“Tenemos la capacidad de recibir a las Farc”

Joshua Mitrotti, director de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), habló con Reconciliación Colombia sobre el evento internacional que esa entidad adelanta en Pereira y sobre el desafío que significaría para el país una eventual desmovilización de la guerrilla más numerosa.  

22 de abril de 2015
Por José Vicente Guzmán Mendoza, enviado especial a Pereira

Esta semana, mientras el Gobierno decide como replantear el proceso de paz luego del ataque deliberado de las Farc en Buenos Aires (Cauca) en el que perdieron la vida 11 soldados, más de 40 expertos internacionales en desmovilización y reintegración de 18 países han estado reunidos en Pereira con varios técnicos colombianos.

El encuentro se da en el marco de la Gira Técnica de Cooperación Sur-Sur, un evento que organiza la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) y que este año, en su quinta versión, trae a invitados de Kenia, Filipinas, El Salvador, Guatemala, Irlanda del Norte, la República Democrática del Congo y Corea del Sur, entre otros.  

Reconciliación Colombia habló en Pereira con Joshua Mitrotti, el director de la ACR, sobre sus expectativas con el evento, las enseñanzas que el país ha recibido de otras experiencias internacionales y los retos que implicaría para el país la desmovilización colectiva de las Farc luego de un eventual acuerdo de paz.

Esto fue lo que nos dijo:

¿Cuál es el objetivo del evento que adelantan esta semana en Pereira?

Esta es la quinta versión de una gira que empezamos a hacer en el año 2008, que fue cuando decidimos revisar las experiencias nacionales e internacionales como un insumo fundamental para mejorar nuestro proceso cada día. 

En esta oportunidad seguimos haciendo eso. Estamos enfocándonos en entender qué ha hecho el mundo y cuáles son las diferentes iniciativas de desmovilización, desarme y reintegración que se han adoptado en diferentes contextos y circunstancias, para ver como seguimos profundizando nuestra propia ruta. También nos sirve para contribuir con nuestra experiencia al desarrollo de las políticas similares en otras partes del mundo.

De la estos ejercicios con expertos de otros países, ¿qué es lo que más ha aprendido Colombia?

Le voy a dar ejemplos concretos. El componente productivo y el componente de empleabilidad empezaron a tener unos nuevos referentes a partir de estas giras. Lo mismo pasó con el tema comunitario, con la reconciliación y con las garantías de no repetición. Estos componentes se generaron en un espacio de reflexión con técnicos, con políticos y con organismos multilaterales que están comprometidos con este tema a nivel global.

Estos ejercicios también nos han permitido ponernos a tono con los desafíos que ve el mundo. Uno a veces en este tipo de programas cree que es el único que ha sufrido estas circunstancias que no son fáciles de pilotear. Pero aquí vemos que podemos nutrir nuestras experiencias con otras experiencias internacionales.

¿Qué es lo que más les ha gustado a las delegaciones de otros países de lo que la ACR hace aquí en Colombia?

La sofisticación de nuestro proceso. El hecho de que tratemos de atender al individuo, a su familia y a la comunidad que lo recibe. También que tratamos de enfocarnos en la transformación de las condiciones del territorio para que los ciclos de violencia no se repitan.

Les llama la atención como podemos tener una estrategia articulada con los departamentos, los municipios, la institucionalidad pública y el sector privado para romper los ciclos de violencia en los territorios.

En los últimos doce años cerca de 57.000 personas han pasado por el proceso de reintegración, y según las cifras 7 de cada 10 no vuelven a reincidir, ¿cuál es la clave para que el proceso sea exitoso?

Que nuestros beneficiarios están comprometidos en nunca más volver a escenarios de violencia. Ellos saben que salieron una vez de la guerra con vida y que si se vuelven a vincular a la ilegalidad es posible que no vuelvan a correr con la misma suerte.  Hoy valoran la vida y la segunda oportunidad que les da el Estado colombiano.

¿Qué desafíos sigue teniendo la ACR hoy en día? ¿En qué falta mejorar?

Yo creo que la inestabilidad jurídica sigue siendo un escenario que nos puede hacer perder algunos desmovilizados. Como sociedad tenemos que reflexionar sobre equilibrar la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Yo no tengo la fórmula mágica, pero creo que los dos componentes más importantes deben ser la verdad y las garantías de no repetición.

¿Algún otro desafío?

Sí. Tenemos que seguir profundizando el trabajo con los territorios: con las gobernaciones, con las alcaldías, con los empresarios, con los gremios y con los medios de comunicación. También tenemos que aprender a entender cada contexto, con sus circunstancias y dificultades, para adaptarnos y salir con propuestas innovadoras que nos permitan transformar los territorios.

Ya que habla de nuevos contextos, en caso de que se firme un eventual acuerdo de paz con las Farc, ¿ustedes tendrían que reinventar los procesos para recibir una desmovilización colectiva de esa guerrilla?

Yo creo que en eso hay que ser muy prudentes. En este momento las Farc y el Estado están empezando la discusión sobre el desarme, la desmovilización y la normalización. Sobre lo que salga de ese acuerdo podremos tener una mayor claridad, pero es importante reconocer que el Estado no está sometiendo a las Farc, sino que está buscando una salida política que sea digna para la guerrilla y para la sociedad, y que genere garantías de no repetición.

¿Pero ustedes estarían preparados para asumir ese reto?

Sí. La ACR está preparada para asumir el desafío que el Estado y la sociedad le encomienden. Seremos unos embajadores para cumplir esos compromisos y honrar la palabra de esta sociedad.

¿Cuáles serían los mayores retos de desmovilizar a una guerrilla como las Farc?

Yo preferiría no herir ninguna susceptibilidad, sólo plantear que estamos preparados y tenemos la capacidad para hacerlo.

Los miembros de las Farc que atenderían en ese momento llegarían pensando que no hicieron nada malo y que no tienen de que arrepentirse, ¿cómo manejar ese escenario que es distinto al de los desertores que huyen del grupo y se entregan arrepentidos de su anterior vida?

Ahí va a haber un desafío grande como sociedad: entender que hay unas causas objetivas del conflicto y que esto no es de blancos o negros, o de buenos y malos, sino que hay una gama de grises. Debemos entender que en últimas debe haber una transformación profunda de nuestra sociedad para romper los ciclos de violencia.