14 de enero de 2015
Foto: Archivo Semana

La construcción de paz genera una renta a las empresas que, aunque no se puede medir concretamente en pesos, sí contribuye a que su utilidad crezca en el mediano y largo plazo, pues influye positivamente sobre aspectos referidos a la reputación de la firma, por la que clientes y consumidores inclinan la balanza a la hora de tomar decisiones.
 
Esta es una de las conclusiones que resultan del documento ‘La responsabilidad social empresarial en la construcción de paz: una introducción’ del profesor Gonzalo Vargas que explora las respuestas de las empresas que operan en contextos sociales violentos, de posconflicto o de inseguridad y cómo esta contribuye o no a transformar realidades.

El documento sostiene que la responsabilidad social empresarial, conocida con las siglas de RSE, varía según los retos que plantea cada país, región o localidad, pero que, en todo caso, hoy es un tema ineludible que no depende exclusivamente de la voluntad empresarial para que sea asumida, sino -en sus propios términos- de una creciente demanda del ‘mercado’; es decir, del contexto social, político y económico donde tienen presencia.
 
Esto porque la actividad de la unidad de negocio genera relaciones que, en cualquier caso, generan impacto: o empeoran las condiciones que prolongan la violencia o contribuyen a la construcción de la paz.
 
El autor, PH D en estudios del desarrollo de la London School of Economics y profesor asistente del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo –CIDER-, elaboró una matriz en la que cruza las distintas violencias a las que una empresa puede enfrentarse en un contexto local (violencias directa, estructural económica, estructural política y cultural) con las responsabilidades empresariales de no hacer daño en el contexto en el que se desarrolla su operación; así como con las responsabilidades empresariales que toman las compañías más allá de sus deberes.

Esto porque argumenta que la responsabilidad empresarial en la construcción de paz tiene al menos dos facetas: las empresas tienen la responsabilidad ética de evitar que sus actividades de negocio contribuyan a la violencia directa o fomenten los factores económicos, políticos y culturales que la alimentan. Y las empresas tienen también la responsabilidad discrecional de promover activamente la creación de condiciones favorables para la paz y la seguridad en el largo plazo.

Esta matriz arroja el siguiente resultado:

- El reto cuando las empresas enfrentan la violencia directa es realizar acciones que preserven el respeto de los derechos humanos (es decir, no hacer acciones que las hagan ‘cómplices’ de su violación); mientras que un paso más allá de sus deberes es el de promover los derechos humanos incluso más allá de la esfera de influencia.

- El reto cuando las empresas enfrentan la violencia estructural económica es no alimentar las economías ilegales y de guerra; mientras que un paso más allá de sus deberes empresariales es el de crear oportunidades económicas para las víctimas, los excombatientes y jóvenes en riesgo de reclutamiento.

- El reto cuando las empresas enfrentan la violencia estructural política es evitar prácticas que debiliten al Estado, como la corrupción y la evasión; mientras que un paso más allá de sus deberes empresariales es el de promover el imperio de la ley y el fortalecimiento del Estado de Derecho.

· El reto cuando las empresas enfrenta la violencia cultural es no reforzar prejuicios, desigualdades o creencias que legitimen la violencia; mientras que un paso más allá de sus deberes empresariales es el de promover la coexistencia y la resolución pacífica de conflictos.

Para Vargas esta matriz tiene por lo menos dos usos: las empresas pueden acudir a esta para analizar los retos que el conflicto armado, la fragilidad estatal y el posconflicto suponen para el desarrollo de sus unidades de negocio. También pueden acudir a esta matriz para evaluar si la respuesta de la firma empresarial es adecuada o no frente a estos retos.

De cara a un estado del arte sobre la responsabilidad social empresarial y la construcción de la paz y lo que hacen las cincuenta empresas más grandes de Colombia, el autor realizó el estudio y la reflejó en esta segunda matriz:

- De cara a la violencia directa veintinueve empresas se unieron al Pacto Global y quince han adoptado medidas para prevenir abusos de los derechos humanos. Y un paso más allá de los deberes empresariales llevaron a nueve empresas a apoyar iniciativas para promover los derechos humanos más allá de su esfera de influencia.

- De cara a la violencia estructural económica todas las empresas han adoptado las medidas y los mecanismos obligatorios establecidos por la ley; ninguna reporta haber adoptado medidas voluntarias. Y un paso más allá de los deberes empresariales llevaron a diecisiete empresas a financiar proyectos para generar ingresos y empleos a víctimas, combatientes desmovilizados o comunidades en riesgo de desplazamiento forzado.

- De cara a violencia estructural política treinta y dos empresas han prometido formalmente que lucharán contra la corrupción y han adoptado medidas para ese fin. Y un paso más allá de los deberes empresariales fue dado por diez empresas que han financiado proyectos para fortalecer los gobiernos locales, la democracia participativa y las organizaciones sociales.

- De cara a la violencia cultural veintiocho empresas se han comprometido a luchar contra la discriminación y la desigualdad; veinte empresas han reportado cero incidentes de discriminación en sus respectivas organizaciones. Y un paso más allá de los deberes empresariales lo han dado quince empresas que han financiado proyectos para desarrollar habilidades de resolución de conflictos, especialmente entre jóvenes, y promovido el diálogo entre comunidades.
 
El documento señala que este análisis, en últimas, busca evitar que las actividades de las empresas causen daño a la sociedad en el ejercicio del desarrollo de sus negocios.
 
El texto del profesor Gonzalo Vargas subraya para el contexto de reconciliación que el crecimiento y la creación de oportunidades económicas son particularmente cruciales en contextos de posconflicto.
 
El documento del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo –Cider- de la Universidad de los Andes de octubre de 2014 está dirigido principalmente a profesionales y directivos de empresas interesados en contribuir a la construcción de paz mediante sus estrategias de responsabilidad social empresarial.