En libros de cartón reciclado, víctimas cuentan historias del conflicto

Al lado de las grandes editoriales, una pequeña empresa editorial liderada por Marcela Ospina, desplazada de la violencia, llamó la atención de los visitantes a Corferias, pues hizo libros con cartón reciclado con relatos de niños pequeños que se preguntan cosas como: ¿para qué juguetes, si ya no tengo a mi padre?   

Texto y foto: Roberto Romero Ospina         
Especial para Reconciliación Colombia



6 de mayo 2015
 
Un espacio de escasos 40 metros cuadros en medio de 3 mil metros cuadrados de pabellones y como parte de la puesta en escena de toda feria que se respete -stands atiborrados de libros, lienzos, camisetas, losa, llaveros y toda suerte de cachivaches- atrajo la atención de muchos de los 450.000 visitantes a la Feria Internacional del Libro que, al pasar por allí, hicieron su paso lento o estático.          

En este pequeño lugar se hallaba la empresa editorial de Marcela Ospina, una mujer desplazada por la violencia, quien encontró un nuevo camino para su vida en la mezcla por accidente que hizo de la literatura con el reciclaje de cartón.
 
“Esto ha sido increíble. Una romería de curiosos se arremolinaron en los seis días que hicimos presencia en la Feria y compartieron con nosotros la experiencia de cómo hacer un libro con cartón reciclado”, anota orgullosa la inédita emprendedora social.
 
Fue tan grande el éxito que los organizadores de la Feria destacaron que este stand atiborrado de cajas de cartón que eran convertidas en libros de lujo en un santiamén fue el tercero en reunir más visitantes durante los días de feria que estuvo dispuesto al público.
 
Cartongrafías de la memoria. Así se llama este proyecto que aún no cumple dos años y que inicialmente integraban 41 personas, todas víctimas de la violencia. Ahora se ha reducido a ocho que hacen de recolectores, recicladores, cortadores, impresores, encuadernadores y distribuidores de una lujosa obra de arte, y aun así se mantiene con fuerza.
 
Los ocho, Noris Castaño, Delfina Hernández, Rolando Paz, Marcela Ospina, José Arango, Jairo Torres, Alberto Centeno y Heinnis Marca, ya han impreso más de 1.000 agendas de vida y cien novedosos cofres de cartón que contienen 19 historias escritas por niños de todas las regiones,  cada una con no más de tres o cuatro sencillos párrafos.
 
“Para qué juguetes... si ya no tengo a mi padre. Para qué juguetes, si él ya no puede regresar a casa. Para qué juguetes, si él ya no puede jugar conmigo... para qué querría juguetes si mi madre solo quiere llorar y ya olvidó cómo se juega”, narra la pequeña Yoli.
 
Al respaldo de estos cuentos escritos de puño y letra de niños de verdad, que le concursan a la mejor literatura, se talla un grabado, que recorre el alma de quien lo observa. Con razón, éstas pequeñas obras maestras ya están en varias bibliotecas norteamericanas como la de Princepton o la de San Francisco.
 
En la Feria del Libro estos artistas populares no tuvieron un instante de sosiego. “El viernes primero de mayo no dimos abasto. Sin exagerar, hubo un momento en que se agolparon más de 500 personas en el stand y todas querían participar en la elaboración de una agenda”, anota orgullosa Delfina Mendoza, una de los ocho del equipo.
 
Es que no solamente los visitantes podían participar en un taller relámpago de cartongrafía, sino combinarlo con una práctica viva de elaboración de un grabado. Gubia en mano, decenas de personas, la mayoría jóvenes, garrapateaban sus diseños en las plantillas de linóleo dispuestas.
 
Los resultados eran sorprendentes cuando pasaban la prueba del rodillo entintado  y la prensa: volaban escenas del campo o danzantes en una ciudad viva, soldados o guerrilleros, mujeres y niños, en fin, un caleidoscopio de alegrías. Se alcanzaron a crear más de 1.300 grabados,  muchos de los cuales servían como carátula de las agendas.
 
Era tal la simpatía de quienes tenían la suerte de presenciar este otro taller de Melquiades en plena Sabana de Bogotá que volvían pronto para dejar una que otra salvadora caja de cartón que multiplicaría las obras de arte como los pescaditos del alquimista  de Macondo.
 
Las piezas, no mayores a media carta, serán publicadas por el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación,  del Distrito de Bogotá, animador primero de este proyecto sin parangón en el país.
 
“Ahora somos ya Corporación y todo un proyecto editorial, pero una editorial con alma que recoge la memoria con la creación de todas las víctimas y llamado a permanecer”, subraya Marcela Ospina.

Cartongrafías, con sus dos joyas de papel corrugado, la agenda y las cajas de memoria de los niños, es una de las mejores apuestas por darle contenido de vida a la memoria. Para que perviva a través del arte.
 
Está demostrado que recrear la memoria gusta, y gusta mucho. El asunto es la forma innovadora de hacerlo. Este espacio de 40 metros cuadrados del Pabellón Uno –el de los Comic y caricaturistas- registró lleno y, lo mejor, participación activa de los visitantes, rasgándole público a los 42 eventos académicos, 44 obras de teatro y 5 eventos gastronómicos de los que gozaron los 450 mil visitantes en 14 días de feria. Eso sin contar con las salas y pasillos atiborrados de obras a buen precio.