Al actor Gustavo Angarita lo asombra la violencia de verdad

Fue a Medellín a donar una obra porque también pinta. Lo entregó al Museo Casa de la Memoria, por iniciativa de su directora. Reconciliación Colombia se lo encontró asimilando su encuentro con víctimas de la violencia. Aquí el diálogo con este reconocido actor de la televisión colombiana.

3 de mayo de 2015
Por Bibiana Mercado Rivera
Enviada Especial a Medellín*
Foto: Pablo Andrés Monsalve Mesa
Semana Medellín.


Aceptó la invitación del Museo Casa de la Memoria de Medellín a pintar una obra para donarla y dejarla a crítica del público que acuda a este sitio que busca recordar lo que pasó en Colombia. Eso lo motivó en un momento de su vida en el que, confiesa, pocas cosas lo entusiasman. Pide tiempo para asimilar la experiencia de encontrarse, a estas alturas de su vida –con 50 años de trayectoria artística-, con personas afectadas por la violencia. Dice que aunque actuó de guerrero en cine y televisión siempre asumió este tema desde la perspectiva de la ficción, por lo que lo ha conmovido encontrarse con víctimas reales del conflicto.

¿Cuál fue su experiencia en Medellín?

Para mí esta es la primera experiencia frente a un evento de esta naturaleza porque yo siempre he estado en el terreno de la ficción teatral, así sea este en televisión y en cine, que es una especie de teatro tecnificado. Esto es de la realidad real. Es decir, gente de una comunidad que está luchando por su identidad, por sus  valores, por su condición de habitante real de este planeta. Nunca me había enfrentado a esa determinación y me sentí involucrado.
 
¿Después de 50 años de trayectoria artística esta es su primera vez frente a la realidad real?

Sí. Acuérdense que la carrera de un actor es en la realidad virtual. No es en el terreno de la realidad en la que muchos en este momento están buscando que sean reconocidos sus problemas. Como ciudadano común, yo tengo una suerte de resistencia intuitiva a reconocer esta realidad. Debe ser por cobardía, pero ¡ya lo estoy superando!
 
¿Y le impacto esto?

Sí. Sí porque entonces ya ve uno la gente de otra forma. Ya ve que los sufrimientos son reales. Que no son montajes teatrales, que no son ficciones, que no son mentiras. Estuve de verdad en contacto con víctimas de la vida real.
 
Y en su interior, ¿qué le generó esta aproximación?

Pues una sensación de querer ser más nuevo. Más recién nacido. Colaborar en algo. Yo estoy casi que de despedida, por lo que la sensibilidad de uno ya está distorsionada. ¡Me resisto a aceptar la realidad!
 
Pero hoy donó un cuadro al Museo Casa de la Memoria de Medellín. ¿Cómo fue eso?

La directora del Museo me preguntó que cómo podía colaborar yo. Le dije que yo toda la vida he sido actor y en esta última etapa de mi vida pintor. Pero le dije que ya no actúo, ni pinto porque no tengo motivación para hacer ni lo uno, ni lo otro. Entonces, me dijo que una motivación podía ser donar un cuadro y me dejo pensando. Entonces dije: sí, esa puede ser una motivación. Ella estaba pensando en el Museo Casa de la Memoria. Efectivamente, me comprometí y estoy aquí entregando el cuadro.

¿Qué pintó?

Una pugna.

¿De dónde le surgió esa idea?

Pues siempre he escuchado que la violencia es producto de la enemistad. Y en esta siempre hay uno contra otro. En el teatro clásico siempre hay enemigos. Unos contra otros.  Pinté un enfrentamiento.

El discurso oficial de este miércoles hablaba de desactivar esos enemigos que nos armamos en la cabeza…

Aunque creo que esto de ser seres evolucionados es muy difícil, sí creo que debemos dejar tanta pugna, tanta ferocidad, pues esta no tiene ningún valor. Es aterradora, negativa, antiestética, mala.

En los años 60, Gustavo Angarita estuvo en uno de los pueblos que sufrió décadas después la embestida de quienes empuñan las armas. ¿Cómo fue esta experiencia?

En Segovia, Antioquia, en 1966 trabajé como actor en la película ‘Bajo la Tierra’, que dirigía Santiago García. Se trataba de reflejar las condiciones violentas de trabajo y de convivencia, pero en la ficción. Aunque en la vida real se notaban que eran mucho más ásperas las relaciones. Todos los días por al frente de la casa en la que vivíamos pasaba un cortejo fúnebre de alguien muerto violentamente, muy seguramente por cuestiones de la minería legal, ilegal…

¿Cómo se sintió cuando le pidieron que pasara al frente a hacer la entrega de su cuadro?

No podía creer que estaba de verdad con el gobernador (Sergio Fajardo); con el alcalde (Aníbal Gaviria) y con la directora del Museo (Lucía González). Me sentí inerme. ¿Cómo podía decir que no? No podía negarme. Lo único que me quedaba era pasar al frente o salir corriendo.

Y luego de esto, todo el mundo quería una foto con Usted…

Prefiero que me pidan fotos a que me pidan autógrafos, porque físicamente no es tan agotador. De todos modos no me acostumbro a esa idea de la fama porque me considero en esencia un actor de teatro: anónimo, sin identidad, al servicio de la comunidad.

El arte y las expresiones artísticas son un diálogo…

Sí. Necesariamente. Entre un objeto elaborado por alguien que no está presente y consumido por otra persona que sí está presente. Es una vía de comunicación que enriquece la experiencia vital.
 
¿Cómo ve que le haya llegado por esta vía el tema de la reconciliación y de la paz?

Se me hace un sueño. No se me hace tan real, como pretendería que fuera. Yo nunca he experimentado la guerra. Yo he vivido en paz toda la vida porque estoy en un sitio cuidado, donde no hay problema con los vecinos.

Es decir, ha visto la guerra en televisión….

Sí. Inclusive he actuado la guerra en televisión y en cine, pero como si se tratara de algo inventado. Me estoy sorprendiendo ahora de que esos conflictos afectan a las personas. Voy a tardar en asimilar esto.


Es su descubrimiento…

Es un descubrimiento tardío. Aunque ya uno se lo sospechaba. Quizá esa evasión está guiada por el miedo que le pase a uno, eso que le pasa a la mayoría de los colombianos. Es una mayoría aplastante la que padece de verdad lo que para otros es algo inventado. Son dos inmensas mayorías: los que no quieren reconocer la realidad y los que la están padeciendo.
 
¿Será el encuentro entre esas dos inmensas mayorías las que nos traigan la reconciliación?

Yo no sé, pero no creo que esté vivo para ver eso. Pero como uno tiene hijos y tiene nietos sería muy bueno que tuvieran esta experiencia de reconciliación, pero total.

¿A qué se refiere con esta expresión?

A que tiene que ser total, porque si no es total, es parcial. Y si es parcial, de ninguna manera es reconciliación.

*Por invitación del Museo Casa de la Memoria de Medellín a la presentación de esta entidad como establecimiento público.