‘No es el trabajo de una comisión de la verdad llevar a los criminales a la cárcel’

Entrevista a Marcie Mersky, la experta estadounidense encargada de compilar el informe elaborado por la comisión de esclarecimiento de Guatemala.
 
Bibiana Mercado Rivera
Editora de Reconciliación Colombia


3 de marzo de 2015
 
Fue parte del equipo profesional de apoyo encargado del trabajo de investigación de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala, país centroamericano que sufrió 36 años de conflicto armado. La mitad de lo que lleva el colombiano, en su última época.

A medida que los distintos integrantes del equipo iban presentando borradores, la estadounidense Marcie Mersky, hoy directora de programas del Centro Internacional para la Justicia Transicional, ICTJ (por sus siglas en inglés), iba recopilando los datos relevantes de los hallazgos. Cuando el equipo concluyó su trabajo, coordinó la integración del informe final que quedó consignado en 12 tomos, de unas 4.000 páginas.

El informe final versó sobre las causas históricas del conflicto (un tomo); las violaciones cometidas por los agentes del Estado y guerrilla (tres tomos); las consecuencias del conflicto sobre las instituciones (un tomo); casos ilustrativos y/o ejemplarizantes de los 200 mil muertos y 40 mil desaparecidos que dejaron 36 años de conflicto (dos tomos); casos individuales (tres tomos); documentación relacionada con solicitudes y/o peticiones a instituciones como Ejército para obtener archivos, etc. (un tomo); y conclusiones y recomendaciones (un tomo).

Con esta vasta experiencia, Mersky vino a Colombia a participar del encuentro sobre ‘Comisiones de la verdad y procesos de paz: experiencias internacionales y desafíos para Colombia’. Reconciliación Colombia le preguntó sobre la relación, casi automática, que muchos sectores de la sociedad hacen entre comisiones de la verdad y reconciliación. Aquí sus respuestas:

¿La Comisión de Esclarecimiento histórico le trajo la reconciliación a Guatemala?

Puedo decirle que pensar que una comisión de la verdad pueda traer la reconciliación a un país es un mito. Una comisión de la verdad puede acercar al camino incierto de la reconciliación. Incierto porque inciden muchos factores en que, en efecto, se dé la reconciliación. Una comisión puede aportar en la medida en que contribuye al reconocimiento de los hechos y aporta a la responsabilidad; si reafirma la voz de las víctimas y de los excluidos, también es un paso a la reconciliación, pues ayuda a nivelar las voces de estos, en relación con los que han tenido poder. Por lo general, las poblaciones sin poder aportan el mayor número de víctimas. También, en sociedades donde el conflicto ha sido largo, hay una tendencia a estigmatizar a los defensores de los derechos humanos, a los trabajadores sociales e inclusive a las mismas víctimas. Si una comisión de la verdad puede ayudar a desestigmatizar a estos sectores, eso le aporta a la reconciliación.

Lo que pude observar durante largos años de guerra, de negociaciones y de pos-paz es que aunque se haga una excelente comisión de la verdad, si no cambian muchas otras cosas, es muy difícilmente que puede haber reconciliación. Tendrían que cambiar también las condiciones materiales de vida, pues si hay amplios sectores que siguen viviendo en la miseria, muy difícilmente se puede hablar de una reconciliación real; aunque se haya hecho una gran comisión de la verdad.

¿Lo que Usted me está diciendo es que los alcances de la reconciliación escapan a una comisión de la verdad?

Escapa a los efectos directos e inmediatos, es el sentido de lo que digo. No es que no aporte. Veo sus aportes parciales y más enfocados a un proceso mucho más largo. Es una ilusión pensar que al final de una comisión de la verdad milagrosamente la sociedad quede reconciliada.

¿De qué debería, entonces, estar acompañada una comisión de la verdad para que sus efectos no sean limitados y logre abrir el camino hacia la reconciliación?

En Guatemala, por ejemplo, a partir del trabajo de la Comisión de Esclarecimiento los medios cambiaron la forma como reportaban e informaban sobre el conflicto armado. Durante décadas se había hablado de las fuerzas insurgentes como delincuentes comunes, terroristas y comunistas y eso no ayudaba a una reconciliación porque ponía una etiqueta de criminal al otro, que impedía se diera una conversación entre dos. Lo que la Comisión logró fue un cambio en el lenguaje y esa pequeña cosa llevó, a su vez, a un debate más abierto que reflejó dignidad para todos. También, durante años los medios se autocensuraron sobre lo que había pasado en su país. Había muy poca información sobre masacres, desapariciones forzadas; mucho menos se hablaba de la responsabilidad del Estado en estos hechos. Eso cambió con la Comisión y esto también forma parte de la reconciliación: la probabilidad de abrir el debate a una discusión más franca.

En el encuentro promovido por el ICTJ quedó claro que a una comisión de la verdad no se le puede pedir tanto, que la haga inoperante; pero tampoco se puede aspirar a lograr poco con esta, porque la hace limitada en su alcance, ¿dónde hallar el justo medio?

Creo que lo que mejor hacen las comisiones de la verdad es trabajar lo sistémico, desde los casos. No necesariamente para esclarecerlos en términos forenses (es decir dilucidando las condiciones específicas en que ocurrió cada hecho), pero sobre la base de los casos que recibe va haciendo un análisis que le permite identificar patrones de violaciones en el tiempo, en el espacio, tipo de violaciones, o de víctimas. Sus principales aportes se hacen desde la revisión de los casos y de las denuncias para identificar patrones, responsabilidades, políticas. ¡Esa es su fortaleza, en cuanto al aporte a la verdad! Muy difícilmente una comisión de la verdad puede esclarecer en términos forenses las últimas consecuencias de cada caso; pensar así es crearles una falsa expectativa a las víctimas de que la comisión puede esclarecer cada caso.
 
¿Guatemala logró ir más allá de los autores que tienen las armas? Es decir, ¿logró llegar a aquellos sectores que se beneficiaron y azuzaron soterradamente el conflicto?

El mandato de la Comisión no permitió que se identificaran individuos. Eso hizo que pusiéramos muchísimo empeño en las responsabilidades institucionales y políticas. Pero no se revelaron nombres y apellidos.

Entonces, ¿qué alcances tuvo?

Por ejemplo, el informe mostró que las políticas estatales de contrainsurgencia habían ocasionado masivas violaciones a los derechos humanos. También analizamos el papel de los partidos políticos y su incapacidad para canalizar las demandas sociales y las visiones políticas distintas. Los partidos le fallaron terriblemente a la sociedad. Estas son conclusiones importantes para una sociedad que ha negado sus responsabilidades políticas.
 
¿Y el poder económico logró ser tocado?

Se trabajó muy poco. Faltó tiempo, fue difícil conseguir información, Guatemala no contaba con el trabajo que, por ejemplo, se ha hecho en Colombia sobre este tema. Este fue uno de los puntos flacos del trabajo investigativo.

Cuando en Colombia se habla de comisión de la verdad se tiene la expectativa que esta lleve a la cárcel a los criminales. ¿Usted cree que esto va a suceder con una comisión de la verdad?

No es el trabajo de una comisión de la verdad. Yo espero que no se diseñe una comisión de la verdad con la expectativa de que ejerza poderes judiciales. Una cosa es el poder judicial y su trabajo; y otra distinta, una comisión de la verdad. También hay que pensar que la verdad que requiere una sociedad no es la suma de casos judiciales. No es que llevando a un millón de personas a los tribunales y condenándolos uno va a tener la verdad.

Si una comisión de la verdad no lleva a los criminales a la cárcel,muchos se preguntan entonces, ¿para qué sirve una comisión de la verdad?

Eso es lo que los colombianos tienen que decidir. Lo que puedo decir es que, en general, una comisión de la verdad llega a las raíces más profundas, que no es la simple responsabilidad criminal individual de una serie de personajes, sino las raíces sistémicas, con el rol que han jugado instituciones porque han actuado o porque no han actuado. Los procesos judiciales ponen más énfasis en la voz del acusado que en el de la víctima. En las comisiones de la verdad, pasa al revés: les da voz; escucha la vivencia de las víctimas. Puede develar patrones en el aparataje institucional. En este sentido, puede aportar.

¿Cuándo se sabe si una sociedad está preparada o no para que sean develados todos estos patrones?

Por mi experiencia en Guatemala le digo que una comisión de la verdad tiene que proyectar un horizonte diez años más allá del momento actual. Es mi reflexión. Tiene que decir más verdades de lo que la sociedad,  en realidad y para ese momento, puede recibir. Crear ese horizonte que le puede servir y ser útil, a los diez años.

La verdad no es una suma de casos individuales. Sin embargo, de estos casos se nutren las raíces profundas de lo que ha pasado, ¿es así?

Para llegar a las raíces profundas, no necesariamente una comisión de la verdad tiene que establecer la responsabilidad criminal, que tiene sus lógicas en la tipología de crímenes. La comisión ahonda sobre lo que pudo haber sido fuente de mucho dolor para la población y esto, a lo mejor, ni siquiera está tipificado. Los casos dan elementos para llegar a esa comprensión más profunda porque permite establecer patrones para un caso específico, en un territorio específico, en un momento específico. No necesitamos para esto establecer la responsabilidad individual del caso. El hecho así adquiere relevancia.

Si no hay individualización, esto puede invitar a varios o a muchos sectores del país a acudir a una comisión de la verdad a decir lo que saben, ¿ocurrió así en Guatemala?

Esta no es una respuesta sencilla. Muy pocas personas de los sectores de poder de Guatemala acudieron a esta instancia, aunque la Comisión hizo mucho esfuerzo en convocarlos. Se ofreció ir a sus casas, para que no acudieran a las oficinas y fueran vistos. Pero había una desconfianza o un sentir de que ese proceso no tenía nada que ver con ellos. Fue muy difícil. En Colombia, habría que ver cómo crear confianza desde ya en esos sectores en el sentido de que la comisión los va a escuchar y los va a escuchar bien. Una comisión tiene que crear condiciones para que, por lo menos en privado, quienes acuden a esta digan la verdad, pues la motivación principal, por lo general, es querer saber qué pasó.

Si Usted, tuviera que decir qué esperar y que no esperar de una comisión de la verdad, ¿qué les diría a los colombianos?

Lo que no deben esperar es la resolución caso por caso de miles y miles de casos. Tampoco pueden esperar que responda a todo el deseo de justicia de una sociedad que ha sufrido durante tanto tiempo un conflicto armado. Lo que sí es un proceso social que se abre de forma legítima tras los acuerdos de paz y esto permite poner las cosas sobre la mesa: los crímenes cometidos sobre la mesa; el sufrimiento que ha provocado sobre amplios sectores de la sociedad de todos los estratos sociales sobre la mesa. Se puede esperar explorar las responsabilidades políticas de distintos actores o de sectores de poder de la sociedad para abrir la discusión de un nuevo entendimiento. Y ese diálogo y discusión son pasos muy importantes hacia la reconciliación.