Homenaje a Sylvia Duzán a través del paso del tiempo en su rostro

El archivo fotográfico cedido por la familia de la periodista asesinada en 1990 cuando, paradójicamente, reporteaba los esfuerzos que hacían los campesinos del Carare por sobrevivir a la embestida narcoparamiliar, fue expuesto en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación Distrital.

28 de febrero de 2015
Fotos: Archivo Particular

Las fotografías dejan ver a una Sylvia Duzán que vivió con pasión, aunque muy poco. Su vida fue truncada por quienes en la década de los 90 ejercieron la violencia narcoparamilitar. Junto a ella murieron Josué Vargas, Saúl Castañeda y Miguel Ángel Barajas, integrantes de la emblemática Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC), que organizaba a los habitantes del corregimiento La India, en Cimitarra (Santander), región del Magdalena Medio, para evitar lo que a la postre resultó inevitable: que narcotraficantes se hicieran a sus tierras y con esto se convirtieran en la nueva clase emergente que luego vino a compartir espacios del poder político y económico del país, con algo o mucho de su aquiescencia.

Reconciliación Colombia le pidió a la Unidad para las Víctimas, una de las organizaciones que se encargó del homenaje con motivo de los 25 años de su muerte, facilitara a los lectores de su portal las fotografías que expuso en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación para exaltar su vida y, a través de estas, contarles unos pincelazos de la vida de esta periodista.

El foro que acompañó la exposición fotográfica hizo hincapié en que con su muerte, como la de todos los comunicadores y periodistas que ya engrosan una lista de 143 en 20 años, no solo se quebró la vida de ellos y la  de sus familias, sino también se ahogó la voz de las comunidades que encontraban una probabilidad de ser y de existir a través de la palabra escrita y hablada. Como la del Carare que a la postre ganó el premio Nobel Alternativo de Paz por el proceso organizativo de sus 36 juntas de acción comunal y 14 organizaciones de base.

El Espectador, donde Sylvia trabajaba, escribió este 26 de febrero que Su resistencia pacífica fue su sentencia de muerte. Reconciliación Colombia toma de este gran reportaje en honor de su memoria los datos para los textos que acompañan las fotografías.
 

El periodismo corría por las venas de Sylvia Duzán. Lo mismo que su hermana María Jimena, lo habían heredado de su padre Lucio Duzán, quien fue columnista del periódico El Espectador. Don Lucio las llevaba los sábados a la sede del diario en Bogotá y mientras él entregaba su texto ellas correteaban por la rotativa.  Sylvia Duzán no estaba del todo convencida de dedicar su vida a las noticias y decidió estudiar economía. Fue parte del grupo fundador de la revista Semana en 1982 y allí conoció a Salomón Kalmanovitz, con quien empezó a salir en 1983 y contrajo matrimonio en 1988.
 
Al canal 4 de Londres (Inglaterra), le interesó la historia de los campesinos del Carare que se organizaron alrededor de liderazgos naturales de habitantes de la misma comunidad. Al momento de su muerte, Sylvia estaba en desarrollo de este documental. El 26 de febrero de 1990, Sylvia viajó por carretera y después de una agotadora jornada, ya en horas de la noche, llegó a la terminal de transportes del pueblo. En su libro ‘Mi viaje al infierno’, escrito por María Jimena Duzán, su hermana comenta que ese día, a las 9:30 p.m., Sylvia y tres de los líderes de la ATCC entraron al bar restaurante La Tata, hasta donde llegaron los dos autores materiales del crimen, y así no más, también se fueron. Cuando lograron ser identificados, ya habían sido asesinados, quizá por los autores intelectuales, como suele ocurrir en Colombia, escribió su hermana María Jimena.

 

El Espectador señala que por su trabajo por la lucha de la tierra y de la vida, ese mismo 1990, la Asociación de Campesinos del Carare fue galardonada con el Premio Nobel Alternativo de Paz y cinco años más tarde recibieron también el galardón “Nosotros el pueblo, 50 comunidades” otorgado por las Naciones Unidas en Nueva York. Y agrega que “el mundo reconoció su acto de valor, de paz y de heroísmo, pero en Colombia su sacrificio y el de la periodista Sylvia Duzán, se fueron perdiendo en los vericuetos de la mala memoria. Tampoco la justicia hizo mucho. Si acaso, un juzgado de instrucción criminal recogió testimonios y ratificó la hipótesis del paramilitarismo”.