El inquilinato más querido de Medellín

En un emblemático acto, el gobernador Sergio Fajardo y el alcalde Aníbal Gaviria dan impulso al Museo Casa de la Memoria de Medellín para que perdure más allá de sus administraciones. "Aquí la gente no va de paso, quiere quedarse", dijo Lucía González, su actual directora.
 
30 de abril de 2015
Por Bibiana Mercado Rivera
Enviada Especial*
Medellín.
Foto: Pablo Andrés Monsalve Mesa
​Semana Medellín.

 
Una mezcla de balance público, discursos oficiales no convencionales y actos culturales en los que predominó la nueva ola de música protesta -el hip hop con letra urbana cargada de reclamo social- sirvió en esta ciudad para blindar al Museo Casa de la Memoria de Medellín de un futuro azaroso y sin recursos.
 
Tanto el gobernador Sergio Fajardo como el alcalde Aníbal Gaviria se encargaron ayer de hacer que -por ley- el Museo pase a ser un establecimiento adscrito a la administración pública y, por tanto, tenga vida y recursos propios.
 
Lucía González, su directora, resaltó lo que ha caracterizado a este museo desde cuando abrió sus puertas al público en octubre de 2013: "Más que un carácter institucional, esta casa tiene la fuerza de la voz de las organizaciones sociales y de las víctimas", dijo esta reconocida gestora cultural.
 
Al Museo Casa de la Memoria han contribuido más de 280 aliados de los sectores público (hay 40 instituciones articuladas), privado, académico, social,  Pastoral Social  y sectores de víctimas. En el 2014, el Museo ejecutó un presupuesto de 5.832 millones de pesos.
 
Por la puesta en escena del acto cultural que siguió a la presentación del balance, la participación de las víctimas se refleja en los rincones, pasillos, fotografías, videos, música, sabores y otras expresiones culturales. Será tan así que el recorrido del salón central del Museo Casa de la Memoria está a cargo de una persona que integra la Mesa Departamental de Víctimas en su calidad de tal.
 
La edificación ubicada en límites entre los barrios Caicedo y Boston, comuna 10, zona centro de la ciudad, recibió primero el nombre de casa y luego el nombre de museo. Lucía González decidió entonces conservarlos ambos. "La casa es un lugar de encuentro, de acogida. Museo es un lugar de paso. Lo que queremos es que sea una especie de inquilinato: un lugar de muchos, que permita la movilidad humana", explicó. Por eso su nombre oficial es Museo Casa de la Memoria.
 
Para los impulsores de este espacio cultural, la memoria es la herramienta alternativa que confronta, que interpela las visiones hegemónicas, que permite ubicar en la voz de las víctimas y de los territorios aquellas realidades que como sociedad debemos transformar hacia adelante.
 
Este papel de la memoria de recordar y, a la vez, de proyectar fue subrayado por el alcalde Aníbal Gaviria, quien invitó a los presentes en este acto simbólico de consolidación de la Casa de la Reconciliación, de la Paz y de la Vida, como este miércoles llamó al Museo, a seguir uniendo esfuerzos "no solo para mirar atrás, sino para construir un futuro distinto al que nos ha tocado vivir a  muchos". Lo dijo también él como víctima del conflicto.
 
Su alcaldía ha logrado descender a los niveles más bajos en 35 años los índices de homicidios, lo que le da sentido a su eslogan de campaña: 'Medellín, todos por la vida'. El día de la celebración del acto que le da vida propia al Museo -miércoles 29 de abril- había logrado llegar al día 150 sin homicidios en la capital antioqueña.
 
Su alcaldía está muy sintonizada con la gobernación de Antioquia. Sergio Fajardo recordó que este ha sido un esfuerzo sostenido de la región, en la que contribuyó también Alonso Salazar, escritor, periodista y exgobernante.
 
Para Fajardo estos espacios de memoria son importantes como referentes para avanzar. "Como antioqueños, debemos recordar que hemos sido capaces de hacer lo peor. Esa es nuestra vergüenza. Esa es la página que estamos llamados a pasar para escribir una que nos permita construir una historia de dignidad, de respeto, de tolerancia", dijo el mandatario local.
 
Y, como para que no quepa duda de la intención política de su administración agregó:  "Perdonar, sin olvidar. Tener siempre presente el dolor de nuestras víctimas, pues por ahí comienza la reconciliación".
 
La idea entonces de este Museo y también casa es avanzar en transformar el dolor de las personas afectadas por el conflicto violento que ha vivido Colombia por décadas en un trabajo colectivo para construir un mejor país.
 
A decir de Lucía González, la misión más importante de la entidad a su cargo es contribuir a la comprensión del conflicto violento para encontrar su solución. "El asunto, es de cultura: es la cultura la que hay que transformar", comenta.
 
Para esto, las acciones del Museo están encaminadas a hacer pedagogía para que la gente vaya ganando en el entendimiento de las realidades a través de su aproximación a las iniciativas de víctimas, de los relatos de los victimarios, del diálogo con portavoces de las comunidades. "Nunca desde la ideología sectaria, ni de la agresión", advierte.
 
Inquietudes estas que el visitante puede ir armándose a lo largo del recorrido por los pasillos del largo, amplio y luminoso Museo que poco a poco ha venido llenándose de contenido y de sentido. Al final, muchos de los fortuitos, ocasionales o asiduos visitantes pueden quedarse con dos preguntas para resolver: ¿dónde estaba yo?, ¿por qué no me di cuenta?

*Por invitación del Museo Casa de la Memoria de Medellín a la presentación de esta entidad como establecimiento público.