Un grito convertido en movimiento

El bailarín y coreógrafo colombiano Carlos Jaramillo presenta el próximo sábado en Bogotá ‘La esquina desplazada’, una obra que aborda desde la danza moderna el drama del desplazamiento.
 
Por Luis Carlos Gómez
Periodista de Reconciliación Colombia
Febrero 24 de 2015
Foto Milton Ramírez

 
La idea de crear ‘La esquina desplazada’ se le ocurrió a Carlos Jaramillo, bailarín y coreógrafo colombiano que vive desde hace 24 años en Alemania, un día de 2008 en que durante un viaje a Colombia tuvo la oportunidad de recorrer a pie la carrera séptima de Bogotá.
 
“En ese recorrido se me empiezan a aparecer personajes que no había visto antes. Sí, había pobreza y más desplazados, pero me impresionó porque cuando vivía aquí, veía a la gente, pero no la veía. Estaban ahí y uno los ignoraba”, explica.
 
Luego, en conversaciones con desplazados, cayó en cuenta de que precisamente una de las cosas que más daño les hace es que la sociedad los ignore.
 
Por eso, en una escena de su obra, a la que él llama ‘Los Aparecidos’, los bailarines bajan del escenario y se paran frente a la primera fila del público, solo mirando, para que quede claro que no son fantasmas, ni una ilusión, sino personas reales.
 
Después de que se le ocurrió la idea, Jaramillo tardó mucho tiempo en sentirse listo para llevarla a cabo. No quería ser sensacionalista ni hacer una obra con la que se beneficiara del drama de los desplazados sino algo que de verdad les aportara a ellos y a la sociedad.
 
“Quería que mi proyecto contribuyera a elevar la dignidad de las personas que vivieron ese drama”, dice.
 
Jaramillo quería que su obra provocará que los espectadores se preguntaran ‘yo qué hice por esta gente, yo no miraba’, pero tenía claro que no podía hacerlo simplemente poniendo en escena la tragedia sufrida por la víctimas.
 
“¿Le pinto la brocha con la tragedia humana otra vez? ¿Váyase a su casa con esa vaina en el corazón? Yo no lo quería hacer eso”, dice.
 
Pensó entonces qué tipo de movimientos debía escoger para representar desde su arte esa realidad e hizo un banco de imágenes de nuestro conflicto, que veía una y otra vez en su computador.
 
De ahí salieron un conjunto de metáforas que aluden con dureza, pero también con dignidad, a la realidad de nuestro conflicto.
 
Por ejemplo, en un segmento de la obra, Jaramillo hace que las mujeres bailen una cumbia vestidas con chaqueta y haciendo un paso que tradicionalmente les corresponde a los hombres.
 
“La mujer toma la investidura de macho porque el hombre no está: ‘hay que sembrar el campo, hay que criar los niños, hay que cocinar, entonces por eso me pongo la chaqueta’”, dice.
 
En otro segmento de la obra, las mujeres entregan a los hombres un machete, pero no en alto, en actitud de ataque, sino volteado, convertido en herramienta para abrir caminos.
 
“Hay que abrir camino si la trocha no está, o si estuvo la vamos a limpiar. Siempre el campesino utilizó el machete para limpiar monte, o como dicen en la Costa Atlántica, para ‘limpiar la rosa’. Entonces aquí lo utilizamos, pero no como instrumento matador, cercenador, sino para limpiar el monte en donde yo voy a sembrar”, explica.
 
Esa escena hace recordar la historia que publicó hace unos meses Reconciliación Colombia sobre los pueblos de Chenque y Macayepo, que abrieron de nuevo, con machete, el camino que los separaba.
 
Al final de la obra, los bailarines llenan el escenario con maíz, que comparten con el público.
 
“Lo agarran y se lo llevan, no como un regalo porque qué van a hacer con un maíz seco, sino para participar. Es la involucración, si se puede armar esa palabra, del público con la obra que se ha presentado”, agrega.
 
Al final de la obra no es solo maíz lo que los espectadores se llevan.
 
“Qué importante ha sido la obra suya, me dicen, porque nos ha pellizcado y nos ha hecho decir: ‘Es que esto no es de olvidar. Es que todavía nosotros lo llevamos a cuestas. Que no lo queramos ver es otra cosa’”, concluye.
 
‘La esquina desplazada' se presenta el Sábado 28 de febrero, a las 8 p.m., en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.