La reparadora labor de la antropología forense en el Caquetá

El Textos Corporales de la Crueldad: Memoria Histórica y Antropología Forense’ busca recuperar los lazos sociales e institucionales trastocados por la violencia y la indiferencia.

Por Andrea Prieto Barrera*
Especial para Reconciliación Colombia
Foto: Centro de Memoria Histórica.

 
29 de mayo de 2015
 
El informe lanzado este jueves por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) relata la historia dolorosa y poco conocida en el país de sectores de la población caqueteña de Belén de los Andaquíes, en el suroriente colombiano.
 
Los hechos pasaron ya hace 13 años, por lo que la publicación ‘Textos Corporales de la Crueldad: Memoria Histórica y Antropología Forense’ busca romper el silencio sobre los crímenes que afectaron a cientos de personas de esta pequeña población rural y que permanecen en el anonimato.
 
Las páginas narran los procedimientos forenses y judiciales de la diligencia de exhumación que recuperó 36 cadáveres de víctimas de la acción armada del llamado Frente Sur de los Andaquíes, en Puerto Torres. Este lugar, que es una pequeña inspección del municipio de Belén de los Andaquíes, en el departamento del Caquetá, fue objeto de una incursión del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) entre los años 2001 y 2002.
 
Los paramilitares convirtieron el poblado en un epicentro de barbarie, donde no sólo desplazaron, también confinaron, y desaparecieron a muchas personas, sino que además convirtieron el colegio, la iglesia y la casa cural en aulas de una “escuela de muerte”.
 
La tortura y la desaparición forzada fueron convertidas en prácticas de rutina. La violencia ejecutada con crueldad y sevicia dejó huellas indelebles en los cuerpos de las víctimas o en lo que quedó de ellos. Una característica diferencial de esta investigación es que no sólo hablaron los cuerpos, sino que también la figura del victimario fue escuchada directamente, en la medida en que contribuyó a reconstruir, a partir de su propio conocimiento, el mapa de las atrocidades cometidas. “Es uno de esos pocos casos de colaboración efectiva para el esclarecimiento, por parte de los perpetradores” afirmó Gonzalo Sánchez, director del CNMH.
 
Sánchez también quiso asemejar esta investigación con una costumbre japonesa que se basa en la reparación de cerámicas rotas con oro, resaltando con ello que la historia de los objetos queridos no es algo que se pretenda ocultar, sino resaltar. “A semejanza de esa práctica, el ejercicio de la memoria realizada en Puerto Torres, a través de la investigación forense no desaparece, ni oculta las heridas sufridas por la población, aquellas que convirtieron a esa inspección en un sitio fantasmal y en un cementerio clandestino, sino que, por el contrario, la memoria de las exhumaciones reconstruye las heridas, las relieva en su sanación como una muestra de resiliencia” aseguró.
 
Este informe evidencia los aportes de la antropología forense a la búsqueda de la verdad. Narra los procedimientos forenses y judiciales llevados a cabo por una comisión integrada por más de 15 funcionarios, entre ellos antropólogos, médicos, odontólogos, fotógrafos, topógrafos, auxiliares de campo, coordinados por un fiscal, que tuvieron trabajo de campo en el año 2002, en Puerto Torres.
 
Con estas intensas labores se lograron exhumar 36 cadáveres, cuyo hallazgo fue descubierto después de haber cavado la tierra más de 300 veces. De los 36 cuerpos encontrados, sólo 9 han podido ser identificados.
 
“Nos convoca en este espacio la esperanza de que en Colombia se pueda morir dignamente. Se respeten los cadáveres y sea posible sepultarlos, para que tengan un nombre y un lugar en un cementerio”, afirmó Helka Alejandra Quevedo, relatora y coordinadora de esta investigación.
 
Así mismo, compartió que en su labor antropológica los huesos que buscaba entre la tierra no eran solo restos óseos, sino representaban vida, historias, amores y dolor. “Nosotros los antropólogos y los equipos forenses sentimos alegría de hallar esos cuerpos escondidos, pues significan que hay una persona desaparecida menos, de los miles que hay en este país”, agregó esta antropóloga.
 
Afirmó, a su vez, que este informe es tan solo una semilla de lo que en el Caquetá el CNMH continuará realizando desde sus competencias, para que las familias tengan la oportunidad de sepultar a sus seres queridos.
 
El lanzamiento contó con la presencia de Ana Elisa Muñoz, madre de una víctima desaparecida, quien compartió con los asistentes lo que han sido estos 13 años de no saber nada sobre la vida de su hija. Expresó que cuando Helka la llamó a informarle que ya tenían los restos de su hija, no quería recibirlos porque siempre había esperado encontrarla viva. No obstante, aseguró que hace algunas semanas cuando decidió irlos a recibir, sintió un gran alivio. Por fin pudo sepultar a su hija dignamente.
 
Al final del lanzamiento se proyectó un documental que complementa la investigación y que se enfocó en uno de los cuerpos no identificados: el cuerpo 36.
 
El evento tuvo lugar en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, centro de Bogotá, y también contó con la participación de Mauricio Camacho, médico forense, quien hizo parte de la comisión judicial que halló los 36 cuerpos, así como Gilberto Rojas, quien fue el fiscal encargado del caso. Además, asistió Diana Arango, directora ejecutiva del Equipo Colombiano Interdisciplinario de Trabajo Forense y Asistencia Psicosocial –Equitas-. Como parte de la audiencia, estuvieron representantes de Asfaddes, Madres de la Candelaria, Víctimas del Palacio de Justicia, estudiantes, docentes, entre otros.
 
*Sicóloga de la Universidad de los Andes