¿Qué se puede esperar de la visita del papa Francisco a Colombia?

Más que un respaldo al proceso de paz con las Farc, la presencia del pontífice en Colombia busca contribuir a hacer posible esa reconciliación entre los colombianos que no se construye en La Habana.
 
Abril 6 de 2015
 
El anuncio de la visita del Papa Francisco a Colombia, que se espera ocurra en el 2016, ha generado tanta expectativa en el país como interpretaciones diversas sobre su significado.

Aunque no tiene un objetivo político sino espiritual, varios sectores esperan que su presencia sirva para fines diferentes: o para respaldar al proceso de paz o, por el contrario, para ponerle condiciones.

Sin embargo, ni pronunciamientos de rechazo o respaldo a las Farc, ni orientaciones sobre la aplicación de la justicia transicional, ni espaldarazos para el Gobierno o la oposición es lo que se puede esperar de la visita del Papa al país.

¿Qué es lo que se puede esperar entonces?

En la carta en la que se confirma la visita, enviada por el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin al Presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Luis Augusto Castro, pueden encontrarse algunas pistas sobre el significado real de la visita.

En primer lugar, la comunicación deja en claro que las víctimas serán uno de sus principales objetivos.

En varios apartes de la carta se hace referencia a ellas y a la importancia de su reparación para construir una paz duradera.

“Hay que arriesgarse a cimentar la paz desde las víctimas, con un compromiso permanente para que se restaure su dignidad, se reconozca su dolor y se repare el daño sufrido. El Papa manifiesta gran afecto, cercanía y solidaridad, a quienes han padecido las consecuencias del conflicto armado en todas sus expresiones”, dice la misiva.

En su visita, el pontífice seguramente llamará la atención sobre la exigencia de que haya verdad, justicia y reparación y la necesidad de garantizar la no repetición, pero su primer objetivo será simplemente de solidaridad. Es decir, dar directamente su apoyo a las víctimas del conflicto en Colombia en su dolor y en sus esfuerzos por salir adelante.

“Se ha de seguir adelante animando su compromiso con los desplazados, con los sobrevivientes de las minas antipersona, con quienes han sufrido el despojo de sus bienes, con los secuestrados, con todas las personas que han padecido en diversas formas, y también con las víctimas de décadas de injusticia, inequidad y marginación”, agrega la comunicación.

En segundo lugar, con su visita el Papa también está pensando en los antiguos victimarios.

Sobre este punto, la carta destaca el papel de la Iglesia como un lugar para promover el arrepentimiento y el perdón.

“Es preciso asumir el riesgo de convertir toda la Iglesia, cada parroquia y cada institución, en un ‘hospital de campo’, en el lugar seguro en el que se puedan reencontrar quienes experimentaron las atrocidades y quienes actuaron desde la orilla de la violencia. Que en la Iglesia todos hallen sanación y oportunidades para recuperar la dignidad perdida o arrebatada. Que allí se haga posible el arrepentimiento, el perdón y la decisión de no reproducir nuevamente la cadena de la violencia”, explica.

La carta destaca los dos lados de la concepción cristiana sobre el perdón, es decir que pasar la página y dejar el resentimiento atrás es posible, pero que de parte del victimario tiene que haber un reconocimiento del daño que se provocó.

“Que aquellos que actuaron desde la violencia, allí puedan reconocer las dolorosas consecuencias de sus acciones, con las cuales no solamente han hecho daño a las víctimas, sino que han herido asimismo su propia dignidad humana. Que este ‘hospital’ abarque las periferias del dolor, muchas veces también de resentimiento y de odio, que se generan en todos los conflictos, desde los familiares hasta los de mayor envergadura”, manifiesta la carta.

Y finalmente, para todos los colombianos, la visita del Papa puede tener un efecto de superar la polarización y lograr la unidad, no en torno a lo que ocurre en La Habana, sino a trabajar juntos en la búsqueda de la reconciliación.

Como lo deja en claro la carta: “La construcción de la paz es un proceso complejo, que no se agota en espacios o en planes de corta duración”.

En este enlace puede ver el texto completo de la carta.