Estudiantes del CESA escucharon de primera mano a víctimas y personas que dejaron las armas

El conversatorio ‘Reconciliación de víctimas y desmovilizados’ que tuvo lugar este miércoles en el Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA) como parte de la ‘Semana de la Sostenibilidad’ y en el que la iniciativa de país Reconciliación Colombia participó del panel y conversatorio como organizador, contó con expertos en comunicaciones e innovación y con víctimas y personas que decidieron dejar las armas para asumir su vida en la civilidad. Con las exposiciones y testimonios se provocó la reflexión sobre los retos que implica para la academia trascender y para las iniciativas de reconciliación ser sostenibles en el tiempo.

Abril 22 de 2015
 
El presidente creativo de Lowe José Miguel Sokoloff comentó que el reto es mayor si se tiene en cuenta que todas las guerras han tenido comunicaciones estructuradas, lo que significa que han sido sostenidas en el tiempo. Dio como ejemplo, las paradas militares, las que desde los uniformes hasta la exhibición de armamento comunican. Por eso, para él el desafío de las comunicaciones en escenarios de reconciliación y de construcción de paz es mucho mayor y exigente. La situación de hoy frente al proceso de La Habana muestra cuánto se necesitan unas comunicaciones estructuradas.

“El Gobierno (de Santos) está muy preocupado por decir y no por comunicar. Todo el tiempo hay voceros diciendo cosas y a veces no coinciden y ese caos termina comunicando que no se sabe bien para dónde se va esto, ni cómo va terminar, lo que le crea miedo a la gente. No estamos recibiendo mensajes consistentes”, explicó.
 
En aras de narrar cómo se creó la campaña Ríos de Luz en el 2012, cuando el Ministerio de Defensa envió miles de mensajes para que los guerrilleros desearan pasar la Navidad en casa usando para esto baloncitos de cristal que se iluminaban en los ríos colombianos por donde transitaba la guerrilla, Sokoloff mencionó que se centraron en que la comunicación afectara las emociones y no las razones.
 
El panel fue compartido con Claudia Aparicio, directora de TIC for Good, en el que la expositora afirmo que hoy la innovación y las nuevas tecnologías pueden usarse para crear escenarios de construcción de paz. Es decir, para hacer y dejar la retórica.

“La tecnología es exponencial, crece a una velocidad enorme y esto hace que las inversiones bajen arrojando soluciones también exponenciales para la reconciliación”, afirmó Aparicio al asegurar que los empresarios deben entender que su papel va más allá de la generación de empleos.      
 
Ella, muy joven, invitó también a un público muy joven a participar de procesos de construcción de paz, pues -comentó- la mayoría de colombianos somos muy pasivos frente al tema y por eso el país ha llegado hasta donde está. La directora de TIC for Good ve atribuciones en los jóvenes que van desapareciendo en la medida en que aumentan los años, como la creatividad y el arrojo para ensayar, equivocarse, proyectarse, venciendo el miedo a los prejuicios y a la incertidumbre. Eso, dijo, es lo que necesita hoy Colombia.
 
A este módulo de expositores, le siguió un conversatorio en el que los estudiantes tuvieron la oportunidad de escuchar de primera mano a víctimas y personas que dejaron las armas. Sandra Gutiérrez, Miguel Solano y Sabas Emilio Duque, una víctima y dos excombatientes, compartieron sus duras, pero inspiradoras, experiencias de vida con alumnos de esta Universidad, ubicada en el Centro de Bogotá.
 
“Hacemos lo que el Estado no hace”, dijo Sandra, quien como presidenta de la Junta de Acción Comunal de Mesetas, área rural de Villavicencio, comentó que junto con su comunidad han suplido muchas de las necesidades comunitarias y para lo cual han empleado la mano de obra de personas que dejaron la guerra.
 
Sandra además fue víctima del secuestro y sufrió la muerte violenta de uno de sus seres queridos. “Trabajo para que nadie pase lo que yo pasé. Todos tenemos que hacer algo. Yo los invito a eso”, les dijo a los estudiantes que la escuchaban con gran atención. “No se necesita de una firma en La Habana para empezar a construir desde ya”, agregó.
 
Sabas Emilio, quien quedó en silla de ruedas y con su capacidad auditiva disminuida después de un combate que libró cuando pertenecía a las Farc, comentó que una de las cosas buenas que le ha pasado en esta nueva etapa de su vida en la que tiene limitadas condiciones de movilidad, es que las personas y comunidades con las que se relaciona lo reconocen y juzgan por lo que es y hace hoy en día y no por los hechos del pasado. Sabas Emilio hoy trabaja para la Fundación para la Reconciliación, también aliada de este proyecto, y realiza talleres de perdón entre víctimas y victimarios en centros de reconciliación.
 
Miguel Solano, excombatiente de los paramilitares y quien hoy trabaja como abogado por la defensa de los derechos de las víctimas, compartió con los asistentes la experiencia de presentarse a la universidad para estudiar Derecho y en la que se enfrentó a su miedo de decir que venía de la guerra. Al reconocer su paso de cinco años en estas agrupaciones y pedir que le dieran una oportunidad, obtuvo la aceptación de la institución educativa.
 
Con estos testimonios Ximena Botero, coordinadora general del proyecto Reconciliación Colombia, invitó al joven auditorio a alejarse de los escenarios que alientan el odio para desarmar los corazones y las actitudes. “No solo es necesario desarmarse dejando el fusil”, le dijo al auditorio que quedó visiblemente conmovido con estas historias de vida.

Como reflexión final Botero dijo que estas personas que han vivido directamente el conflicto nos dejan la reflexión del aporte individual y social, pues si ellos están trabajando por construir país, aquellos que no hemos sido afectados por el conflicto debemos tomar la decisión de hacerlo desde nuestros espacios y en nuestra cotidianidad ya.
 
Tanto el CESA como Reconciliación Colombia trabajaron este espacio para sensibilizar a los futuros líderes empresariales en su responsabilidad en la construcción de país.