El silencio como mecanismo de defensa

Hay muchos actos de defensa a los que las comunidades históricamente han recurrido para enfrentarse a situaciones de violencia e, incluso, de injusticia social, que han sido poco documentados. Entre estos, se cuenta al silencio. 
 
Por Andrés Felipe Prada
Especial para Reconciliación Colombia
15 de marzo de 2015
 
Relatos de comunidades que han sobrevivido a situaciones de violencia extrema le han permitido al investigador Andrés Cancimance, PhD en Antropología, tejer un interesante estudio alrededor del silencio y cómo este ha actuado como mecanismo de protección y defensa.
 
Concretamente, Cancimance estudió la población de El Tigre, uno de los tres centros urbanos -junto con el Placer y la Hormiga- del municipio Valle del Guamuez, Putumayo, que quedaron grabados en la mente de los colombianos por las inenarrables historias de horror que padecieron sus habitantes por cuenta de la violenta incursión de los paramilitares a esa región del país que colinda con Sucumbíos, Ecuador.
 
Los habitantes de El Trigre vivieron -o, mejor, sufrieron- la presencia del llamado Bloque Sur de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, que se hicieron sentir con la masacre del 9 de enero de 1999 y mantuvieron su estela de sangre y dolor hasta su retiro de ese territorio, en el 2006, año en el que acogieron el llamado de sus máximos jefes para desmovilizarse.
 
Cancimance encontró que hay muchos actos de defensa a los que las comunidades históricamente han recurrido para enfrentarse a situaciones de violencia e, incluso, de injusticia social, que han sido poco documentados.
 
Por ejemplo, nunca se ha considerado el silencio como uno de estos. Sin embargo -explica este antropólogo-, la herramienta que los pobladores de El Tigre utilizaron para sobrevivir a la presencia del Bloque Sur de las AUC fue el silencio.
 
Encontró que mediante la no-habla los habitantes del municipio del Valle del Guamuez pudieron permanecer en sus veredas y centros urbanos hasta la salida de los ‘paras’. De ahí la importancia de estudiar el silencio en esta población. “Hay que darle protagonismo a la vida, la que se mantiene en medio de la guerra”, explicó.
 
De acuerdo con lo anterior, y a partir de los relatos de los habitantes de El Tigre, el antropólogo identificó tres tipos de silencios a los que los habitantes de este territorio recurrieron en ese oscuro período de viole CIA:
 
1. El primero de ellos fue el silencio doloroso. Este opera aquí como una herramienta de pervivencia. Consiste en seguir los lineamientos que demandaban las AUC. Era la forma de defender la vida.
 
2. En segundo lugar, se encuentra el silencio hablado. Este silencio se refiere al que opera en lo que puede llamarse como 'comunidad emocional’. Se levanta la voz para defender a los amigos, vecinos y familiares, pero se hace silencio frente al ataque de los desconocidos.
 
3. Por último, está el silencio organizado, que es una forma de silencio en la que se acallan los acontecimientos pasados, tras la salida de las AUC, como herramienta de recuperar la cotidianidad y lograr la normalidad.
 
Para concluir, Cancimance explicó que es importante resaltar que la forma como entendemos los hechos siempre tiene distintos matices y, por lo tanto, no existe una verdad absoluta. Todo lo que se expone siempre resulta ser una visión construida y en esta hay versiones que, en ocasiones, se olvidan.
 
Los Silencios de los sobrevivientes de la masacre de El Tigre, Putumayo, donde expuso su estudio el antropólogo Andrés Cancimance, fue una conferencia realizada por la Universidad de los Andes, en el marco del coloquio 'A la escucha'.