Ligar el amor y la política no es cuestión de cursilería

José Aristizábal, exnegociador de la CRS y ahora uno de los portavoces de la Corporación Nuevo Arco Iris, se arriesga a escribir libro que rescata el amor al hacer política con el fin de librarlo de las tenazas del mercantilismo y utilitarismo. Aquí la introducción del ‘Amor y política’.

11 de mayo de 2015
 
Al rescatar el amor, José Aristizábal, autor del ‘Amor y política’, también redime el valor de la vida porque “la defensa de la vida nos vuelve al amor”, dice su autor y agrega: “Arrancamos de la vida porque allí están nuestros orígenes y porque si no la valoramos, difícilmente podremos valorar lo humano”.

La publicación, lanzada al público la semana pasada, explora cómo el político en realidad es el que se ocupa por el otro y por los asuntos públicos, por encima de sí mismo. Así su razón de ser está lejos de las manos del mercantilismo y del utilitarismo, cosa que en muy pocas partes del mundo está ocurriendo.

La editorial Libros del Dos de Bastos, iniciativa de La Plaza, que acompaña a los movimientos sociales, cedió el texto de la introducción a Reconciliación Colombia. A continuación el texto de José Aristizábal:

“El mundo vive una crisis sistémica: las globalizaciones de las finanzas, la guerra y el crimen transnacional han precipitado tormentas económicas, desastres sociales, hecatombes humanitarias y el calentamiento global; también, una quiebra en los paradigmas, los valores y las formas de pensar. Pero de ese caos están emergiendo transformaciones profundas y por ello se habla de un cambio de época y de una larga transición.

“Algunas de esas mutaciones son radicales y vertiginosas, principalmente las que se presentan en las ciencias y las tecnologías. Es asombroso el ritmo en el que ocurren los nuevos hallazgos en el conocimiento del universo, la microfísica, la biología, la genómica, la informática, las comunicaciones o la energía. Ya estamos en la tercera revolución industrial. Y esas transformaciones también se están produciendo en las formas de vida de la gente y de los movimientos sociales.

“Después del hito de mayo de 1968, del alzamiento de Chiapas, del Caracazo y de los campanazos de Seatle en 1999 por otra globalización, se han desatado grandes turbulencias, sublevaciones o insurrecciones locales en América Latina, el mundo árabe y el sur de Europa. Los diversos feminismos, el ecologismo, las mingas indígenas, las plazas de los indignados, el 15M y las revueltas de Grecia, Turquía y Brasil marcan rupturas y saltos importantes. También en Colombia transitamos ahora de un viejo conflicto armado de 50 años, a la posibilidad de una emergencia de la paz.

“En medio de esta profusión de cambios y rupturas, de un mundo que se hunde y otro que aparece, ¿qué pasa con la política? Resulta una obviedad y expresa muy poco decir que ella vive una crisis, que es profunda, o irreversible; quizás sea mejor hablar de su degradación y suplantación, que los mercados la han secuestrado y estrangulado, igual que lo han hecho la guerra y el estado de excepción. Ella involuciona anclada y restaurada en las más arcaicas concepciones del poder, la soberanía, el patriarcalismo y la racionalidad instrumental.

“Pero al tiempo que la política retrocede en esa deriva hacia su degradación, la biología, la neurociencia, las ciencias cognitivas, la sicología, la medicina, la enfermería, la ecología otorgan una importancia cada vez mayor a la empatía, la cooperación, la sociabilidad, las emociones y la vida en armonía con la naturaleza. Y en la misma política se reconoce que los valores del compañerismo, la camaradería, la ayuda mutua, la solidaridad, la fraternidad, el activismo, la defensa de lo que nos es común y la pasión por las luchas sociales o políticas son grados distintos del afecto. Y por este camino, avanzando en la investigación, encontramos que la cooperación, la asociación y la empatía nos vienen de la evolución de la vida que, con el advenimiento de lo humano, se han transmutado en el amor. Que el amor está en potencia en cada ser humano y llegamos a otra visión del amor, a las gigantescas energías que él es capaz de desatar, y a las relaciones y desencuentros que han existido entre amor y política.

“El propósito de este libro es argumentar las tesis sobre el amor como la riqueza más grande de lo humano, como la potencia más transformadora que existe, capaz de convertirse en una fuerza espiritual y material; es mostrarlo en cuanto la energía emancipatoria más poderosa y por ello mismo, uno de los fundamentos de la política.

“El amor del que hablamos aquí no es el amor romántico de las parejas, idealizado y puesto al servicio del patriarcado y el capitalismo; no es el romance mercantilizado para el consumo y va más allá del amor a los seres humanos. Aquí tratamos de recoger el conjunto de lo que llamamos la constelación del amor, que abarca, desde Eros y el ágape, hasta Gaia, la Madre Tierra, pasando por la amistad, el amor a las demás personas, al sí mismo, a la vida y a la sabiduría. Esta visión más amplia es la que nos permite recuperar la unidad entre afectos e inteligencia, sensualidad y razón, pasión política y sabiduría, amor y conciencia, es decir, recuperar la hermosa completud humana de seres sentipensantes con una racionalidad sensual. Y, por este camino, llegar al amor consciente o conciencia amorosa, al amor político o amor emancipatorio.

“El amor son vínculos de afecto y reciprocidad entre las personas, donde cada quien es un fin en sí mismo, un otro legítimo en la convivencia con uno. Si el poder, el capital y el Estado son relaciones sociales alienadas o deshumanizadas que convierten a las personas en medios o mercancías, el amor es el que puede desalienar esas relaciones y volverlas a transformar en vínculos entre personas; es el que nos reconcilia con la naturaleza, con la vida, con los otros, las otras y a cada uno consigo mismo.

“El amor es el mayor creador de redes y sinergias porque es calor, alegría, lo que une, lo que atrae; es la unidad de Eros y el ágape, que vencen la indiferencia, el miedo, la guerra y la violencia; ninguna otra idea o emoción tiene más fuerza para unir y expandir. La revolución es un acto de amor. Y el amor es el verdadero motor de las insurrecciones.

“Sin embargo, ninguna política plantea una conexión con el amor, ni lo incluye en sus principios o programas. Aunque día a día las distintas manifestaciones del amor desempeñan un papel tan importante en nuestras vidas, tampoco la llamada ciencia política tiene un lugar para el amor. ¿Por qué ese abismo entre amor y política? ¿A qué se debe semejante divorcio, si la emancipación política nace del amor a las demás y a la humanidad, si la autonomía surge del amor al sí mismo, si la conciencia de la realidad requiere del amor al conocimiento y la auténtica fraternidad política es la que brota del amor?

“Eso puede entenderse si analizamos las políticas existentes hasta ahora: políticas del patriarcalismo y la androcracia, de una mitad de la humanidad que, para excluir a la otra, ha negado y subordinado al amor; políticas del antropocentrismo que, con el argumento de la supremacía del ser humano, pretenden un dominio ilimitado sobre la naturaleza y niegan el amor a la vida; políticas de la soberanía centradas en la defensa del Estado que se basan en el paradigma del homo homini lupus, es decir, en la violencia, la supuesta guerra de todos contra todos; políticas de la racionalidad instrumental: de la tiranía de la razón sobre las emociones y la sensualidad que, en aras de la objetividad, expulsa al amor y los sentimientos del mundo de la ciencia. Han sido políticas tributarias de la dominación y la violencia que, siempre enemigas del amor, han establecido rupturas y jerarquías entre razón y sentimientos, facultades superiores e inferiores, conciencia y amor, mente y cuerpo, hombres y mujeres.

“Para cambiar el mundo y cambiarnos a nosotros mismos se requieren unas energías gigantescas. Y éstas se encuentran en el amor, cuyas semillas están en cada uno de nosotros. El amor a sí mismo unido a la pasión por el conocimiento es la fuerza que más puede producir cambios en la conciencia y la subjetividad. El amor a la vida y a la Tierra nos ayuda a recuperar la armonía con la naturaleza, a reconectarnos con la vida, esto es, a tomar conciencia de la biosfera y superar la crisis ecológica que destruye los ecosistemas y recalienta el planeta. El amor a las otras y los otros es lo que nos puede mover a reconocernos, aceptarnos y reconciliarnos, a juntarnos para enfrentar las crisis humanitarias producidas por las guerras y la crisis social que nos condena al desempleo, la pobreza y el escándalo del hambre. Los sentimientos de afecto y solidaridad con una humanidad subyugada por el trabajo enajenado, unidos a la auto-organización, la autogestión y la autonomía son fuerzas que nos movilizan para romper con el capital y el Estado. Y para vencer al patriarcado y la androcracia necesitamos la revolución de las mujeres, pero también una reforma de la masculinidad que mueva a los varones a liberar el amor, la sensibilidad y los sentimientos reprimidos en su interior.

“Si las anteriores consideraciones tienen validez, entonces la política debe incluir los afectos políticos y el amor dentro de sus temas principales. La emoción del amor unida a la conciencia es lo que más puede hacer brotar vínculos comunitarios, vínculos fuertes entre las personas, tan indispensables para cambiar el mundo. El amor consciente nos produce alegría en la resistencia, nos hace recordar a los que sufren, los que tienen hambre, los que luchan en otras partes y nos dice que no basta con nuestra pequeña lucha o nuestro colectivo; que es necesario ampliar la autonomía, que la vida siempre es devenir, que todo aquí y ahora se puede transformar y siempre puede haber un nuevo comienzo que no sea más de lo mismo.

“El amor es el eje vertebrador de este libro; pero antes de llegar a él, con la finalidad de encontrar las raíces más profundas de sus potencialidades y dilucidar luego su relación con la política, es necesario dedicar los primeros capítulos a hablar de las riquezas de la vida y las riquezas de lo humano.

“Arrancamos de la vida porque allí están nuestros orígenes y si no la valoramos, difícilmente podremos valorar lo humano. La actual desvalorización de la vida humana y la vida en general es correlativa con que los únicos valores que se valorizan sean los que se cotizan en la Bolsa. Mitos, ideologías y grandes intereses económicos han apartado al ser humano de la naturaleza y depositado una gruesa capa de prejuicios y sofismas sobre nuestra conciencia que nos impide apreciar la belleza y la sabiduría de la vida, lo que ella significa. Acostumbrados a usarla como un regalo ante el cual no tenemos ninguna responsabilidad y a ver cómo se elimina, igual que cualquier objeto o mercancía, hemos perdido el respeto y la capacidad de asombro ante ella. Engreídos con nuestras tecnologías, no nos maravillamos por ese portentoso complejo industrial que es la célula, inventada y reinventada todos los días desde hace más de tres mil millones de años. Tampoco valoramos sus riquezas, como su autopoiesis o capacidad de autocreación o autoproducción, su creatividad, su sostenibilidad.

“Jamás ninguna otra civilización había negado tanto la vida como ésta. Si el pensamiento político y las ciencias contemporáneas no superan estas separaciones entre cultura y vida, ser humano y naturaleza, y restablecen su unidad, no podrán frenar las fatales consecuencias de esa negación. No cabe política que pueda proteger o salvaguardar lo humano si no se posiciona de una manera radical en la defensa de la vida.
      
“Y la defensa de la vida nos vuelve al amor, pues es del amor y su potencia de donde pueden surgir políticas para la vida que enfrenten y derroten las políticas de la muerte. Así, este amor político o emancipatorio que proponemos y argumentamos aquí, también está conectado con la vida”.