A desenredar el proceso de paz

El Gobierno y las Farc arrancan otra ronda de negociaciones en La Habana con la necesidad de lograr avances concretos en medio del esceptisismo de muchos colombianos.

 27 de abril de 2015

El asesinato de 11 soldados en Buenos Aires (Cauca) con el que las Farc rompieron el cese unilateral que habían decretado en diciembre aún sigue gravitando sobre la Mesa de Conversaciones de La Habana, que este martes arranca un nuevo ciclo de negociaciones.

El hecho no sólo cayó como un baldado de agua fría sobre una opinión pública que generalmente es escéptica con respecto a la guerrilla, sino que enredó aún más la negociación en una mesa que desde hace ocho meses no consigue ningún acuerdo y que sigue enfrascada en discusiones sobre justicia trancisional y responsabilidades en el conflicto armado.

“Se ha lastimado la confianza que se había conseguido con cuidado y tesón”, resumió al finalizar el ciclo pasado (el número 35 desde que iniciaron las negociaciones) Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno.

Por eso el reto al iniciar nuevamente las discusiones es enorme. Las partes tienen que hacer todo lo posible por lograr avances concretos y por no desgastar aún más a una opinión pública cada vez más impaciente.

A acelerar el paso

La primera discusión será sobre la conveniencia de ponerle o no plazos al proceso de paz. El Presidente Santos lo da como un hecho y luego del ataque a los soldados dijo que eso era lo más conveniente. Y aunque las Farc dijeron que estaban de acuerdo con acelerar el proceso en un largo comunicado publicado el viernes 24 de abril, también afirmaron que no estaban de acuerdo con “una paz con cronómetro”.

A eso se suman otras exigencias de la guerrilla que no parecen ir en la dirección de acelerar la negociación, sino de complejizarla aún más. Las Farc, por ejemplo, proponen que se cree una comisión para esclarecer la verdad sobre el paramilitarismo y otra que estudie los resultados del informe de 800 páginas que entregó en febrero la Comisión Histórica del Conflicto, y que según la guerrilla, demuestra que el Estado es el mayor responsable de la violencia en Colombia.  

Dos comisiones más, que necesitarían suficiente tiempo para hacer informes y entregar resultados, harían que un acuerdo concreto en el punto de víctimas se retrasara aún más tiempo.  Un tiempo que podría desgastar la negociación.

El Gobierno tendrá que convencer a las Farc de que los temas para los que pide comisiones especiales podrán esclarecerse en una gran Comisión de la Verdad que se podrá implementar –como en la gran mayoría de procesos de paz en el mundo– al finalizar la negociación y una vez firmados los acuerdos.

Lo cierto es que el acuerdo en el punto de víctimas se ha demorado nueve meses, mucho más que el tiempo que les tomó a las partes llegar a acuerdos en el tema rural (seis meses), el de participación política (cinco meses) y el de solución al problema de las drogas ilícitas (cinco meses).

Ese tiempo de más puede ser entendible si se tiene en cuenta que el punto actual involucra a la justicia trancisional, un tema de fondo que tiene que ver con cómo van a pagar sus culpas los máximos responsables de los delitos atroces a lo largo del conflicto armado. Pero con la coyuntura actual y con la muerte de los 11 soldados pesando sobre la negociación, puede que la paciencia no dé para tanta espera.

Las crisis son normales

Los negociadores tendrán que tener paciencia y buscar la manera de aprovechar la crisis como una oportunidad para acelerar el proceso, como ocurrió cuando se presentó el secuestro del general Alzate en el Chocó.

Por lo pronto, varios expertos internacionales que participaron en proceso de paz exitosos en todo el mundo y que se reunieron la semana pasada en una cumbre sobre reintegración en Pereira coincidieron en que las crisis, como la que se generó luego de los hechos de Cauca, son normales a lo largo de un proceso de paz y si son bien manejadas, pueden terminar acelerando la negociación.

Roberto Cañas, quien perteneció a la guerrilla del FMLN y quien hizo parte de la delegación que negoció la paz en El Salvador, le dijo a Reconciliación Colombia que eventos como este ocurrieron a lo largo de la negociación en ese país, pero que con voluntad de paz lograron salir adelante.

Con el coincidió Henry Robinson, quien hizo parte del IRA y contó que cuando negociaban la paz con el Gobierno británico hubo una bomba en Londres que les hizo pensar que la negociación iba a terminar, algo que no pasó. “Durante nuestro proceso de paz hubo varias violaciones del cese al fuego, pero nos recuperamos y logramos llegar al final de una forma imperfecta, como siempre ocurre en los procesos de paz”, conto.

La solución, según ambos excombatientes, es que las partes den muestras de buena voluntad y realicen “gestos dramáticos” que le demuestren a la gente que la negociación va en serio.

El problema en Colombia es que eso ya se estaba dando. El Gobierno había suspendido los bombardeos sobre los campamentos de las Farc, pero esa medida era insostenible luego del ataque del Cauca. Además, será muy difícil volver a tomarla teniendo en cuenta que gran parte de la opinión culpa a esa decisión de la muerte de los soldados.

Por lo pronto la decisión de la guerrilla de mantener el cese unilateral al fuego, que ha cumplido después del ataque contra los soldados, es un buen paso. El siguiente podría ser comenzar los ejercicios de desminado humanitario acordados en la mesa, un tema que según las Farc está más cerca que nunca.

Sin embargo, nada impulsaría más el proceso que un acuerdo concreto en el tema de víctimas. Por eso, la misión de las delegaciones del Gobierno y las Farc durante el ciclo que comienza hoy en La Habana es tomar decisiones de fondo y desenredar una pita que se ha venido enredando cada vez más con el paso de los días.