"Cine colombiano no debe dejar de contar la violencia"

La argentina María Florencia Mazzadi, Directora de CineMigrante, dice que entendió muchas cosas sobre Colombia después de ver Tierra en la Lengua, de Rubén Mendoza, una película que cuenta una historia sobre la violencia sin necesidad de mostrar a dos bandos dándose tiros. 
 
Mayo 5 de 2015
Por Luis Carlos Gómez
Periodista de Reconciliación Colombia
Foto: Cine Migrante
 
María Florencia Mazzadi, Directora de CineMigrante, conoce desde hace tiempo a Colombia.

Durante cinco años, de los seis que tiene de existencia su organización, el país ha sido uno de los lugares en donde se exhibe periódicamente su muestra itinerante de más de un centenar de películas que abordan el tema de la migración.

CineMigrante, que nació para apoyar el derecho que tiene todo ciudadano a migrar, en realidades como la colombiana, con más de 4 millones de desplazados, debe promover otro componente de este derecho, que es el de no migrar, el de permanecer en la tierra que se siente como propia.

Y aunque conoce bien Colombia, Mazzadi dice que hay muchas cosas de los colombianos que no había logrado entender hasta ver Tierra en la Lengua (2014), de Rubén Mendoza.

“¿Por qué la apatía? ¿Por qué la falta de acción política? ¿Por qué la superficialidad de esta generación de treinta y pico de años? ¿Por qué el veganismo? ¿Por qué la gente aquí está más preocupada por el derecho de los animales que por el derecho de las personas?”, dice.

Mazzadi, que está en Colombia participando en un encuentro sobre reparación a las víctimas organizado por la Unidad para las Víctimas y la Agencia de Cooperación Internacional, habló con Reconciliación Colombia sobre la presencia del conflicto en nuestro cine y en general sobre la realidad actual del cine colombiano.

¿En qué les puede ayudar el cine a las víctimas?

Lo que tiene el cine es esa posibilidad de por un instante o por dos horas o por treinta minutos o por cinco, hacer lupa en algo, que uno ve cotidianamente. No es que uno no lo vea. Un buen director de cine simplemente es aquel que puede mostrarte aquello que sucede, pero de una manera tal que te permite volver a pensarlo.

Por ejemplo, CineMigrante el año pasado en la versión argentina hizo su apertura con una película increíble que se llama La Jaula de Oro. Una película de Diego Quemada Díez, un director español-mexicano, que cuenta a través de la ficción, la historia de tres niños migrantes a lo largo de todo México intentando llegar a los Estados Unidos.

Es la película más ganadora del cine mexicano. Es una película que compitió en los festivales internacionales más importantes y ganó todos los premios y compitió en las salas de cine comerciales y logró que ese mismo tipo de público que va a ver una película de Hollywood (lo que nosotros llamamos películas pochocleras), fuera a verla.

Cuando se hizo la apertura de CineMigrante, todo el mundo salía conmovido, diciendo: ‘No puedo creer, increíble esto que pasa’. ¿Quién no sabe que en México hay un corredor por el que todo el mundo intenta llegar a Estados Unidos, que se suben en un tren que se llama La Bestia...? Eso sale todo el tiempo en las noticias. Entonces, lo que tiene el cine justamente es la posibilidad de conmoverte para que justamente eso que vos pasás por alto, le prestés atención.  El buen cine, digo: el buen cine tiene esa posibilidad, el mal cine no la tiene.
 
La gente se queja de que el cine colombiano solo habla de guerra y narcos. ¿Qué opina?
 
Yo no creo lo mismo. Después de ver ‘Tierra en la Lengua’, de Rubén Mendoza, no creo que el cine colombiano sea procaz. Como generación joven, una mujer de 30 años que se junta aquí en Colombia con sus pares generacionales, para mí había un montón de preguntas que no podía responder. Muchas cosas: ¿Por qué la apatía? ¿Por qué la falta de acción política? ¿Por qué la superficialidad de esta generación de treinta y pico de años? ¿Por qué el veganismo? ¿Por qué la gente aquí está más preocupada por el derecho de los animales que por el derecho de las personas? Como que no terminaba de entender. Y Tierra en la Lengua tiene todas esas respuestas, pero ahí no tenés dos bandos pegándose tiros, es una historia chiquita, sutil, que si entendés la historia colombiana, te va a ayudar a entender más y si no, te está contando otra cosa. A mí no me parece que el cine colombiano tenga que dejar de contar esas cosas.
 
Es un poco absurdo querer que el cine escape de la realidad del país ...

Es que nadie puede hacer arte por fuera de lo que es. Es así. Hasta la persona más posmoderna construye desde el lugar desde donde se encuentra. Uno no puede comprender a Gaudí, si no comprende el contexto por el cual él produjo. Ni a Dalí ni a nadie. ¿Qué significa, que el cine colombiano deje de qué? Y creo que hay una generación: Oscar Ruiz Navia, Rubén Mendoza, Carlos Gaviria, Carlos Hernández, directores que están interpelados por ser colombianos y que están interpelados por su sensibilidad y que están haciendo muy buen cine. Siempre se decía que en los festivales internacionales, en la parte latinoamericanas eran ocho películas argentinas, una colombiana y una no sé qué. Hoy el cine colombiano está teniendo mucha más representación.
 
Hay mucha preocupación porque se están haciendo más películas en Colombia, pero en la taquilla no se ve esa respuesta.
 
No se va a ver nunca esa respuesta. Francia, que es el principal productor de cine europeo no tiene esa respuesta. El único que tiene esa respuesta es Hollywood porque el cine que hace Hollywood es industrial y el cine no es industria, el cine es arte. Tenemos que dejar de comernos el verso, como decimos en Argentina. El único que pudo convertir al cine en una industria y por ende redituable es los Estados Unidos, pero a mí no me interesa el cine industrial, a mí no me interesa una máquina que produce chorizos, una máquina que produce popcorn. A mí me interesa un director sensible, un cine de autor y el cine de autor no es taquillero. ¿O acaso el cine de Godard es taquillero? Preocuparnos por eso es lo mismo que decir cuántas obras en vida vendió Dalí, cuántos miles de dólares ganó Dalí durante su vida. Murió pobre y después se lo recuperó. Entonces qué le estamos pidiendo. El cine tiene que ser un arte y como todo arte tiene que ser subsidiado por el Estado como una necesidad más, así como la educación y la salud son necesarias, el arte es necesario y es el Estado el que lo tiene que garantizar y no tiene que preocuparse por vender, por encontrar fondos. Francia es el principal productor de cine europeo y el estado francés subvenciona al cine. Punto. Se terminó.

Muchas comunidades colombianas quieren recuperar la memoria del conflicto a través del cine. ¿Qué se puede hacer para apoyarlas?

Argentina tuvo una experiencia desde el año 2003 también de incorporación de nuevos sujetos a la producción cinematográfica. Principalmente es la formación y el intercambio de experiencia y de dotación técnica. Lo que yo rescato del proceso que se vivió en la Argentina, es que nos hemos preocupado no solo por producir en ese momento, sino por dejar capacidad instalada, cámaras, computadoras para la edición y una buena instancia de formación.

Vea también:

"Necesitamos entender el dolor para entender el conflicto"

Una mirada a nuestra violencia en el Festival de Cine de Cartagena


Nueve películas sobre la reconciliación

La desaparición en el cine, la música y la literatura