Una colombiana cruzó la frontera que separa a las dos Coreas

Patricia Guerrero hizo parte de un grupo de 30 mujeres defensoras de derechos humanos de todo el mundo, que el pasado 24 de mayo cruzaron la llamada Zona Desmilitarizada, que es catalogada como la frontera más peligrosa del planeta. Su intención, enviar un mensaje de que en cualquier lugar del mundo es posible la paz a pesar de las diferencias ideológicas.
 
Junio 1 de 2015
 
La Zona Desmilitarizada es una franja de 4 kilómetros de ancho que separa a la Corea del Norte de la del Sur, desde el armisticio de 1953 que puso fin a la guerra entre los dos países.
 
Es una zona en la que prácticamente no viven civiles y que los militares de ambos bandos patrullan, cada uno en su respectiva área sin traspasar el límite fronterizo. Aunque la guerra terminó, la desconfianza y la hostilidad entre los dos países, continúa hasta hoy.
 
El pasado 24 de mayo, un grupo de 30 mujeres de todo el mundo, incluidas dos premios Nobel de Paz, Mairead Maguire y Leymah Gbowee, cruzó la Zona Desmilitarizada, para pedir el fin del conflicto entre las dos Coreas.
 
Entre este grupo de mujeres estaba una colombiana, Patricia Guerrero, Directora de la Liga de las Mujeres, quien escribió para Reconciliación Colombia detalles sobre su experiencia. Este es su relato:

Foto: Juan Carlos Sierra. Revista Semana.


Creo que soy la primera mujer colombiana que cruza la Zona Desmilitarizada entre la Corea del Norte y la del Sur.

Logramos caminar un gran trecho en la Zona Desmilitarizada de Corea del Norte en Panmunjon y el Alto Comando de la ONU nos permitió hacerlo en la zona controlada. Hicimos un acto memorable en la casa donde se firmó el armisticio.

No se trataba de hacer actos de heroísmo que nos colocaran en más riesgo. Cualquiera sabe que es la zona más militarizada del mundo, con más minas antipersona.

Creo que fue un hecho extraordinario y durante el trayecto siempre pensé en la enorme capacidad de  organización, negociación y dialogo que tenemos las mujeres.

Poner de acuerdo a tanta gente, no fue nada fácil. La diáspora de mujeres Coreanas fue fundamental. Un grupo de mujeres bajo del bus 1, en el que yo viajaba, para hacer negociaciones hasta en el último momento con el alto comando de la ONU en la zona. 

Siempre llegaban mensajes que nos desanimaban: llegaron hasta a decir que se necesitaba una Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para poder cruzar la zona. Pero lo logramos: fue un hecho histórico que nadie puede dejar de reconocer.

Sabemos que hubo críticas, pero sobre las mismas me gustaría saber si los que dicen que somos instrumento de propaganda de los comunistas del norte, no son en verdad instrumentos de desinformación de occidente. Me gustaría verlos hacer lo mismo que nosotras hicimos.

A pesar de las críticas, que son normales, todas las activistas que estábamos ahí (dos Nobeles de Paz, la directora de las Américas de Amnistía Internacional, una coronel retirada del Ejército de EE.UU. que incluso fue embajadora y que hoy es objetora de conciencia), tenemos pleno conocimiento de lo que pasa en Coreas y en nuestros países sobre las violaciones de DDHH de las mujeres en zonas militarizadas y en conflicto armado.

Pero, así mismo, solo las mujeres nos metemos en la boca del lobo, ¡de cualquier lobo!, y regresamos y le decimos al mundo entero que hay que firmar la paz: en Corea o en Colombia, o en cualquier parte del mundo.

Yo presenté la misma ponencia en Corea del Norte y en Corea del Sur, y resultó que en ambas las mujeres me felicitaron y hasta lloraron. ¿Por qué? Porque en los dos países y en cualquier país en conflicto armado las mujeres han sufrido lo mismo como consecuencia de la guerra: las ‘Mujeres de Confort’ coreanas, esclavizadas sexualmente por el ejército japonés, son prueba fehaciente de ello.

En más de 30 años de trabajo, el cruce de la Zona Desmilitarizada entre las Coreas, ha sido una de las experiencias más memorables de mi vida.