Expertos eclesiales en posconflicto aportan a la construcción de paz en Colombia

Encuentro Ecuménico Internacional por la Paz que tuvo lugar en la Universidad Javeriana destacó la dimensión espiritual de la reconciliación, pero advierte que es vital que el Estado garantice los derechos de las víctimas.

14 de abril de 2015
Foto: Justicia y Paz. Tomada de Twitter.


¿Cuáles son los desafíos para las iglesias en escenarios de construcción de paz como la institución influyente que son? Según Maake Masango, miembro de la Iglesia Presbiteriana Unida de Sudáfrica, e invitado especial al Encuentro Ecuménico Internacional por la Paz que se cumplió recientemente en Colombia, la iglesia tiene el reto de hacer el llamado de paz desde las mismas personas de fe. “La paz es una labor de la iglesia, no de gobiernos” afirma.
 
En la misma línea, el Obispo noruego Emérito Gunnar Stalsett, secretario general de la Federación Luterana Mundial y miembro del comité que elige el Premio Nobel de Paz, considera que para transitar por el camino de la reconciliación debe recorrerse el camino de la solidaridad, que va más allá de los asuntos políticos. Desde su perspectiva, la dimensión espiritual con la que las iglesias contribuyen al proceso de paz involucra no solo oración, sino los fundamentos morales para que toda acción sea guiada en la dirección correcta.

Además, considera que las iglesias tienen un gran poder como agentes sociales por las redes que crean. Son de las más grandes del mundo “no sólo como creyentes, sino como movimientos eclesiales”, concluyó.

De la misma forma, Jenny Neme, directora de Justapaz, resaltó que el trabajo eclesial no se puede hacer sólo. El reto es trabajar por la construcción de redes y relaciones con iglesias en los ámbitos nacional e internacional. “A veces pueden más las diferencias, pero el  cómo romperlas y unirnos para trabajar es un reto fundamental, y la base de esto es la reconciliación”, afirmó.

Experiencias internacionales, les permite afirmar a los expertos que las iglesias han sido un actor fundamental para que muchas negociaciones de paz hayan sido exitosas en naciones en conflicto. Por ejemplo, John Nduna, de la iglesia episcopal de Zambia y secretario general de la ACT Alianza, ha tenido experiencia en la construcción de paz en el sur de Sudán, donde la iglesia jugó un rol vital en el proceso de negociación como mediadora entre las partes.

“Si la iglesia no estaba involucrada, las personas no creían en la paz. La inclusión de la iglesia fue un llamado de la sociedad misma. La negociación era creíble en la medida en que la iglesia participara”, expresó.

Por su parte, el obispo noruego Emérito Gunnar afirma que en los países que han experimentado comisiones de verdad y reconciliación el papel de las iglesias ha sido reconocido. En Guatemala, por ejemplo, el rol de las iglesias fue central, en la medida en que fue representada a través de muchas organizaciones religiosas, entre esas el Vaticano.

Jenny Neme enfatiza que las iglesias colombianas llevan esperanza a muchas comunidades y personas afectadas por la guerra. En muchas ocasiones, su resistencia a la violencia se da por medio de la fe. Entre otros desafíos, Neme afirma que las iglesias contribuyen en la construcción de paz de varias formas que hay que profundizar: trabajando el contexto y la realidad social, pues no se encierran en burbujas y ven y tratan de influir positivamente en las situaciones difíciles externas a la iglesia. Igualmente, moldean ministerios dentro de estas organizaciones para acompañar a las víctimas. La idea también es avanzar en que haya una labor de denuncia ante las instancias judiciales y de gobierno.

Según el Obispo Noruego esta gran dosis de espiritualidad debe estar acompañada del goce efectivo de los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación, responsabilidad estatal. “Si la justicia para las víctimas no es honrada, entonces no se logrará la reconciliación. Pues para las víctimas esto no es un asunto de venganza, sino de reconciliación”.

En cuanto a la verdad, para el reverendo Maake Masango “la paz viene cuando las personas no ocultan las historias; la paz viene cuando la verdad se conoce". De igual modo, expresaron la importancia de abrir espacios para la educación de los niños y garantizar un acceso igualitario a la atención en salud para toda la población.

La participación de Angie Julieth Muelas, adolescente de 17 años representante del Movimiento Nacional de Gestores de Paz, dejó perplejo al auditorio por la forma en que expresó su experiencia como gestora de paz del resguardo indígena de Silvia, Cauca, a donde pertenece. Lo que hace el movimiento al que Angie pertenece es contribuir a la educación para la paz en niños, niñas, jóvenes y adolescentes que han sido azotados por el conflicto armado. Parte de la labores de estos jóvenes es trabajar en instituciones educativas para dar pedagogía sobre el conflicto, sobre saber cómo reaccionar ante los grupos armados. Las iglesias representan un gran apoyo para este movimiento,  y sus acciones están guiadas por las creencias en Dios. Sin embargo, los niños y niñas que hacen parte de este movimiento pertenecen a diferentes religiones, con el propósito de multiplicar los conocimientos.

La conferencia tuvo lugar en La Universidad Javeriana en el marco del Encuentro Ecuménico Internacional por la Paz en Colombia realizado en Bogotá entre los días 8 y 11 de abril en Bogotá, espacio organizado por DIPAZ. El objetivo principal fue construir una agenda por la paz entre varias iglesias y organizaciones eclesiales globales y regionales. La meta es que dicha agenda articule testimonios por medio de espacios de diálogo entre personas de fe que desde la espiritualidad que profesan quieran aportar para la paz. Las personas que fueron invitadas al panel cuentan con mucha experiencia en procesos de paz alrededor del mundo, donde se juntó en una misma mesa experiencias de diferentes lugares, que representan distintas culturas y diferentes perspectivas del mundo y de la vida.