‘El arte recupera la risa espontánea’

Reconciliación Colombia moderó un panel que evidencia la necesidad de incorporar las expresiones artísticas como vehículo para trabajar escenarios de reconciliación. Aquí reconstruimos este diálogo.
 
8 de abril de 2015
Foto y Texto: Natalia Riveros.


La música, el teatro, la pintura, la escultura, la escritura y la narración oral, entre varias de las expresiones artísticas, son herramientas para la memoria, para sanar física, síquica y espiritualmente, para recuperarnos como seres humanos, para recobrar las tradiciones y costumbres solidarias y de confianza en el otro, antes de que estas fueran arrebatadas por la incertidumbre, por el despojo y por el dolor que entraña la violencia.
 
La cultura logra entonces algo que no alcanza ningún otro sector y es hablar desde la cotidianidad, desde los sentires y pensares, y eso acerca a públicos que no se juntarían nunca de otra forma y, sobre todo, permite al ser humano hallar espacio en el arte, en las letras, en las tablas y hasta en las muecas –como partícipe o como espectador- porque allí no hay exclusiones. La forma como cada quién lo entiende, lo interpreta o le da color es ya una expresión cultural.
 
La forma como los territorios y las regiones colombianas han venido trabajando el asunto cultural a través de liderazgos de distintas áreas artísticas fue el tema que ocupó al auditorio del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá durante el conversatorio ‘Liderazgos regionales para la construcción de una cultura de paz’, panel de la Cumbre de Arte y Cultura, y el que moderó Ximena Botero, coordinadora general de Reconciliación Colombia www.reconciliacioncolombia.com
 
Otoniel Romero, profesional del teatro y licenciado en arte dramático de la Universidad del Valle, provocó con esta afirmación al público: “la risa subversiva nos permite pensar en un país distinto”.
 
Este amante del teatro se vinculó en febrero de 2005 al Programa de Reincorporación a la Vida Civil del Ministerio del Interior, donde fue testigo de la desmovilización de muchas estructuras militares de las Autodefensas Unidas de Colombia, y le correspondió presentarles a los hombres y mujeres que dejaban sus filas el programa de la ACR a los desmovilizados. Lo hizo a través del cuento.
 
En el 2011 Romero es parte de la Dirección Programática de Reintegración de esta agencia presidencial y desde su visión artística aporta elementos innovadores en la implementación de los programas. Su visión como artista es muy rica, emotiva, soñadora: “¿Qué busco con el arte en los caminos de la guerra?” –se pregunta y se responde: “El teatro me ha permitido mirar hacia adelante y creer en este país. Busco recuperar la risa espontánea, la que se hace sol y la que se hace fuego”.
 
El trabajo de Otoniel Romero con niños desmovilizados de diferentes grupos armados ilegales le ha dejado varias lecciones y anécdotas, entre esas, una canción que los niños crearon: “(…) Nacimos en la guerra, a punta de fusil nos hicieron madurar (…)”. Y agrega que a través del arte los niños logran conectarse con la vida por lo que luego de trabajar con ellos su sueño “es morirse de muerte natural”.
 
El crítico y teórico teatral cubano Omar Valiño le contó al auditorio la experiencia ‘Cruzada Teatral Guantánamo Baracoa’, “(…) la Cruzada se convirtió en una gran experiencia pedagógica hacia dentro de los teatreros, de sus grupos y del conglomerado escénico guantanamero”, comentó al referirse a lo que a través de 25 ediciones ha logrado Cruzada Teatral para guardar la memoria y sanar las heridas.
 
A partir de la gran experiencia acumulada por esta obra teatral Valiño comentó que “su memoria viva es ahora el enorme peso para transformar lo necesario e incluso revolucionar”. Por eso este artista cubano tiene la idea de que cuando se habla de cultura de paz y de reconciliación hay una referencia directa a repensarnos y reconocernos a partir de la aceptación –no negación- del pasado de cada región, de cada mujer, de cada campesino, de cada pueblo.
 
Durante su moderación, Ximena Botero subrayó que la reconciliación es un proceso de largo aliento que necesita la participación de todos los sectores: la academia, la empresa, el Estado, los gobiernos locales, las confesiones religiosas, los medios y, por supuesto, al sector cultural. “Necesitamos a las regiones y a sus líderes participando de esta construcción colectiva”, comentó.
 
Adalgiza Charria, abogada y periodista colombiana, y quien hace parte de la Fundación Mujer Arte y Vida de Cali –Mavi- hizo énfasis en que “no debemos quedarnos en la memoria del dolor”. El trabajo de esta periodista ha estado muy ligado a visibilizar la violencia contra la mujer como un problema no sólo de género, sino que afecta a toda la sociedad. Para Charria Colombia debe avanzar en explorar el cuerpo como territorio de lenguaje y de memoria para rescatar el papel de la mujer.
 
El escritor, periodista y editor Jaime Fernández, nacido en Villavicencio y fundador de la Corporación Cultural Entreletras les dijo a los asistentes que las letras y los relatos de los niños que participan en sus talleres reiteran sus vivencias durante el desplazamiento, las masacres, las muertes selectivas y ve en estos falta de esperanza, algo así como “ya no soy feliz”.
 
Desde hace 35 años, su trabajo ha estado enfocado a proyectos de escuelas literarias y de arte orientados a niños, jóvenes y adultos de más de veinte municipios del Meta que han sufrido el conflicto. A su juicio, estos espacios culturales logran robarle el tiempo a la angustia y a la violencia.

Con los nuevos tiempos, Fernández interpela: "si hemos soñado y construido en medio de la guerra, ¿cómo no hacerlo en medio de la paz?". Y aquí advierte que hay que entender la importancia de que cada niño, cada joven, cada colombiano ha vivido una realidad diferente. “(…) Ninguna prima sobre la otra, (…) el reto es aprender a respetar cada una de esas realidades”.