La desigualdad fractura a las sociedades

En Colombia se habla mucho de desigualdad y de pobreza, pero pocos lo hacen como Ana María Ibáñez, una de las economistas más relevantes del país y quien se ganó un lugar al lado de Ban Ki-moon.

Por Bibiana Mercado Rivera
Editora Proyecto Reconciliación Colombia*

27 de mayo de 2015
Foto: Andrés Camilo Gómez Giraldo 


La decana de Economía de los Andes y uno de los diez asesores del Secretario General de la ONU que dan línea sobre los recursos destinados a países que están saliendo de conflictos dice que muchos de los reclamos sociales que escucha en Colombia están caducos, menos aquel que señala a las élites de su responsabilidad en las trasnochadas estructuras políticas y económicas.

¿Qué es la pobreza para Ana María Ibáñez?

A mi juicio, es la incapacidad que tiene un hogar para acceder a los bienes que necesita para gozar de una supervivencia decente. Una persona que es pobre no puede acceder a todos los alimentos que necesita para mantenerse saludable y con energía; ni darles a sus hijos oportunidades; ni tener una vivienda en condiciones de salubridad. Es una situación supremamente injusta en la que los hogares no pueden financiar lo que hace que tengan una vida mínimamente digna.

¿Y de dónde se deriva esa situación “injusta”?

La pobreza tiene muchas dimensiones. Los individuos  tomamos decisiones y estas tienen efectos sobre la capacidad de los hogares y de las personas de generar ingresos. Sin embargo, obviamente,  el Estado juega un papel central. La educación y la salud son dos elementos muy importantes para salir de la pobreza. Los economistas los llamamos capital humano. El Estado debería prestar servicios de educación y de salud que le permitan a una persona ser productiva, ser competitiva y encontrar un trabajo en condiciones dignas.

¿Cómo dialogan la desigualdad y la pobreza?

Dialogan de distintas maneras. Podemos tener un país supremamente rico en conjunto, en el agregado; pero con una parte muy importante de ese ingreso en manos de los más ricos. Entonces, podemos tener un país con un PIB alto, pero también con unos niveles de pobreza altos. Estudios recientes muestran, además, que la desigualdad se convierte en un obstáculo para que haya desarrollo económico. Si hay desigualdad, esta reduce la cohesión de una sociedad y su viabilidad. Si sólo grupo de la sociedad es el dueño de todos los activos y las oportunidades, esta sociedad no está explotando su potencial total, con lo que se genera pobreza. Así, están íntimamente relacionadas.

¿Por qué la desigualdad no cede como lo hace la pobreza?

Por problemas estructurales de la economía que hacen que el país haya crecido mucho durante los últimos años, pero que un porcentaje alto de ese crecimiento haya beneficiado a las personas con más ingresos del país. Hay una desigualdad muy grande en los activos productivos, tanto en las áreas urbanas como en las rurales. Un dato: en las áreas rurales, que es un porcentaje muy pequeño del país, el GINI de tierras en el 2012 era de 0,87. Lo que significa que el 0.01 de más grande propietarios concentran la propiedad del 7.1% de las hectáreas de tierra.
 
¿Las estructuras de concentración de la propiedad explicarían la muerte de reclamantes de tierras y de indígenas?

Colombia ha dejado de ser un país rural. Decir que nuestros problemas radican en la concentración de la tierra, es desconocer lo que ha sucedido en décadas. Un gran porcentaje de la dinámica económica sucede hoy en las regiones urbanas. Sin embargo, sí tenemos un sector rural bastante atrasado, con una desigualdad muy grande en la posesión de los activos rurales (propiedad de la tierra) y donde se concentra un porcentaje alto de la población pobre de nuestro país. La presencia del Gobierno en las áreas rurales ha sido mínima, aunado a que la política agrícola y rural ha sido supremamente pobre,  de todos los gobiernos, incluido este. No ha provisto al campo de bienes públicos rurales productivos como carreteras, distritos de riego, centros de acopio, asistencia técnica, transferencias de tecnología. Los subsidios a los pequeños y a los grandes productores no han redundado en beneficios para la población. Nos hemos dedicado a repartir recursos y subsidios, que ha sido muy bueno para los políticos, pero muy malos para el desarrollo rural y agropecuario del país.

Usted cree que si dejamos de reducir los problemas al país rural, ¿esto nos permitirá ver los otros retos?

Sí. Las regiones rurales en el proceso de paz van a ser fundamentales porque allá es donde está concentrado el conflicto armado y porque las Farc son una guerrilla rural. Por esto, el desarrollo rural en las regiones donde hubo conflicto será importante para reducir la violencia y lograr la paz. Pero eso no implica que tengamos que concentrarnos sólo en eso. Se tendrán que diseñar también buenas políticas agropecuarias y aquellas que beneficien al grueso de la población colombiana, incluidas políticas de reducción de pobreza urbana.

¿Qué consejo práctico daría para reducir de forma estructural la pobreza y la desigualdad?  

Los pilares, a mi juicio, son proveer educación y proveer empleo. Invertir en educación, que se traduce en ampliar cobertura y calidad; en el sistema de salud; en la provisión de servicios públicos; en reforma tributaria equitativa y no que frene la inversión del sector productivo, que es el que genera empleo. Tenemos que trabajar para tener un país dinámico y que crezca, con una economía dinámica que pueda absorber esa mano de obra que va a proporcionar esa nueva y mejor educación.

El sistema tributario colombiano es completamente ineficaz para hacer procesos de redistribución del ingreso y genera incentivos perversos. Hay que fijarse más en los dueños de las empresas y no en las empresas como tal; ampliar la base de quienes pagan impuestos, pues está recargado sobre los trabajadores; y fortalecer a la DIAN para que le siga haciendo frente a la evasión y a la elusión. Estas son decisiones políticas.

¿Es una pretensión caduca pretender que las reformas estructurales toquen a quienes concentran el poder?

No. Sin duda, lo que sucede aquí es que no se hacen las reformas tributarias como deberían hacerse y no se hace una política rural moderna y bien hecha porque hay unas élites políticas que impiden que se lleven a cabo estas reformas. Son esas élites las que se están beneficiando del statu quo e impiden que toda esa población dinámica y creativa que viene de abajo, que puede generar ingresos y llevar al país a producir más, no lo hagan porque no hay incentivos adecuados.

No es este, entonces, un argumento de izquierda…

No. Ese no es un discurso de izquierda.

¿Quiénes resultan ser los más afectados por la pobreza?

Los niños. Por eso debe invertirse en ellos. Si de los cero a los cinco años, los niños no son provistos de las condiciones necesarias para su desarrollo, se alimentan mal, no tienen un adecuado desarrollo cognitivo, desde el comienzo tendrán grandes desventajas. A estos niños, la pobreza los afirma de forma muy dura a lo largo de su vida. Los estudios muestran que los niños que empiezan en esas condiciones de desigualdad, amplían y perpetuar los ciclos de pobreza. En el futuro tendrán bajo desempeño escolar y luego menores ingresos.

¿Y las mujeres?

Hay una dinámica social de mujeres jóvenes teniendo hijos; tasas de embarazo adolescente muy altas; embarazos de adolescentes que terminan en una madre soltera; una gran cantidad de estas que velan por sus hijos y por sus familias, y eso tiene unos impactos de pobreza enorme. Ahí se refuerzan los ciclos de pobreza.

¿Se pueden enfrentar tantos frentes a la vez?

Este es un país con todas las posibilidades para salir adelante. Lo que hay son oportunidades. Se necesita que las políticas sean efectivas. Que la inversión pública sea eficiente. Que vayan a las manos en que deben quedar. Si se da educación, políticas apropiadas, inversión necesaria para impulsar el campo, este es un país que puede salir adelante. Van a pasa muchas décadas antes de que logremos llegar a este Estado deseable. El conflicto armado es un tema que ha ocupado el espacio mental de la población y de los gobiernos. Cuando este se arregle, el Estado finalmente podrá concentrarse en lo esencial. Se ocupará de lo que por muchos años ha aplazado por múltiples razones, entre las que está terminar el largo conflicto. Estos son momentos políticos importantes para hacer pactos sociales que permitan al país avanzar.
 
*El texto de esta entrevista fue compartido con la revista regional ‘Saliendo Adelante’, de Publicaciones Semana, de mayo de 2015, que dedica sus páginas a treinta alcaldes que redujeron en sus municipios y ciudades los índices de pobreza.