A partir del cuerpo, mujeres trabajan la construcción de país

La metodología de talleres de mujeres para mujeres permite que a partir del reconocimiento y valoración del propio cuerpo, se valore todavía más el trabajo colectivo.

Por Julia Alegre
Especial para Reconciliación Colombia
23 de mayo de 2015


“La apuesta política es el propio cuerpo porque es el primer territorio que debemos conocer para construir paz”. Con estas palabras dio comienzo el taller ‘De mi cuerpo, a la ciudad’, una propuesta enmarcada dentro de la exposición  Voces de Mujeres Constructoras de Memorias y Paz que se celebró en Bogotá, impulsada por diversas organizaciones femeninas con el apoyo de la Secretaría de la Mujer y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación del Distrito.

La cita fue secundada por 14 mujeres, con un perfil muy diverso. Desde excombatientes, hasta lideresas en los territorios, pasando por estudiantes, activistas y alguna que otra periodista.

Paola Parra, del colectivo Educadoras Hijas del Pueblo, fue la encargada de guiarlas en la tarea de desarrollar una conciencia individual sobre su propio ser. Y es que, como explica Cindy Torres, otra de las integrantes del colectivo, es el conocimiento del yo el que permite generar “escenarios de encuentro y diálogo colectivos para posicionar temas y demandas de las mujeres en su diversidad y complejidad”.

Para lograr este primer paso de reconocimiento individual se realizaron diferentes juegos. En uno de ellos, se le entregó a cada una de las mujeres un pequeño espejo. Tras recrearse en su reflejo por algunos segundos, se pidió que dijeran en voz alta que veían en él. “Yo veo a una mujer luchadora y bonita”, dijo una de las asistentes, una lideresa recién llegada de Acacias, Meta, quien tuvo que vivir el asesinato de su marido en el marco del conflicto armado.

“Yo veo a una mujer soñadora, trabajadora, sin tiempo para mí”, indicó otra lideresa a la que su trabajo en la organización que lidera no le deja tiempo para dedicarse a sí misma. “Una mujer con mucha esperanza”, aseguró otra.

Los juegos se fueron sucediendo, como preámbulo al diálogo colectivo. En un ambiente de distensión, las 14 mujeres develaron sus miedos, debilidades y virtudes, ante la mirada del resto de participantes, en su mayoría desconocidas las unas para las otras.  “Lo negativo nos debe hacer crecer. No sólo nuestros defectos, sino las dificultades que se nos han presentado desde el exterior como las barreras socioeconómicas”, las alentaba, al guiarlas Paola Parra.

El espacio de reflexión vino después. Tras crear una conciencia del yo, llegó el momento de exponer sus expectativas con relación a la construcción de país bajo la premisa que desde lo individual se construye lo colectivo.

Las 14 mujeres ratificaron su compromiso con la paz y coincidieron en la necesidad de lograr un posconflicto que las incluya no sólo como víctimas, sino como generadoras de iniciativas y de cambio. Un nuevo paradigma en el que sus derechos sean restituidos y respetados.

“Es importante que como mujeres, nuestro cuerpo sea algo personal, y colectivo en la medida en que lo permitamos”, concluyó Parra.