Desmovilizados beneficiaron a 135 mil personas con obras sociales en 2014

Esas labores, que hacen parte de la ruta diseñada para reintegrarlos a la sociedad,  incluyeron la construcción de puentes, la remodelación de escuelas y la renovación de parques, entre otras.

20 de enero de 2014

Para las personas que dejan las armas y deciden volver a hacer parte de la sociedad, uno de los pasos más difíciles es integrarse a una comunidad. Sobre todo cuando la misma está compuesta por víctimas del conflicto, que sufrieron por causa de los grupos a los que estos desmovilizados pertenecieron.

En 2010, cuando ese problema se hizo evidente, la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) implementó el servicio social, un pasó obligatorio que debe cumplir cualquier persona que quiera  graduarse de la ruta para la reintegración que diseñó el Gobierno Nacional, y que busca impulsar el proceso de reintegración entre los desmovilizados y las comunidades que los reciben.


Desde entonces, y con el apoyo de la  Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), los desmovilizados tienen que cumplir 80 horas de servicio social, en las cuales realizan obras que benefician a la comunidad en la que van a vivir, como construir puentes, renovar parques y remodelar escuelas, entre otras.

Los resultados no se hicieron esperar, pues aunque en algunos casos los beneficiarios no saben que están ante una persona que  empuñó las armas –pues la decisión de darlo a conocer depende del desmovilizado–, en la mayoría de los casos el proceso deja satisfechos tanto la comunidad como a los excombatientes.

Además, el proyecto se ha consolidado y cada vez las cifras del servicio social son mejores. 

Este martes, por ejemplo, se supo que en 2014, 2.360 desmovilizados beneficiaron a más de 135 mil personas de Colombia con labores comunitarias en el marco del servicio social.

Lo más significativo es que el 17 por ciento de los beneficiados por esas obras fueron desplazados por la violencia, y que los departamentos en los que más se realizaron servicios sociales son algunos de los que más han sufrido los embates del conflicto: Antioquia, Córdoba y Huila.

Además, en muchos de esos lugares la comunidad termina integrándose con los desmovilizados en la realización de las obras.

Eso fue lo que ocurrió, por ejemplo, en la vereda de Mesetas en Villavicencio (Meta) en 2012, cuando los desmovilizados arreglaron el acueducto comunitario y recibieron la ayuda de la comunidad. O en Cúcuta, cuando 250 desmovilizados, víctimas de la violencia y miembros de la Fuerza Pública se dedicaron a limpiar y reforestar la cuenca del río Pamplonita en 2013.

Esos dos casos, que son sólo una muestra de cientos que ocurren todos los años, dejan claro lo más importante del proceso de servicio social: cuando los desmovilizados y las víctimas se encuentran frente a frente en las zonas de la Colombia profunda en las que se ha desarrollado el conflicto armado y logran convivir en paz, demustran que la reconciliación que busca el país sí es posible.