La abuela que no se rindió

Estela de Carlotto, la abuela de la Plaza de Mayo que luchó durante 35 años para reencontrarse con su nieto desaparecido por la dictadura en Argentina, está de visita en Bogotá. Hablamos con ella.

7 de abril de 2015
Por José Vicente Guzmán Mendoza, periodista de Reconciliación Colombia
Foto: Carlos Bernate

Durante 36 años, Estela de Carlotto se dedicó de cuerpo y alma a buscar a su nieto Guido, desaparecido por la dictadura Argentina a finales de 1977. Nunca lo había visto. Al principio no sabía que existía. Pero con el tiempo se enteró de que cuando su hija Laura, una universitaria que militaba en las filas del peronismo, había sido secuestrada por agentes estatales, estaba embarazada.

Luego de más de tres décadas de luchar por encontrarlo a él –pues su hija fue asesinada meses después de dar a luz– y a los otros menores desaparecidos, Estela, presidenta de la Asociación Abuelas de la Plaza de Mayo, recibió la noticia que tanto había esperado. El 5 de agosto del 2014 una prueba de ADN comprobó que un joven de 37 años, que hasta entonces se hacía llamar Ignacio Hurban, era en realidad Guido Montoya Carlotto, su nieto.

Los dos protagonistas de esta historia, que conmovió a millones de personas en todo el mundo, están esta semana en Bogotá, pues este miércoles participarán en la Cumbre Mundial de Arte y Cultura por la Paz. Lo harán en un conversatorio en el que interactuarán con el cantante argentino Leon Giecco y con Luz Marina Bernal, una de las madres de Soacha que perdieron a sus hijos en los llamados ‘falsos positivos’.

Reconciliación Colombia, junto con varios medios de comunicación, tuvo la oportunidad de hablar con Estela de Carlotto, de compartir sus reflexiones y de escuchar sus opiniones sobre el caso colombiano, en donde las cifras hablan de más de 25.000 personas desaparecidas de manera forzada.

“Recuerden que yo soy una abuela de la Plaza de Mayo. No soy más que eso. Sólo soy una abuelita”, es lo primero que dice Estela, quien ya tiene 80 años, anda con un bastón y los recorridos largos los hace en una silla de ruedas.

“Que sigan adelante”

Minutos antes de su encuentro con los medios de comunicación, Estela estuvo reunida con algunas representantes de las madres de Soacha, quienes perdieron a sus hijos en los llamados falsos positivos.

Fue una reunión muy dura. Hay coincidencias increíbles en la lucha de estas mujeres con la nuestra. Quiero dejarles el compromiso de ayudar todo lo que podamos para que acá en este país las cosas lleguen a concretarse como se están concretando en Argentina”, contó.

Sin embargo, dice que no hay recetas sobre cómo solucionar las cosas y que cada país debe tener su propia dinámica, sus propios tiempos y su propia respuesta.

“El consejo que les dejo es que sigan caminando, que no decaigan y que sumen voluntades. Lo más importante es que tengan visibilidad, que sepan que existen y que así se vaya uniendo gente que tenga el deseo de que en su país estas cosas no pasen al olvido”.

Cuenta que cuando comenzaron la lucha como Abuelas de la Plaza de Mayo, la gente en Argentina las miraba de costado, se cambiaban de calle e incluso les herían sus sentimientos. “Sabíamos que teníamos la razón y seguimos caminando y abriendo caminos. Yo fui docente e hice docencia. Mi docencia era llegar a todos los espacios posibles a contar nuestra historia. A escuelas, barrios, clubes,….”

Esa sensibilización funcionó y desde hace un buen tiempo, la sociedad argentina apoya su lucha.  Incluso, según Estela, ningún político se atreve a pedirles que dejen de buscar, porque sabe que pierde votos.

Por lo que habló con las madres de Soacha, ella sabe que no pasa lo mismo con las víctimas de  la desaparición forzada en Colombia. “Ellas todavía están muy solas. Hay muchas quejas en ese sentido y acá escucho cosas que me duelen”, dijo. “A ellas no pueden ignorarlas. Hay que darles una rápida respuesta. No es posible que les respondan que no tienen tiempo de ayudarles”.

Recuperando tiempo

Los últimos ocho meses para Estela de Carlotto han sido para recuperar parte del tiempo perdido con su nieto, quien ahora se hace llamar Ignacio Guido Montoya Carlotto.

“Tengo la dicha de decir que he encontrado un nieto maravilloso. Es un muchacho de 36 años criado en el campo, que luchó para ser músico a pesar de la pobreza en la que vivía”, cuenta con una sonrisa en la cara.

La pareja que crió a Guido lo trató bien. Estela dice que también son víctimas, pues un día el patrón de la zona en la que vivían les llevó a un bebe y les ordenó que nunca le dijeran que no eran sus padres y que nunca preguntaran de dónde venía. “La justicia dirá. No soy quien para juzgarlos o absolverlos, pero lo criaron bien”.

Lo cierto es que Guido terminó llegando a ella por él mismo. Cuando se enteró que era adoptado, se hizo una prueba de sangre y la cotejó con el banco de ADN de las abuelas. El resultado arrojó que era el nieto de la presidenta de la asociación que luchaba por encontrar a los niños desaparecidos por la dictadura, de la misma que muchas veces había visto por televisión.

“Nos estamos conociendo. El está muy compenetrado de la historia de su papá y de su mamá. Pero no es tema de una abuela obligarlo a escuchar lo que no quiere. Por ahora la ternura, lo que no le pude comprar, hasta juguetes. Viene a mi casa, va a la casa de los tíos y tiene 13 primos. Se está acostumbrando a eso”, cuenta.

De hecho, las Abuelas de la Plaza de Mayo tienen la consigna de que los tiempos de los nietos son de ellos y hay que respetarlos. Algunos de los 115 que han encontrado tardaron años en decirles “abuela” a sus abuelas.

Guido parece llevarlo bien. El mismo día en que la conoció se despidió de ella con un “chao abu”.

De maestra de escuela a activista
 
Estela nunca imaginó que algún día se iba a terminar convirtiendo en una de las  caras más visibles de la lucha por los derechos humanos en su país.
 
Hace 40 años era una maestra de escuela en La Plata, tenía cuatro hijos y vivía con su esposo. No le gustaban las movilizaciones, votaba cuando le tocaba y como había sido criada cuando su país vivia varios tipos de dictadura, era un poco indolente frente a la realidad política de Argentina.

Todo cambió cuando sus hijas mayores se involucraron con los movimientos universitarios peronistas y empezaron a criticar de frente a la dictadura de Jorge Videla. 
 
A su esposo lo detuvieron ilegalmente y ella tuvo que pagar una fianza para dejarlo libre. A un familiar cercano se lo llevaron durante la ‘noche de los lápices’, como se le conoce a los eventos del 16 de septiembre de 1976, cuando agentes estatales secuestraron a varios estudiantes de secundaria que habían protestado pidiendo un descuento estudiantil para el autobus.
 
Pero el evento más traumatico fue la detención forzada de su hija Laura. Desde entonces, y con más ahinco al saber que le habían asesinado y que le habían robado a su nieto recien nacido, comenzó a movilizarse, conoció a otras mujeres en su misma situación y, poco a poco, se fue convirtiendo en la Estela de Carlotto que todos conocen ahora.
 
Alguien que cree en el poder de la mujer para cambiar el mundo. “Las mujeres tenemos una fuerza interior que los hombres no tienen”, dice, y cuenta que cuando comenzaron a marchar para exigir la devolución de sus desaparecidos, los militares no las tomaron en cuenta.
 
“Decían ‘déjenlas, déjenlas que son mujeres y se van a cansar pronto’. No contaron con que ibamos a resistir y con que ibamos a lograr todo lo que logramos”.
 
Hoy, no sólo han encontrado a 115 nietos, sino que han logrado poner el tema en la agenda de su país. Varios gobiernos han apoyado su causa y hoy existen herramientas concretas, como un banco de ADN con el que cualquier persona puede cotejar sus datos para saber si es alguno de los nietos que aún hoy están desaparecidos.
 
La perseverancia que nació del dolor de una maestro de escuela a la que no le gustaba la política ha dado sus frutos.  Incluso, la asociación ha estado nominada al Nobel de Paz en varias ocasiones.

La importancia de la justicia

Para Estela, uno de los logros de las Abuelas de la Plaza de Mayo, es que en sus casos se aplique la justicia ordinaria y no tenga cabida la amnistía que se pactó en algún momento en Argentina.

“Ellos no confiesan, no se arrepienten y prometen volver a hacerlo. Son peligrosos y no hay que tenerles ningún tipo de piedad”, dice.

Actualmente casi 600 personas involucradas en el robo y la desaparición de bebes están siendo juzgadas por tribunales ordinarios. Incluso, por el caso del asesinato de su hija y la desaparición de su nieto Guido, dos personas fueron condenadas a cadena perpetua en Italia.

Piensa que el perdón es una decisión individual y no colectiva, y que en su caso le correspondería tomarla a su hija Laura, pero dice, irónicamente, que ella no puede hacerlo porque ellos mismos la asesinaron. También cree que no es posible hablar de reconciliación, “¿con quién me tengo que reconciliar yo si no hice nada?... En esto no hay ni odio, ni revanchas, ni perdón. Sólo hay justicia”.

Eso sí, pide que las víctimas luchen en paz. “Uno no puede agredir injustamente a nadie aunque tenga dolor. Hay que caminar hacia adelante en paz y con amor”.

Ella lo sigue haciendo. Aunque ya encontró a su nieto, dice que hay cerca de 300 menores que todavía están desaparecidos y está convencida de que las otras abuelas también tienen el derecho de sentir el gozo que ella sintió cuando finalmente terminó una larga ausencia de 36 años.