La memoria, para Héctor Abad

Para este escritor y periodista hay que ser conscientes de lo que pasó, y no olvidarlo del todo, pero no vivir recalcándolo y recriminándonos. La filósofa Cristina Esguerra lo entrevistó para Reconciliación Colombia a propósito del vasto proyecto de Bogotá de construir un lugar para la memoria nacional.

22 de marzo de 2015
Foto: Archivo Semana

El escritor y periodista Héctor Abad Faciolince, autor de una de las novelas más importantes de los últimos tiempos en Colombia ‘El Olvido que seremos’, respondió cuatro preguntas sobre el reto que Colombia tiene por delante de construir memoria. Sus respuestas sobre lo que deberíamos buscar los colombianos al ejercitar la memoria son directas y contundentes.

Reconciliación Colombia lo buscó, a través de la colega y filósofa Cristina Esguerra, a propósito de la construcción de un museo nacional en Bogotá, donde “se concentran diferentes espacios para la socialización e intercambio cultural”, dice la revista Semana en su edición de este domingo. Al dar a conocer la noticia, el artículo explica cómo avanza esta propuesta y cómo este lugar se integrará al Eje de la Paz y de la Memoria de la capital.

Aquí sus reflexiones:

¿Cómo ve usted el proceso de construcción de memoria del conflicto en Colombia?

​Para mí lo importante es recordar sin rencor. Si el recuerdo se usa para la animadversión y la venganza, entonces la memoria se vuelve una especie de recriminación sin fin. Así como las culpas personales prescriben legalmente, también ​las culpas históricas deberían tener una fecha de caducidad, para no pasarnos la vida en el resentimiento. Conviene mucho saber qué pasó, sin duda, para intentar que no se repita, pero no para repartir culpas y rencores.

¿Cree usted que es necesario que el conflicto termine para que pueda darse una construcción de memoria como la que tiene hoy día un país como Alemania?

​En Alemania se cuidan de no volver a ser los monstruos que fueron. Saben que cualquier pueblo puede caer en la barbarie, y como ellos cayeron tan hondo, se cuidan más. No por eso se desprecian a sí mismos, simplemente, se conocen y cercenan todo síntoma de recaída: nacionalismo, racismo, antisemitismo. Allá no se podía hacer esa reconstrucción durante la guerra. Aquí sí se puede hacer y no debemos esperar al final: hay que combatir el germen permanente de recaer en el paramilitarismo y en la lucha armada: esa semilla violenta sigue muy viva en Colombia y hay que combatirla: que no haya nuevos grupos de este tipo. ​

Según la teoría del médico austriaco Eric Kandel (quien se ganó por ese estudio el premio Nobel) la memoria humana no es capaz de recordarlo todo, sino que hay eventos o situaciones que necesariamente se olvidan. Es decir la memoria humana recuerda y olvida a la vez. ¿Cree usted que una memoria colectiva debe funcionar igual? ¿Habrá cosas que es mejor que colombianos no recuerden?
 
​Es bueno recordar, pero es dulce olvidar (decía De Greiff). Sin olvido no podríamos seguir adelante. No podemos vivir como el día después de la tragedia, con la herida abierta. Sin olvido nos enloqueceríamos. No hay que escarbar las heridas cada mes, para alimentar el rencor. Hay que ser conscientes de lo que pasó, y no olvidarlo del todo, pero no vivir recalcándolo y recriminándonos. El olvido -que es el mejor perdón- es un antídoto contra el resentimiento. El resentimiento y el odio son deformaciones mentales muy dañinas. ​

¿Cree usted que la construcción de memoria debe venir cargada de algún tipo de juicio moral o bastará con el relato de los hechos?
 
​Es mejor contar lo que pasó y nada más. Los seres humanos tenemos un sentido ético suficientemente desarrollado para saber cuándo algo que se cuenta es repudiable o cuándo es benéfico. Basta decir que violaron a una niña para saber que eso es horrendo: no tengo que usar la palabra "horrendo" para que se entienda. ​