Seguir negociando, pero no a cualquier costo

La muerte de 11 soldados en el Cauca a manos de las Farc lleva al Gobierno a tomar decisiones de cara al proceso de paz, más allá de las ya anunciadas con respecto al frente de guerra. Por el respaldo internacional es previsible que los diálogos sigan, pero las condiciones cambian.

15 de abril de 2015
Foto: Comunicaciones Paz Gobierno



El ataque deliberado de las Farc contra el Batallón de Combate Terrestre No. 110 de la Fuerza de Tarea Apolo que dejó 11 militares muertos y casi 20 heridos es un golpe que resiente el proceso de paz.

Mientras en La Habana las partes están enfrascadas en la discusión del punto de víctimas e intentan destrabar la negociación en los temas de justicia transicional y las responsabilidades de cada actor armado, la guerrilla vuelve a minar la poca confianza que existe hacia su voluntad de paz con un claro rompimiento del cese unilateral que habían decretado el 20 de diciembre. Y de una forma atroz.

La reacción del Primer Mandatario fue ordenar la reanudación de los bombardeos sobre los campamentos de la guerrilla que por orden presidencial se habían suspendido el pasado 10 de marzo como un gesto para desescalar el conflicto y tras el desarrollo de la tregua unilateral decretada por las Farc.

La pregunta que salta a la vista es qué va a pasar ahora con el proceso de paz, pues aunque la recriminación a la guerrilla por el ataque es unánime, no hay consenso sobre qué hacer con las negociaciones ni cómo enderezarlas de un letargo que lleva desde el 27 de agosto de 2012, cuando se iniciaron.

Mientras unos sectores piden rectificación inmediata, otros dicen que toca mantenerlas e incluso que semejante ataque “sirve” para acelerarlas.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que es poco probable que el Presidente acabe las negociaciones. El proceso en La Habana es el que más ha avanzado en la historia de las negociaciones con las Farc y ya hay acuerdos concretos en materia de tierras, participación política, solución al problema de las drogas ilícitas y desminado humanitario. Botar a la basura esos alcances no va a ser fácil.

Además, el apoyo internacional al proceso de paz es unánime. Países como Estados Unidos y Alemania nombraron delegados para acompañar las negociaciones y el posconflicto. La Unión Europea y las Naciones Unidas están tomando decisiones para llegar a los territorios del posconflicto y fortalecer la institucionalidad local y la participación efectiva de las comunidades. Recientemente, la decisión de Barack Obama de sacar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo está fundamentada en el apoyo de ese país al proceso con las Farc. Eso, combinado con que el Presidente se ha jugado su prestigio nacional e internacional con esta negociación obliga a intentar mantener el proceso hasta el final.

Con todo y eso, las negociaciones no pueden seguir como si nada hubiera pasado. El ataque de las Farc es un ‘bombazo’ a la confianza que se había construido en tres años de diálogos y que ya había conducido a una disminución importante de la confrontación que implica negociar en medio del conflicto armado.

Esa situación tendrá efectos concretos. A partir de ahora y en el corto plazo será difícil, por ejemplo, que el Presidente Santos vuelva a tomar una decisión para desescalar el conflicto que pueda favorecer a las Farc, como por ejemplo la que había tomado al suspender los bombardeos.

También tendrá que reconstruirse la confianza del proceso mismo ante la opinión pública, que luego del ataque de hoy se ha visto seriamente afectada. Los colombianos empezarán a pedir más resultados concretos y prontos y la disminución real de la violencia en Colombia. Que se alargue la negociación, sin resultados a la vista en temas como la suerte de los guerrilleros acusados y condenados por delitos atroces terminará desgastando aún más la paciencia de los colombianos.

“Los muertos de hoy en la mañana representan un triste paso hacia atrás en la reducción del sufrimiento y la confianza en el proceso de paz”, afirmó hoy Fabrizio Hochschild, portavoz en Colombia de la ONU.

Sobre eso tendrán que trabajar con pinzas los negociadores.

Además, a partir de ahora cualquier ataque de la guerrilla pondrá más presión sobre la que ya tiene el Gobierno y generará más escepticismo en la opinión, el que siempre es hábilmente manejado por los sectores del Centro Democrático y otros de la derecha (estos sí que no dan la cara) para crear un búmeran en contra de los esfuerzos de la salida negociada al conflicto armado. La  senadora Claudia López lo resumió en su cuenta de Twitter así: “si bien respaldamos el proceso de paz, esto no es patente de corso para que las Farc cometan estos actos infames”.

Lo cierto es que la rabia y la indignación que generan este tipo de ataques no deben llevar a tirar por la borda lo que se ha alcanzado en tres años de diálogos. Eso opina el senador Carlos Fernando Galán, de Cambio Radical, quien dice que así como el Gobierno no debe ceder ante las presiones de la guerrilla por lograr un cese bilateral del fuego, tampoco debe “dejarse llevar por estas situaciones” para romper el proceso.

El mejor resumen del reto que enfrentan ahora las negociaciones de paz lo hizo EL profesor Antanas Mockus en un comunicado publicado en su página de Facebook: “No podemos seguir realizando acciones o pronunciamientos que pongan en peligro los avances logrados en La Habana porque eso nos puede llevar a seguir perdiendo vidas valiosas para el país. Esto debe terminar ya”.

Lo difícil de esta posición, o la de Hochschild en el mismo sentido -“el proceso de paz es tan importante justamente para terminar el sufrimiento causado por este tipo de incidentes”- que ellos, que no hacen parte de la izquierda colombiana, quedan con estas posiciones como si defendieran a las Farc, cuando no es así. Una cosa es estar a favor del proceso de paz, y otra muy distinta es estar a favor de la guerrilla.

Por ahora, las Farc están contra los ‘palos’ pero la historia ha demostrado que son hábiles para salirse de la ‘sinsalida’.