Una escuela de música, cultura y naturaleza en Chicoral

Si alguien tiene aún preguntas de cómo se puede construir un posconflicto en un país –en la esquina de Suramérica- debe dirigirse a la ​V​ereda Chicoral.

Por Carlos Villota Santacruz. 
Texto publicado por cortesía de la Agencia Internacional de Noticias Nova

Chicoral, Valle del Cauca.

Abril 30 de 2015
Foto: Misión Impacto


Cuando el Gobierno colombiano y la comunidad internacional se pregunta en muchos escenarios públicos y privados cómo edificar la paz desde el campo y preparar a una generación p​ara el posconflicto, desde la vereda Chicoral, municipio de la Cumbre, a 50 minutos por carretera de la ciudad de Cali, una escuela de música, cultura y naturaleza, contribuye en silencio ​con este propósito.

Se trata del trabajo cultural de la Fundación Música ​de ​Chicoral, quién con el apoyo y el acompañamiento de la Fundación Agrícola Himalaya, ha logrado defender, preservar este hermoso lugar –casa de 265 especies de pájaros de todos los colores- desde octubre del año 2005- “​Una tarea que ​ha ​salvado de las garras de la violencia, a niños, niñas y jóvenes de  una de las zonas rurales más importantes de Colombia: el Valle del Cauca”, dice su gestor y director Eduardo Uribe.

Todo comenzó un sábado en la mañana, a las puertas de la Navidad. Con una guitarra, una bandola y dos flautas, lo que pareció un encuentro más alrededor de la música colombiana, se convirtió con el paso del tiempo, en un escenario educativo y pedagógico, que ha formado a ciudadanos comprometidos con su entorno y el buen uso del tiempo libre.

Prueba de ello es el dueto “Cafecito y Caña”, conformado por Fabián Fajardo y Mauricio Arcila, quienes llegaron a la Escuela ​de ​Mú​s​i​ca de Chicoral con sus botas, con su ropa propia de una zona fría, -siendo aún niños-  donde el cultivo del té y las más variadas especies de plantas, les ​abrieron paso. “La guitarra fue mi primer instrumento musical. Con ella, he podido ver la vida ​con otros ojos y mostrar al país, la belleza de Chicoral”, dice Fabián Fajardo, quién se prepara para concursar en el Festival ​Mono Núñez ​ en Ginebra  del 4 al 7 de junio de 2015

Este trabajo se cumple “sagradamente” cada sábado. Desde los más apartados lugares llegan a Chi​coral para recibir sus clases –gratuitamente- sobre un grupo de instrumentos que le dan vida a la música andina, que acompañan la letras de canciones de Ancizar Castrillón, María Isabel Saavedra, ​Jairo Ojeda, ​María Isabel Mejía y Fernando Salazar entre otros, a los que se suma tímidamente, las composiciones de los niños, niñas y jóvenes en formación.

Es todo un proceso lúdico, que además se complementa con clases de teatro. Con la construcción de puestas en escena”, dice Eduardo Uribe, que ha recorrido con este grupo de niños y jóvenes al Valle del Cauca, Tolima, Quindío y tiene en la mira proyectarse a nivel internacional, gracias a una labor que rompe fronteras y trasforma vidas, a partir de la defensa de la naturaleza, en medio de un bosque de niebla, que canta y encanta.

Todo lo que se vive en la vereda Chicoral es una fiesta. ​Solo alegría, ​y sonrisas, alrededor de la música colombiana. Quienes en la mañana de cada sábado recibían clase, se preparan pare escuchar a invitados especiales como ​Juliana Escobar y ​María Isabel Mejía, quién con una guitarra y la letras de sus canciones, hacen levantar aplausos, lágrimas y un abrazo en la comunidad. “Da espacio a una familia. A la familia musical de este lugar, enclavado en la cordillera occidental, donde brota el agua en todas sus formas, en medio del danzar de pájaros, que parecen convertirse en “cómplices” de un hermoso espectáculo cultural: único en América Latina.

Como si fuera poco, al caer la noche, esta generación contin​ú​a empuñando una guitarra, para cantar el gran repertorio de la música colombiana. Incluso hasta el amanecer, cuando el centenar de especies de pájaros, sobrevuelan el lugar, emitiendo sus sonidos, sus silbidos, en una serenata alucinante, que conmueve el corazón. Que deja ver el valor de la vida, en su más profunda esencia.

Si alguien tiene aún preguntas, de cómo se puede construir un posconflicto en un país –en la esquina de Suramérica- debe dirigirse a  la ​V​ereda Chicoral, en el municipio de la Cumbre, donde podrán escuchar voces, podrán se testigos de primera mano, que los “milagros existen. Todo gracias a la planificación, el trabajo en equipo y el mirar el entorno con otros “ojos”. Con los ojos de la música. Lo que pasa de allí en adelante, es una trasformación individual y colectiva, cuya historia, aún está por escribirse. Allí estaremos para relatarla. Mayor información villotasantacruzcarlos@yahoo.com.co-