La religión: motor de acción para la reconciliación

James Patton, del Centro Internacional para la Religión y la Diplomacia, con sede en Washington, compartió sus reflexiones con Reconciliación Colombia sobre los efectos de la religión en las personas. Aquí sus reflexiones tras su visita a Bogotá.

Cristina Esguerra y Daniel Téllez
Periodistas de Reconciliación Colombia

16 de marzo de 2015
Foto: Juan Carlos Sierra


James Patton ha trabajado en el diseño, implementación y seguimiento de programas para promover el desarrollo económico y mitigar efectos de los conflictos violentos desde 1994. Como Oficial de Asuntos Exteriores en el Departamento de Estado de Estados Unidos fue enviado a analizar el conflicto en el sur de Sudán. A su regreso a Washington fue asignado para apoyar el trabajo de la Oficina de Gestión y Mitigación de Conflictos de la agencia Usaid. En esos años, analizó el entrenamiento de monjes budistas en Camboya en el posconflicto. 

Con maestrías en Derecho y Diplomacia de la Escuela Fletcher de la Universidad Tufts y en Divinidad de Harvard Divinity School, hoy es el Vicepresidente del Centro Internacional para la Religión y la Diplomacia. En una visita que hizo a Bogotá, Patton se reunió con Reconciliacion Colombia. Aquí sus reflexiones.

¿De qué manera las religiones pueden ayudar a construir una cultura de paz?

Como analista de conflictos no le pongo valor a la cuestión religiosa, sino que, simplemente, reviso qué es lo que existe en el ámbito cultural. No podemos desconocer que Colombia es un país que se reconoce como muy religioso. El 98 por ciento de su población se declara creyente. Por eso, la pregunta no es tanto si la religión está involucrada, porque sí lo está, hace parte de la vida de la gran mayoría de colombianos de una u otra manera. La pregunta debería ser más bien, cómo puede la religiosidad de las personas ayudar a resolver el conflicto violento. 

¿Cuáles son los efectos que puede tener la religión en la vida de las personas?

En mi opinión, la religión funciona de varias maneras. Una es la presencia como institución gigantesca que tiene la capacidad de tocar la puerta de la Presidencia y, al mismo tiempo, llegarles a los pobladores de la localidad más apartada del país. Las instituciones religiosas son las más efectivas en hacer este tipo de puentes entre los ciudadanos más vulnerables y los más poderosos de un país.
 
El segundo eje es el sentido de comunidad. Las creencias religiosas unen a las personas, las convocan en un lugar común, bien sea una iglesia o una mezquita o un templo. Como los creyentes allí reunidos tienen un lenguaje en común, estos lugares pueden convertirse en plataformas de movilización. Quien esté parado en el púlpito o los mismos miembros de la comunidad, pueden enviar mensajes que tengan un impacto en los presentes. 


Esta capacidad de movilización, ¿es buena o mala?

La verdad es que puede ser o lo uno o lo otro. Hoy somos testigos de cómo miles de personas decidieron recurrir a las armas porque su líder religioso les dijo que era la única salida y les prometió el paraíso después  de la muerte. Pero también está la cara contraria. Personas que a pesar de que no tienen un peso y han sufrido la infamia de la guerra, encuentran una fortaleza interior que les permite resurgir de entre las cenizas.
 
¿Cree usted que la motivación religiosa está por encima de las demás?

Sí. Y esto me permite comentarle el tercer eje de lo religioso: la religión como motor de acción. Lo divino mueve como nada en este mundo y es capaz de borrar las demás preocupaciones porque para los creyentes ahí está la verdad con “V” mayúscula. Hay mucha gente para quien la principal legitimidad es la fe. Esto tiene que ver con el hecho de que en muchos lugares del medio Oriente, de África y de Latinoamérica, la única autoridad que existe es la religiosa. Esto, por supuesto, puede ser bueno y malo. Sólo lo religioso puede llevar a un hombre a ir en contra de su humanidad, amarrarse una bomba al cuello para subirse a un bus escolar. La clave en estos casos es entender ese lenguaje y convertir las acciones religiosas en algo positivo. 

¿Qué es lo más complicado del lenguaje religioso?

Que maneja la arrogancia y la ignorancia a la vez. Los textos dicen la verdad absoluta, pero, al mismo tiempo, el creyente sabe que su conocimiento es limitado y que sólo Dios es todopoderoso. Y el hecho de que se crea que la verdad absoluta radica en un solo libro, muchas veces dificulta enormemente el diálogo. Claro que esto no sólo ocurre con las religiones. Por pertenecer a un determinado grupo, muchas personas dejan de lado la reflexión y siguen ciegamente a otros. 

¿Entonces las religiones funcionan como cualquier otro grupo al que una persona puede pertenecer?

Sí. En mi opinión el 90 por ciento de cómo funcionan las religiones es igual a como pueden llegar a funcionar otros grupos u organizaciones. La diferencia es que el motor de la religión es intangible, no hay manera de comprobarlo. A él sólo se puede acceder a través de la fe.

¿Qué tan efectivo puede llegar a ser utilizar un lenguaje religioso en la resolución de conflictos?

En el ámbito mundial, el 85 por ciento de las personas se reconocen como religiosas. Si dejamos de lado el lenguaje religioso, simplemente no vamos a tener el mismo impacto, y lo más importante es el impacto.