Las lecciones del 4,6 del aumento salarial

Luego del fracaso de la Comisión de Concertación de Políticas Laborales para definir el salario mínimo del 2015, la Escuela Nacional Sindical extrajo las lecciones aprendidas de este proceso que, por anticipado, genera una gran frustración. ¿Cómo ligar este tema a la discusión de una paz duradera?

29 de enero de 2015
Foto: Archivo Semana.


El 4,6 por ciento ponderado de aumento salarial que los colombianos percibirán a partir de este enero no fue, otra vez, fruto de la concertación. El Gobierno estableció su incremento mediante decreto y como el país está en la coyuntura de hablar de las condiciones para el posconflicto, los sindicatos se preguntan si esta forma de hacer las cosas contribuye a una paz duradera y estable, como se propone en La Habana.

Las centrales obreras ven que una forma práctica de reducir la desigualdad y, en consecuencia, de permitir la movilidad entre estratos hacia arriba es comenzar por lo básico, como que haya concertación sobre lo mínimo necesario para vivir, si se es asalariado.

Esto porque en la medida en que se desarrolle una clase media fuerte (es decir que un buen número de colombianos salgan de la pobreza), los sindicatos consideran que “es más fácil transformar la cultura política clientelista por una más moderna y democrática para adelantar reformas y tener un país estable política y socialmente”. Para la Escuela Nacional Sindical, resulta una consecuencia obvia que si no hay autonomía financiera la libertad de conciencia está limitada por este hecho.

Por eso, al hacer el balance de las lecciones aprendidas tras el nuevo fracaso de la concertación laboral, la Escuela Nacional Sindical produjo un documento elaborado por Carlos Julio Díaz Lotero, director general de la Escuela Nacional Sindical, que vincula el tema de los salarios, a la democracia y a la paz.

En este enumeran una serie de condiciones que a juicio de los sindicatos puede dinamizar la movilidad social y permitirles a las personas desarrollar autonomía financiera y adquirir madurez política, en la medida en que los aleja de los perversos modelos de las clientelas (‘roscas´). Mencionan los casos de Bogotá y de Medellín como emblemáticos en la participación de la clase media como ‘reguladora’ de escenarios políticos polarizados y, a la vez, como impulsora de posiciones progresistas.

Así pueden extraerse varias de estas propuestas, que, si se leen bien, pueden sonar como reiterativas, pero que se aplican apenas marginalmente:

. Educación pertinente y de calidad para aumentar las capacidades y calificación de las personas.
. Focalizarse en la creación de puestos en el agro, industria, infraestructura económica y social (mercado interno), en lugar de hacerlo en la economía financiera y primario-exportador.
. Reducir los impuestos al consumo de las clases medias y bajas para mejorar la capacidad de compra de los trabajadores.
. Permitir la libertad de asociación sindical (en Colombia la tasa de sindicalización es el 4% de la población ocupada)
. Eliminar las exenciones a las rentas del capital y establecer impuestos progresivos a los altos ingresos.
. Proscribir las elevadas pensiones de exfuncionarios del Estado.
. Focalizar el gasto público en la población con altísimas necesidades insatisfechas en salud, pensión, riesgos laborales, educación y seguro de desempleo.

Según datos de la Escuela Nacional Sindical, en la actualidad el salario mínimo sigue siendo aproximadamente la mitad del costo de la canasta mínima vital y su cobertura es muy baja, pues cobija al 6,15% de los trabajadores (1´272.715), mientras que excluye al 45,3% de los ocupados (9´374.632 personas) que tienen ingresos inferiores al salario minino legal.