Experta dice que se necesita renovar la atención sicológica hacia las víctimas

La médica Lena Verdeli, de visita en el país, asegura que como el colombiano es muy apegado a su familia y a su comunidad la atención debe ir dirigida a lograr su adaptación en estos espacios ya en los nuevos entornos. Aquí explica la vía para lograrlo.
 
9 de febrero de 2015
Por: Andrea Prieto
Especial para Reconciliación Colombia.


Para la médica de la Universidad de Columbia Lena Verdeli el país debe ensayarse en un nuevo modelo de atención sicológica que integre a la persona afectada con la familia y las comunidades en los nuevos espacios que ocupe, dado que muchísimas de las víctimas en Colombia han sufrido la práctica del desplazamiento forzado (75 por ciento), como método efectivo de la guerra. Aunque a renglón seguido advierte que, a pesar de que son muchas las víctimas que ha dejado el conflicto, no todas necesitan de un tratamiento en salud mental riguroso.

Verdeli considera que una terapia vista desde esta perspectiva amplía el rango interpersonal, pues con este enfoque abraza a la familia y a la comunidad en una sociedad “muy apegada” a ambos conceptos.
 
Además, liga el dato de que el mayor número de personas en condición de desplazamiento son mujeres y niños, al hecho de que en la medida en que se priorice la atención de la mujer y de la mujer-mamá, la terapia interpersonal logrará afectar positivamente a niños y niñas, pues mientras la mamá goce de salud mental es evidente que los hijos se desarrollan de mejor forma.
 
“(…) Cuando se rompen estos lazos de comunidad, se pierde la confianza en los demás y las personas sufren mucho”, por lo que es fundamental brindar atención para que estas logren adaptarse a sus nuevos entornos y recuperen su funcionalidad.
 
La médica describió la terapia interpersonal como una herramienta que ha demostrado ser útil para sanar las secuelas sicológicas que han dejado los conflictos en muchos lugares del mundo golpeados por la violencia como Uganda, Haití e India, entre otros países.
 
Aseguró que no hay tratamientos que garanticen dar una cura total, pero que sí demuestran traer bienestar a muchas personas afectadas emocionalmente por las consecuencias de la guerra.
 
Hasta el momento, Verdeli, de visita en Colombia –invitada por la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes-, ha comprobado que en el país funciona la terapia interpersonal, así como en otros países, y explica que para lograrlo fue necesario adaptar la terapia inicial a cada contexto, sin perder la esencia del tratamiento.
 
Explica que para el caso colombiano, aplicar esta terapia ha resultado oportuno ya que el país tiene una “sociedad colectiva” y al trabajar con las madres se ha comprobado que los síntomas de afectación sicológica de los hijos e hijas (niños y adolescentes) disminuyen de manera considerable, sin que ellos estén siendo intervenidos necesariamente.
 
Durante la conferencia en la Universidad de los Andes, fue presentado el proyecto ‘Osito’ y también fue explicada la implementación de la terapia interpersonal en Colombia. Esta fue desarrollada en los años setenta en los Estados Unidos luego de comprobar su eficacia científica en diferentes situaciones. Este tratamiento se centra en restablecer la función de la persona, trabajar los síntomas, el trauma, el entorno y las relaciones interpersonales de quién recibe la ayuda.
 
En el propósito de hacerlo bien, hay que tener en cuenta las consecuencias más comunes que dejan las experiencias violentas traumáticas: la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático y estos síntomas, a su vez, son causados por situaciones de duelo, disputas interpersonales, transiciones de rol -cambios en la vida positivos o negativos-, soledad y aislamiento social.
 
En términos generales, lo que el tratamiento busca es proveer de seguridad a la persona, darle un sentido de esperanza, brindarle sugerencias para romper con el aislamiento social y aumentar conexiones sociales positivas, proveer una aclaración de la situación y los sentimientos hacia esa situación, alentar a la persona para que se movilice, así como ayudarla a identificar los recursos personales y las opciones que su entorno le brinda para manejar el problema, motivarla a buscar ayuda, ayudarla a construir habilidades de comunicación y ayudarla a volverse experta en el cuidado de su salud mental y de sus síntomas.
 
Esta terapia ha sido llevada a cabo con ‘Ositas’ por medio de la atención de persona a persona, con sesiones de una duración de entre 8 y 12 por paciente. La atención no es brindada únicamente por siquiatras, sicólogos y trabajadores sociales, sino que hay una estrategia llamada transferencia de tareas, que la OMS ha recomendado, y consiste en delegar tareas y dar un entrenamiento de manera apropiada a los no especialistas, por parte de los especialistas. De hecho, muchos de los que dan atención son personas desplazadas que han sido instruidas por profesionales para liderar intervenciones. Se hace la advertencia de que esto no ocurre cuando se presentan casos especiales que requieren necesariamente de atención profesional.
 
Además, ‘Osita’ sólo atiende a aquellas mujeres que tienen niveles moderados de depresión, ansiedad o estrés postraumático, pues cuando los niveles ya son severos se remiten a otros tratamientos de índole siquiátrico. La terapia interpersonal ha abordado tanto el trauma de la persona, es decir el nivel individual, como la recuperación contextual, es decir la de su contexto interpersonal.
 
En cuanto a la aplicación del programa en Colombia, Verdeli comenta que se ha encontrado con un panorama alentador, pues la mayoría de pacientes se recuperan de manera rápida y atribuye esto al hecho de que la gente quiere estar mejor. Así mismo, dice que las personas reflejan un bienestar significativo, muchas veces con poco apoyo. También considera positivo que mujeres víctimas se han involucrado en el proyecto tras haber sido entrenadas para ayudar a otras personas, ya que quienes acuden en ayuda creen en estas mujeres y estas les generan confianza. Muchas veces quienes reciben ayuda hacen parte de la misma comunidad de la persona que presta el apoyo, lo que genera respeto y credibilidad.
 
En su charla, la  experta comentó que le ha impresionado el conocimiento extenso de profesionales en el área de salud mental en Colombia, y, más allá, el compromiso e involucramiento con los pacientes.
A pesar de lo positivo que ha percibido en este proyecto, reconoce que hay una gran pérdida de confianza entre las comunidades y que las conexiones que tienen las personas con su comunidad se han roto en repetidas ocasiones. Resalta que es muy importante tanto restablecer la confianza y las conexiones sociales como buscar estrategias de mejoramiento de la situación de vida actual. Mencionó que uno de los obstáculos que observó ha sido la falta de constancia de muchas mujeres con el tratamiento, debido a la falta de recursos para el desplazamiento al lugar de la terapia.
 
La visita de esta médica es la segunda a Colombia y su vínculo con el país se debe a que en la actualidad es coinvestigadora del proyecto ‘Osito’: Outreach, screening, and intervention for trauma. For internally displaced women living in Bogotá, Colombia, de la facultad de medicina de la Universidad de los Andes, el cual busca brindar atención sicosocial y en salud mental a mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia.
 
La conferencia tuvo lugar en Bogotá, en el centro de prácticas de la Facultad de Medicina de esta Universidad,  a la que asistieron docentes y estudiantes de sicología, medicina y administración de empresas, sicólogos, siquiatras, trabajadores sociales, víctimas de desplazamiento, trabajadores de Ositas y de Centros Dignificar.