“Recomendamos que pongan las armas en contenedores”

Cornelis Steeken, un holandés-canadiense que hizo parte del cuerpo de paz de las Naciones Unidas que verificó el proceso de entrega de armas del FMLN en El Salvador, explica cómo funcionó ese modelo y qué podría aplicarse en Colombia.

23 de abril de 2015

Por José Vicente Guzmán Mendoza, enviado especial a Pereira

El 16 de febrero de 1992, un mes después de haber firmado un acuerdo de paz con el Gobierno de El Salvador, los hombres del Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional (FMLN) cesaron su acción armada y se concentraron en 15 puntos que habían sido definidos en la negociación.

Allí mismo, y con la presencia de garantes internacionales de las Naciones Unidas, guardaron sus armas y municiones en unos contenedores que fueron cerrados con candado hasta un año después, en febrero de 1993, cuando esas mismas armas fueron destruidas.

Dentro de los garantes internacionales de ese proceso estuvo Cornelis Steeken, un holandés que se había unido a la Armada de Canadá en 1975 y que se convirtió en observador militar de las Naciones Unidas.

Steeken, quien se encuentra junto con otros expertos internacionales en Pereira, en el marco de la V Gira de Cooperación Técnica Sur – Sur organizada por la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), habló con Reconciliación Colombia sobre cómo funciono el modelo de dejación de armas en El Salvador y qué tan viable lo ve para Colombia.

 
¿Cuál es el procedimiento ideal de dejación o entrega de armas?

Lo primero es que es ideal que el desarme se haga una vez exista un acuerdo. Porque el acuerdo quiere decir que ambas partes creen en el proceso y que una tiene la confianza de que la otra va a entregar todas sus armas.

Normalmente lo que recomendamos, y que fue lo que se utilizó en El Salvador, es que el grupo armado ponga el armamento dentro de contenedores que tienen dos candados. Una de las llaves va para quien entrega las armas y la otra para el grupo de verificación, que puede ser internacional, nacional o una ONG, la idea es que sea independiente de ambos bandos.  Este contenedor estaría dentro de las zonas en las que el grupo armado está concentrado.

Eso quiere decir que lo más recomendable es que la guerrilla sí esté concentrada en un punto para la entrega de armas…

No. No en un punto. En varios lugares que se deben acordar en la negociación. En el caso de El Salvador había 15. Lo recomendable es que haya 500 personas concentradas por cada punto. Como los cálculos de las Farc hablan de 8.000 a 12.000 hombres, podrían ser 20 o 30 puntos de concentración, cada una con su contenedor. Pero eso depende del contexto colombiano y la comunidad internacional no es la que les va a decir qué hacer.

¿Y cómo funciona esa entrega de armas?  

Es un proceso muy organizado. Lo hacen por frente, por grupo, por pelotón, por compañía o por brigada. Normalmente ya tienen en una hoja todas las armas que van a entregar con su respectivo número de serie y a quien le pertenece.

También tienen que entregar las balas, los explosivos, las granadas y todas las cosas que pueden usar con las armas. Esas municiones se guardan en otro contenedor, también con dos candados, que tiene que ser muy seguro para que no haya explosiones.

¿Quién revisa que no se roben o saquen armas de los contenedores?

Lo tienen que hacer los verificadores internacionales o nacionales que escojan las partes en el acuerdo. En el Salvador, por ejemplo, los centros de verificación tenían un grupo de observadores militares y un grupo de observadores civiles que hacían parte de las Naciones Unidas. Y también, independientemente de la misión de la ONU, había un policía, un militar y un civil que podían ir a cualquier lugar en cualquier momento y revisar si estaban las armas y las personas concentradas.  

¿Cómo funciona la verificación?

Cada día los verificadores entran y revisan que estén todas las armas o municiones con su número de serie dentro del contenedor. Eso les da a ambas partes la confianza de que alguien independiente sabe que está pasando con las armas.

¿Esta estrategia fue exitosa en El Salvador?

Yo creo que sí, porque la mayoría de las armas se entregaron en el momento inicial. Cuando yo hablo de la mayoría de las armas hablo del 60 por ciento de todas las armas que estaban en uso. En una operación de mantenimiento de paz eso es exitoso.

¿Y el resto de las armas?

Es que siempre quien tiene que entregar va a tener armamento escondido en diferentes lugares. Pero esas armas van a salir a la luz y se van a entregar después, cuando exista mayor confianza en el proceso. Cuando vean que no hay bajas, que las armas están bien resguardadas y que no hay problemas de seguridad.

En El Salvador hubo un momento en el que el FMLN empezó a llevar más armas a los centros de verificación.

Y una vez que se guardan las armas, ¿qué sigue?

Debe haber un plan establecido en los acuerdos. En El Salvador estaba acordado que esas armas iban a permanecer en estos lugares por un año. Cuando pasó ese año se dio paso a la destrucción de armas. Esa destrucción puede ser gradual: sacar el 30 por ciento de las armas cada mes, por ejemplo.  

¿Eso quiere decir que en El Salvador nunca hubo entrega de armas al Ejército?

No hubo entrega al Ejército ni hubo entrega a la Policía. Hubo destrucción, bajo control y verificación internacional, de las armas, de los explosivos y de las municiones.

¿Cuál es la idea de guardarlas por un tiempo y de no destruirlas apenas las entreguen?

Porque si hay un fracaso en el proceso, les da la oportunidad de sacar las armas y continuar con la guerra.  

¿Cuánto duró el proceso de destrucción de las armas en El Salvador?

Fue muy rápido. Nosotros hacemos un curso de DDR en el que cualquier civil aprende a destruirlas. Hay estándares internacionales y procedimientos que enseñan a cómo cortar e inutilizar un arma. Las pueden cortar con sierra o motosierra en menos de un minuto.

¿Y cuáles fueron los mayores problemas en ese proceso de entrega y destrucción de armas?

Con la entrega de armas no hubo mayores problemas porque era orden de los jefes. Pero cuando íbamos a destruir las armas algunos excombatientes no querían que las cortáramos o inutilizáramos, decían que las mandáramos a un museo o algo similar. Es que imagínese a una persona peleando con un arma durante 20 años, era casi como un amigo.

¿No se presentaron casos de personas que quisieran recuperar sus armas o robárselas?

No. Pero en El Salvador no tenían la situación de Bacrim (Bandas Criminales) que ustedes tienen en Colombia. Eso significa que acá tendrían que tener más en cuenta el tema de la seguridad. Hay muchas técnicas para asegurar la zona: videocámaras, sensores de movimiento, infrarrojo o anillos de seguridad cerca del lugar.

En términos generales, ¿cree que esta estrategia podría replicarse en Colombia?

Yo creo que sí. Ya hemos tenido reuniones con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y con diferentes ministerios y hemos hablado del tema.