Un libro que rompe las segregaciones a las que estamos acostumbrados

Reconciliación: el gran desafío de Colombia no es más que la prueba de que los protocolos, jerarquías y demás herramientas de segregación sobre las que erróneamente se edificó nuestra sociedad pueden transformarse. 
 
Laura Campos Encinales
Coordinadora Editorial publicación Reconciliación: el gran desafío de Colombia
 
15 de abril de 2015

Hace unos meses recoger en un libro una mirada heterogénea, especializada y libre de jerarquías sobre la reconciliación en Colombia y sus implicaciones, parecía imposible. Mucho más en una sociedad como la nuestra, cimentada sobre una cruel infraestructura de prejuicios, protocolos y parafernalias que categorizan a sus ciudadanos entre mejores y peores, ricos y pobres, ilustrados e ignorantes, citadinos y del campo, blancos y negros, blancos e indígenas, de izquierda y de derecha, pro paz y pro guerra.

Sin embargo, en un esfuerzo por demostrarle al país que el camino de la reconciliación es totalmente independiente en tiempo y espacio al de la guerra, y que en él hay cabida para todas las visiones, el proyecto Reconciliación Colombia asumió la tarea.

En diciembre de 2014 inició la producción de un libro que recogería las historias, lecciones y retos que tenemos como sociedad al momento de hablar del tema y partió por proponerse que quienes escribirían allí provendrían no solo de todos los sectores sino de todos los estratos, regiones, razas y posturas.

Convocó a personalidades de alto nivel, nacionales e internacionales, así como también a líderes regionales que día a día arriesgan su vida por el propósito de la construcción de la paz, pero que difícilmente encuentran espacios para dar a conocer su labor.  Allí empresarios, ministros, alcaldes, senadores, gobernadores, negociadores del actual proceso de paz y descreídos del mismo, compartirían papel con víctimas, miembros de la fuerza pública en retiro, líderes comunitarios, autoridades indígenas y afrodescendientes, al tiempo que músicos, religiosos, académicos y artistas enriquecerían las páginas junto a las reflexiones de renombrados expertos internacionales.

Todos en el mismo libro, sin excepción o privilegio alguno. Con idénticos perfiles en tamaño y apariencia, y sin órdenes de aparición basados en apellidos, abolengos o cuentas bancarias. Porque la reconciliación es justamente construir sobre la diferencia.

El producto es una publicación de 300 páginas en la que más de 80 autores plasmaron su visión sobre temas como el perdón, la verdad, la memoria, la reparación, la  seguridad, la reintegración, el compromiso de la empresa privada, los aportes de las iglesias, la cosmovisión indígena y afrodescendiente, el papel de las nuevas generaciones, y los desafíos de un eventual posconflicto, entre otros.

A estas reflexiones se sumaron historias que la iniciativa Reconciliación Colombia encontró en su primer año de trabajo a lo largo del territorio nacional sobre colombianos que decidieron reconciliarse, ya fuera perdonando a sus agresores, reemplazando los cultivos ilícitos por proyectos productivos legales, o retornando al lugar del que la violencia los desplazó con la idea de reconstruir su vida y la de sus comunidades, por ejemplo.

Pensando en el nivel de impacto que un libro como este debería tener y en su pertinencia para el contexto nacional, se diseñaron dos formatos: uno académico para bibliotecas, instituciones educativas y demás fines investigativos, y otro de colección, ilustrado con fotos de historias reales, que busca atraer la mayor cantidad de ojos posibles en espacios de la cotidianidad como hogares, empresas, restaurantes, casas de la cultura, cafés y galerías. Porque de nada sirve hablar de reconciliación si lo que se publica solo llega a los interesados en el tema.

Reconciliación: el gran desafío de Colombia no es más que la prueba de que los protocolos, jerarquías y demás herramientas de segregación sobre las que erróneamente se edificó nuestra sociedad pueden transformarse. De lo contrario, haber hecho en tiempo récord una publicación de estas características, en la que los autores recibieron como única remuneración un inmenso “gracias”, continuaría siendo un imposible.