La nueva mirada del cine colombiano sobre la violencia

‘El abrazo de la serpiente’ y ‘La tierra y la sombra’, las dos películas colombianas premiadas este año en Cannes, plantean una forma de ver nuestra realidad que se aleja de las clásicas historias de guerrilleros, paramilitares o narcotraficantes.
 

Mayo 25 de 2015
Foto: Revista Arcadia

 
La de este año es la mejor participación que ha tenido Colombia en el Festival de Cannes.

El Abrazo de la Serpiente, de Ciro Guerra, obtuvo el premio Art Cinema, que se entrega en la Quincena de Realizadores, y La Tierra y la Sombra, ópera prima de César Acevedo, recibió la Cámara de Oro y tres reconocimientos en la Semana de la Crítica.

Estos galardones, que son indicadores de un auge del cine colombiano, no solo en cuanto a un mayor número de películas producidas, sino por una más notoria presencia en festivales internacionales, muestran también una forma diferente de ver nuestra realidad.

A diferencia de otras películas que mostraban la violencia de una manera más literal, a través de historias de guerrilleros, paramilitares o narcotraficantes, ‘El abrazo de la serpiente’, ‘La tierra y la sombra’ y otras nuevas películas de una nueva generación de realizadores, acuden a historias más personales e incluso poéticas para contar una realidad marcada por la violencia.

Como lo afirmó recientemente en una entrevista con Reconciliación Colombia la argentina María Florencia Mazzadi, directora de Cinemigrante y gran conocedora del cine colombiano, las películas colombianas no necesitan mostrar a “dos bandos pegándose tiros” para responder muchas preguntas sobre nuestra realidad marcada por la violencia.

‘El Abrazo de la Serpiente’, basada en los diarios de viaje de dos exploradores del Amazonas, Theodor Koch-Grünberg y Richard Evan Schultes, muestra los efectos de la colonización en las comunidades indígenas de la selva, muchas de las cuales desaparecieron después de haber sido documentadas por estos científicos.

La ambición, el fanatismo y la locura de los blancos que llegan a la selva siempre en busca de algo, como el caucho, la quina o los alucinógenos rompe la armonía en la que las comunidades indígenas viven con su entorno. Las armas, los objetos materiales y los dólares que los blancos llevan consigo no le traen ningún beneficio a los indígenas, solo destrucción.

En ‘La tierra y la sombra’, un campesino que tras 17 años de ausencia regresa a su hogar a cuidar a su hijo que está gravemente enfermo y encuentra que todo lo que una vez conoció ya no existe.
 
En medio de este drama personal, la película plantea cómo un pueblo es “arrasado por una cierta idea del progreso”, según lo explicó el mismo Acevedo tras recibir la Cámara de Oro.

"Es una película que está muy anclada en la cultura de esa región, con muchas significaciones directas, pero también llena de metáforas y alegorías de esa fatalidad del progreso, del olvido y la inevitabilidad de la ruptura familiar, la fragilidad de estas personas y de su soledad”, agregó Acevedo.

Guerra y Acevedo hacen parte de una nueva generación de directores como Óscar Ruiz Navia, Rubén Mendoza, Carlos Gaviria y Carlos Hernández, que han mostrado otra imagen de Colombia en los Festivales Internacionales de Cine.